domingo. 21.06.2026

Las entrañas de Valdeorras conservan un tesoro de piedra, vino y memoria

Cientos de galerías subterráneas utilizadas durante siglos para elaborar y conservar vino siguen activas en la comarca y se han convertido en uno de los grandes tesoros ocultos de Valdeorras
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Las entrañas de Valdeorras conservan un tesoro de piedra, vino y memoria

Hay una Valdeorras que se contempla desde los viñedos y otra que permanece escondida bajo tierra. Bajo laderas aparentemente normales se extiende una red de cuevas excavadas en la roca que durante generaciones sirvieron para elaborar, conservar y compartir vino. Son las covas, uno de los patrimonios etnográficos más singulares de Galicia y una de las señas de identidad menos conocidas de la comarca. Muchas continúan activas en lugares como Seadur, Petín, Vilamartín, Arcos, Correxais u O Castro, donde el vino sigue madurando entre muros de piedra y galerías centenarias.

Nadie sabe con exactitud cuántas existen. Algunos estudios hablan de varios centenares repartidas por toda la comarca. Otras estimaciones elevan la cifra por encima del millar si se incluyen las galerías desaparecidas, cegadas o transformadas con el paso del tiempo. Lo cierto es que forman parte inseparable de la historia vitivinícola de Valdeorras y de la vida de generaciones enteras de viticultores.

El gran pueblo subterráneo de Seadur

Si existe un lugar que simboliza esta tradición es Seadur, en el municipio de Larouco.  Allí se conserva uno de los conjuntos de covas más impresionantes de Galicia. Un total de 71 galerías excavadas en una misma ladera forman una auténtica calle subterránea donde durante siglos se almacenó y elaboró vino. Quien recorre hoy la zona apenas ve puertas de piedra y pequeñas chimeneas sobresaliendo del terreno, pero bajo sus pies se extiende un entramado que forma parte de la identidad del pueblo.

Las Covas de Seadur han pasado en los últimos años de ser un elemento cotidiano del paisaje a convertirse en uno de los principales atractivos turísticos de la comarca. Cada Semana Santa miles de personas participan en la Festa das Covas, una celebración que abre al público muchos de estos espacios tradicionalmente privados.

interior de una cova en Seadur

 

Entre todas ellas destaca la Cova da Xabreira. Se trata de una de las escasas covas tradicionales de Valdeorras reconvertidas en restaurante. Mantiene intacta la esencia de las antiguas bodegas subterráneas y permite sentarse a comer rodeado de piedra, barricas y siglos de historia. La experiencia resume perfectamente la transformación que están viviendo muchas de estas construcciones: de espacios exclusivamente agrícolas a lugares donde se mezclan patrimonio, gastronomía y turismo.

La cueva donde también suena la música

En A Rúa, concretamente en la zona de As Pinguelas, otra cova ha encontrado una nueva vida. La propiedad de Joaquín Rebolledo ha convertido su galería restaurada en un singular escenario para conciertos durante el verano. El frescor constante de la cueva y las características acústicas de la piedra crean un ambiente difícil de encontrar en cualquier otro lugar de Galicia. Lo que durante décadas fue un espacio destinado al vino se ha transformado también en un pequeño auditorio subterráneo donde cultura y tradición conviven bajo tierra.

Pero las covas no siempre se descubren por sus puertas. En muchos casos lo primero que llama la atención son las chimeneas de ventilación que emergen entre las viñas. Una de las más curiosas se encuentra en A Rúa, donde el respiradero de una antigua cova aparece en medio de un viñedo, recordando al visitante que bajo la superficie existe otro paisaje invisible. Estas chimeneas permitían regular la temperatura y la humedad interior, factores esenciales para la conservación del vino.

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Otro de los misterios es su origen ya que, aunque la mayoría de las covas actuales alcanzaron su desarrollo durante el siglo XIX, su origen continúa rodeado de incógnitas. Los investigadores consideran que algunas pudieron aprovechar cavidades o estructuras anteriores. La falta de documentación histórica dificulta establecer una fecha concreta para su construcción. Uno de los documentos más antiguos conocidos relacionados con estas galerías aparece en Vilamartín de Valdeorras y data de 1893. En él ya se recoge una transmisión de propiedades vinculadas a covas, prueba de que formaban parte activa de la economía local a finales del siglo XIX.

Algunos historiadores relacionan además el crecimiento de estas construcciones con la llegada del ferrocarril y el auge comercial que experimentó la comarca en aquella época.

Vilamartín y las montañas horadadas por el vino

Vilamartín de Valdeorras, junto con núcleos como Arcos o Correxais, conserva otro de los grandes conjuntos históricos de covas de la comarca.  Las laderas aparecen perforadas por galerías cuyos respiraderos de piedra sobresalen entre caminos y viñedos. En muchos casos las cuevas continúan perteneciendo a las mismas familias que las utilizaron durante generaciones. Cada primer sábado de agosto, la localidad celebra una de las fiestas más vinculadas a este patrimonio, convirtiendo las covas en protagonistas de una jornada que reúne tradición vitivinícola y convivencia vecinal.

La historia de estas galerías está íntimamente ligada a la del propio vino de Valdeorras.A finales del siglo XIX la filoxera arrasó buena parte de los viñedos europeos y también golpeó con fuerza a la comarca. Muchas explotaciones desaparecieron y otras tuvieron que reinventarse para sobrevivir. Las covas resistieron. Algunas quedaron temporalmente sin uso, pero otras continuaron siendo espacios fundamentales para conservar vino y mantener viva la actividad vitivinícola. Décadas después, cuando variedades tradicionales como la godello estuvieron cerca de desaparecer, aquellas mismas cuevas siguieron formando parte del paisaje. La recuperación del viñedo valdeorrés durante la segunda mitad del siglo XX devolvió protagonismo a muchas de estas construcciones.

La revalorización del godello y el crecimiento de la Denominación de Origen permitieron que las covas dejaran de verse como simples bodegas antiguas para convertirse en un elemento patrimonial de enorme valor. Hoy algunas siguen guardando vino. Otras albergan comidas familiares, conciertos o actividades turísticas. Y muchas permanecen exactamente igual que hace un siglo, protegidas por la oscuridad, la humedad y el silencio.Porque mientras el vino de Valdeorras viaja cada vez más lejos, una parte esencial de su historia continúa escondida bajo tierra. Entre galerías excavadas en la roca, barricas centenarias y puertas que siguen abriéndose generación tras generación.

Las entrañas de Valdeorras conservan un tesoro de piedra, vino y memoria