Las calantornias vuelven a O Cristo con otra cara y los mismos pies
Pasar desapercibidas nunca fue una opción para las calantornias, pero este Cristo todavía lo tienen más difícil. El rey y la reina han regresado a las calles de O Barco después de pasar por una restauración que ha transformado notablemente su imagen. Basta comparar las fotografías de unos y otros años: son las mismas figuras que conocen generaciones de barquenses, aunque esta vez cuesta no mirarlas dos veces.
El cambio sirve también para volver la mirada hacia una de las tradiciones más particulares de las fiestas. Porque gigantes existen en muchos lugares, pero en O Barco tienen hasta nombre propio: calantornias. El término es una singularidad local y no aparece recogido con este significado en los diccionarios gallegos o castellanos. Su origen no está claro, aunque su uso ha quedado estrechamente ligado a estas dos figuras y a las Festas do Cristo.
Y para que esos más de tres metros de rey y reina puedan echar a andar hace falta alguien debajo.
Desde hace unos cuatro años, bajo la reina está Víctor Santos. Tiene 29 años y llegó casi por casualidad, en un momento en el que quienes habían llevado las calantornias anteriormente ya no podían o no querían continuar y no resultaba fácil encontrar sustitutos. «Nadie quería llevarlas», recuerda. Se lo propusieron a él y a un amigo y aceptaron. Desde entonces, él se ha quedado con la reina. «Una vez que la llevas un año, siempre la llevas al siguiente».
Una toalla sobre el hombro
Desde fuera imponen bastante más de lo que pesan. Víctor reconoce que la primera vez estaba algo asustado porque no se considera especialmente alto ni fuerte, pero pronto descubrió que no hacía falta una preparación física especial. En el interior, un armazón de madera permite apoyar la estructura sobre el hombro. El cansancio llega después de muchas horas, aunque existe un pequeño truco para hacerlo más llevadero: colocar una o dos toallas para evitar que las esquinas de la madera acaben haciendo daño.
Más complicado resulta saber por dónde se va. La visibilidad es reducida y normalmente alguien camina a su lado para hacer de guía. Víctor siempre lleva la reina y asegura que desde ella se veía mejor que desde el rey antes de la restauración. El problema, además, no está únicamente a ras de suelo. A semejante altura hay que vigilar cables, señales o ramas de árboles para, como dice entre risas, «no decapitar las calantornias».
El viento también puede jugar alguna mala pasada. Recuerda un año en el que, a su paso por la avenida Manuel Quiroga, soplaba por la espalda y tuvieron problemas para mantener la estabilidad. Y después está el calor. Cuando septiembre regala una de esas jornadas de 35 grados, el interior se convierte en la parte menos amable de la tradición. «Acabas completamente deshidratado», explica.
Los niños al otro lado
Fuera ocurre justo lo contrario. Uno de los momentos que más disfruta Víctor llega cuando las calantornias atraviesan el Malecón y se encuentran con los niños. Se acercan, les hablan, intentan descubrir quién está escondido bajo las telas y ellos, pese a la rigidez que impone el armazón, todavía consiguen hacer ademán de perseguirlos. «Es muy divertido», asegura.
La pareja se completa con Adrián García y Nicolás Cova, que se turnan habitualmente para portar al rey. No siempre resulta sencillo cuadrarlo. Quienes participan en la tradición tienen sus trabajos y sus vidas fuera y que O Cristo sea festivo en O Barco no significa que también lo sea allí donde trabajan.
El propio Víctor ya no vive en la villa, pero procura organizarse para regresar. Y no parece tener demasiadas dudas sobre cuánto quiere prolongar la historia. Mientras pueda compatibilizarlo con su trabajo, seguirá metiéndose bajo la reina. «Para mí, como barquense, es un orgullo poder llevar las calantornias». De momento, considera que el relevo está garantizado.
Este año el rey y la reina tienen otra cara. Los colores, las vestimentas y su aspecto han cambiado después de la restauración. Los pies que consiguen que sigan caminando por O Barco son los mismos.