El problema no está solo en el papel, tiene nombres, turnos sin cubrir y negocios que se resienten. El absentismo laboral y la falta de mano de obra han dejado de ser una preocupación lejana para convertirse en una realidad diaria en muchas empresas donde cada ausencia cuenta y cada vacante sin cubrir pesa.
Los datos ayudan a entender la magnitud. En España, el absentismo ya alcanza el 7,1% y afecta a cerca de 1,6 millones de trabajadores cada día. En Galicia, la situación es aún más acusada: unas 98.000 personas faltan diariamente a su puesto de trabajo, con un impacto económico que ronda los 1.800 millones de euros. En la provincia de Ourense, la tasa se eleva hasta el 8,6%.
«Los datos son demoledores», resume Carlos Terán, presidente de la Asociación Empresarial de Valdeorras (AEVA), tras participar en el Observatorio sobre Capital Humano celebrado en Ourense. Un encuentro que, según explica, no solo sirvió para poner cifras al problema, sino para entender su impacto real en el tejido empresarial.
Es en el dia a día de los negocios que funcionan al límite donde se ve realmente el impacto. «Somos 11 trabajadores. Si me faltan dos o tres personas, me deja destrozado», reconoce, trasladando esta situación al caso real de su empresa.
La dificultad no está solo en la baja, sino en la imposibilidad de encontrar un sutituto. «Para que una persona empiece a desenvolverse sola necesito tres meses», explica. Un margen que muchas empresas no tienen. Mientras tanto, la carga recae sobre el resto del equipo, con un impacto directo en el servicio, la calidad y, en algunos casos, en la capacidad de asumir nuevos trabajos.
Aunque las bajas prolongadas preocupan —en Galicia se sitúan en torno a los tres meses de duración media—, Terán pone el foco en otro fenómeno menos visible, pero constante: el goteo diario. «Ese chorreo de faltas por consultas médicas o acompañamientos o cualquier otro tipo de gestión que también afecta mucho», señala.
En un contexto de población envejecida y plantillas que también envejecen, estas ausencias se multiplican. Y no siempre pueden posponerse. «Si aplazas una consulta, igual te la dan para dentro de dos o tres meses», apunta.
A esto se suma un cambio de fondo que sorprendió incluso a los propios empresarios: el peso creciente de la salud mental, especialmente entre los menores de 35 años. «No había caído en eso. Siempre lo asociabas a gente más mayor, pero ahora está pasando en gente joven y es preocupante», admite.
Empresas que hacen de todo: de gestores a “coach”
El escenario obliga a las empresas a asumir roles que van mucho más allá de la gestión del negocio. «Tienes que ser gestor, experto en tu sector, y también hacer de coach», resume.
El clima laboral se convierte así en una pieza clave. «Hay que gestionar a las personas individualmente y como grupo, para que el entorno sea saludable», explica. No siempre es sencillo. «No todos estamos preparados para dar esas palabras en el momento adecuado», reconoce, abriendo la puerta a nuevos perfiles profesionales que ayuden a las empresas a gestionar estas situaciones.
El otro gran reto es encontrar mano de obra. Una paradoja que se repite: hay paro –1.036 personas según los últimos datos–, pero también carteles de “se busca personal”. Hay sectores enteros que no logran cubrir las vacantes.
Para Terán, las causas son múltiples. Desde el desajuste entre formación y necesidades reales hasta la falta de atractivo de determinados sectores. «Tenemos que hacer autocrítica. Hay que abrir las puertas de las empresas y enseñar lo que se hace», defiende.
También influyen factores estructurales, especialmente en zonas rurales: «Si no hay vivienda o transporte, la gente no puede venir». A ello se suma la falta de relevo generacional y una apuesta histórica por la universidad frente a la formación profesional. «Se demonizó la FP y ahora lo estamos pagando», reconoce.
Mirar fuera… y retener dentro
Entre las posibles soluciones, se plantea la llegada de trabajadores extranjeros, una vía que considera necesaria, aunque no suficiente. «Igual que nosotros emigramos, ahora tenemos que traer gente preparada», apunta.
Pero insiste en que el reto también está dentro: evitar que el talento joven se marche… o que no vuelva. «Hay gente que se va y no regresa, o vuelve en otras condiciones», lamenta.
Pese a las dificultades, Terán lanza un mensaje que resume su visión empresarial: «La parte fundamental de una empresa es el trabajador. Primero tiene que cobrar él; después ya cobrará el empresario». Un planteamiento que sigue muy presente en las pequeñas y medianas empresas, donde cada ausencia se nota más y donde el equilibrio es cada vez más delicado.
El diagnóstico está claro. Las cifras lo confirman y las empresas lo viven cada día. Ahora, el reto es convertir ese análisis en soluciones reales.


