Con una densidad de apenas quince habitantes por kilómetro cuadrado y una población total de 36.948 personas, Valdeorras se sitúa justo por detrás de la Montaña Lucense en el ranking de despoblación gallega, según los datos del portal GeoComarcas.
Entre 2001 y 2025, Valdeorras ha experimentado un descenso poblacional del 20,9%, reflejo de la emigración hacia las grandes ciudades y de la baja tasa de natalidad. Bien es cierto que el portal amplía la comarca a zonas aledañas donde la situación es especialmente preocupante en municipios como Chandrexa de Queixa, y San Xoán de Río, que han visto cómo su población se reducía entre un 42% y un 45% en este período. Incluso localidades más pobladas como O Barco de Valdeorras, con más de trece mil habitantes, muestran signos de estancamiento demográfico, confirmando que la despoblación no es solo un problema de los pueblos pequeños, sino de toda la comarca.
El desafío del envejecimiento
El envejecimiento poblacional agrava aún más la situación. La edad media en O Barco se sitúa en torno a los 52 años, mientras que en municipios como Chandrexa de Queixa supera los 60 años. Este perfil demográfico genera importantes retos para los servicios sociales, la sanidad y la sostenibilidad de la vida rural, dificultando la continuidad de comunidades que durante siglos han mantenido su actividad en estos territorios.
La despoblación en Valdeorras responde a factores estructurales como la emigración juvenil en busca de oportunidades laborales y educativas fuera de la comarca, la baja natalidad y la dependencia de sectores económicos tradicionales como la agricultura y la minería, que ofrecen menos empleo estable. Expertos en desarrollo rural coinciden en que el futuro de Valdeorras pasa por diversificar la economía, potenciar el turismo sostenible y mejorar infraestructuras y servicios que atraigan y retengan población, especialmente a las generaciones más jóvenes.
A pesar de estos desafíos, Valdeorras conserva activos estratégicos que pueden convertirse en palancas de desarrollo. Sus paisajes naturales, con los montes del Macizo Central y los ríos Sil y Bibei, junto con su reputación vitivinícola gracias a los vinos Godello y Mencía, ofrecen oportunidades para proyectos de turismo rural y actividades económicas sostenibles. Reconocer la importancia de estos recursos y combinarlos con políticas de repoblación y modernización es esencial para garantizar la sostenibilidad social, económica y ambiental de la comarca en las próximas décadas.
