domingo. 06.09.2026

Cinco viñedos para beberse el paisaje de Valdeorras

Entre Viñas, actividad organizada por la Ruta del Vino de Valdeorras, reunió este sábado a catorce participantes en un recorrido por cinco enclaves de la comarca para descubrir sobre el terreno cuánto importan el suelo, la orientación o la altitud antes de que el vino llegue a la copa
 

Para entender por qué dos godellos de Valdeorras pueden no parecerse entre sí, quizá haya que dejar durante unas horas la copa a un lado y empezar por mirar al suelo. Caminar entre cepas, comprobar hacia dónde mira una ladera, observar dónde aprieta más el sol o cómo cambia el terreno apenas unos kilómetros más allá. Y después sí, probar el vino.

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Esa es, en esencia, la propuesta de Entre Viñas, la experiencia organizada por la Ruta do Viño de Valdeorras que este sábado reunió a catorce participantes en un recorrido de unas ocho horas por cinco viñedos de la comarca. Hubo caminos, bodegas, vendimia, gastronomía y muchas copas, en una jornada en la que el intenso calor acompañó también buena parte de los trayectos a pie.

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El encargado de poner palabras a lo que se iba viendo fue Jorge Mazaira, director técnico de la D.O. Valdeorras, acompañado por Cristina Núñez, gerente de la Ruta do Viño. Suelo, orientación, altitud, maduración… Cada parada permitía entender sobre el terreno por qué unos pocos kilómetros pueden acabar dejando huellas distintas en una copa.

La primera fue Adega Casal, en Rubiá. Después de caminar entre viñas, la recompensa estaba arriba: Rubiá a los pies, la Serra da Enciña da Lastra recortándose al fondo y Casal Novo en las copas para empezar a poner sabor al paisaje.

El recorrido continuó por los viñedos de Virgen del Galir, con otra caminata bajo un sol ya considerable y Regueirón 2023 en la copa, antes de alcanzar las alturas de Entoma (O Barco de Valdeorras). Allí, Roandi ofrecía una estampa completamente diferente: viñas sobre las laderas y una pequeña capilla convertida por un rato en improvisada sala de cata, esta vez con Domus. Después, ya en la bodega y en plena vendimia, hubo ocasión de probar el vino en dos momentos de su nacimiento, desde el mosto recién obtenido hasta un godello que había comenzado a fermentar.

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A la hora de comer, A Ponte Vella, en Sobradelo (Carballeda de Valdeorras), puso mesa a lo aprendido durante la mañana. El almuerzo permitió volver sobre algunos de los vinos ya probados, incorporar nuevas referencias y descorchar alguna pequeña joya, como un Pago de los Capellanes Godello de 2015.

Quedaban todavía dos paisajes. Quinta da Peza, en A Rúa, permitió asomarse al pulso de una bodega en plena vendimia, seguir la evolución del mosto y probar Bico do Lugar. En Sampayolo, en Petín, la imagen era otra: la garnacha tintorera seguía cargando las cepas cuando el godello ya había sido recogido. Probar allí mismo la uva y encontrar después esa variedad convertida en Sampayolo Garnacha Tintorera cerraba casi literalmente el círculo.

Entre los catorce participantes, llegados en buena medida desde distintos puntos de España, había una amplia representación de Mujeres que Catan, asociación de ámbito estatal. Una procedencia diversa que refleja también otra dimensión de Entre Viñas: hacer del vino una puerta de entrada a Valdeorras, capaz de atraer visitantes y llevarlos por sus pueblos, sus laderas y sus viñedos.

Después de ocho horas y cinco parcelas que demostraron cuánto puede cambiar el paisaje en apenas unos kilómetros, quedaba bastante más que una sucesión de catas. Entre Viñas propone recorrer el camino en sentido contrario al habitual: empezar por el paisaje para terminar entendiendo lo que hay dentro de la botella.

Cinco viñedos para beberse el paisaje de Valdeorras