Marta Cotado es una valdeorresa que decidió salir al mundo sin dejar atrás sus raíces. En 1999, una beca Erasmus la llevó a Ginebra con la idea de pasar apenas tres meses. «Supongo que el entorno y todo lo que había allí hizo que me quedara», reconoce. Hoy vive en Suiza, aunque se define con una sonrisa como «un cuarto de allí y tres cuartos de aquí».
Bióloga de formación, Marta realizó sus estudios en Santiago de Compostela, donde también inició su carrera investigadora. Su primer trabajo en la universidad suiza estuvo muy ligado a su tierra. En su maleta llevó injertos de godello y mencía, variedades emblemáticas de Valdeorras, que plantó en el invernadero del laboratorio para investigar enfermedades de la viña. El proyecto lo desarrolló junto a un compañero también natural de O Barco, aportando ambos «un pequeño granito de arena» al conocimiento científico.
«Yo un poco inoculaba las pobres plantas con esa bacteria que las iba a matar», explica Marta. A través de microscopía electrónica pudo observar cómo las bacterias se adherían a las plantas, liberando una sustancia viscosa que facilitaba su fijación y provocaba alteraciones celulares y pequeños tumores. «No fue una conclusión final, pero sí un paso más para conocer la enfermedad», señala sobre aquel primer proyecto que unía ciencia y territorio.

Tras varios años en la universidad, Marta dio el salto a la empresa privada, donde trabaja actualmente en el ámbito del diagnóstico médico. Todos los análisis que realizan se basan en el estudio del ADN. Uno de los más habituales es la detección de trisomías a partir de una simple muestra de sangre de la mujer embarazada. «En la sangre de la madre circula ADN del feto y, a partir de ahí, se puede detectar de forma temprana si existe alguna anomalía», explica. Un trabajo con una importante repercusión médica y social, ya que estas situaciones afectan no solo a la persona diagnosticada, sino a toda la familia.
A pesar de su vida en Suiza, Marta vuelve a O Barco varias veces al año, especialmente en Navidad y verano. La familia y los amigos son lo que más echa de menos, por encima incluso del paisaje. Y cuando regresa, mantiene costumbres muy suyas, le encanta bañarse en el Cachón, incluso en invierno. De hecho, despidió el año el 28 de diciembre con un chapuzón, y no regresará a Suiza sin repetir la experiencia. Eso sí, aclara que en Ginebra también se baña en el lago… incluso en los meses más fríos.

De Suiza destaca el carácter de la gente, la multiculturalidad y, como gran amante de la naturaleza, sus montañas, que recorre con frecuencia. «Están muy bien cuidadas, por eso no hay incendios», comenta, aunque añade entre risas que la temperatura también ayuda. Me llama la atención la relación de honestidad que hay con la propiedad, «durante la vendimia se ponen las uvas en las viñas y se pueden coger, e incluso hay bodegas abiertas donde cada uno se lleva las botellas de vino y deja el dinero que considera justo».

Marta considera que la sociedad suiza está muy avanzada, aunque reconoce que en materia de derechos de las mujeres todavía quedan deberes por hacer.
Durante su paso por los micrófonos de Radio Valdeorras Onda Cero, Marta compartió no solo su trayectoria profesional, sino también su forma de entender la vida entre dos países. Una experiencia que demuestra que marcharse no siempre significa romper raíces y que, aunque la vida se construya lejos, Valdeorras sigue estando muy presente.

Con Marta Cotado se inaugura la sección “Valdeorreses polo mundo”, un espacio para conocer cómo viven quienes un día se marcharon y cómo, pese a la distancia, siguen llevando Valdeorras muy presente, no solo en la memoria, sino también en el corazón.
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