sábado. 25.07.2026

David Rodríguez: «Nadie compra un reloj porque sí»

El prestigioso relojero nacido en A Rúa y al frente de uno de los establecimientos de referencia en alta relojería de A Coruña, alcanzó repercusión nacional tras vender a Borja Iglesias el reloj con el que levantó la Copa del Mundo. Después de más de dos décadas atendiendo a clientes, está convencido de que detrás de cada reloj hay una historia mucho más importante que la pieza en sí
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Fotografía cedida por David Rodríguez, Relojería Nemesio

Cuando Borja Iglesias levantó la Copa del Mundo, millones de personas vieron a un campeón celebrando un título. David Rodríguez –Neme– reparó en un detalle distinto. En la muñeca del futbolista viajaba un reloj que había buscado durante meses y que, más allá de su valor o de la repercusión alcanzada después de la final, representaba exactamente a la persona que iba a llevarlo. Ese matiz resume bastante bien quién es David.

Con 41 años, el relojero valdeorrés ha convertido su establecimiento de A Coruña, Relojería Nemesio, en un referente de la alta relojería. Trabaja con piezas difíciles de encontrar y clientes de toda España. Sin embargo, basta escucharlo unos minutos para comprobar que habla mucho menos de relojes que de quienes los llevan.

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Imagen de Relojería Nemesio

«No te compras un reloj porque sí», afirma. Y, a partir de esa frase, la conversación deja de girar alrededor de las marcas, los calibres o los precios para hablar de graduaciones, bodas, nacimientos, aniversarios y abuelos. Porque, según explica, casi siempre existe un motivo por el que una persona decide regalarse un reloj o regalárselo a alguien. 

Ese vínculo con la memoria lo aprendió siendo un niño, en la relojería de su abuelo y en la joyería que hoy sigue atendiendo su madre en A Rúa. Todavía hay clientes que entran por la puerta con un reloj sencillo entre las manos y le cuentan que fue un regalo de su abuelo cuando eran pequeños. Puede tratarse de una pieza sin apenas valor económico. Para quien la lleva, sin embargo, se ha convertido en el recuerdo más tangible de alguien que ya no está. «Cada vez que se lo pone se sigue acordando de él», relata. 

Quizá por eso le cuesta entender que la alta relojería haya acabado convirtiéndose en un mercado donde muchas piezas se compran para esperar una revalorización. No cuestiona el valor económico de un buen reloj. Lo que lamenta es que, en demasiadas ocasiones, ese haya pasado a ser el único motivo de compra. Para él, «la verdadera inversión es comprar algo que te guste y poder disfrutarlo», resume. 

Su manera de entender este oficio también explica la satisfacción con la que habla del reloj de Borja Iglesias. No era el más caro ni el más exclusivo de cuantos han pasado por sus manos. Era, simplemente, el que mejor encajaba con él. Incluso aunque muchos lo definieran como un reloj femenino. David ve precisamente ahí el mayor acierto. «Me compro este reloj porque me gusta y punto», dice al defender una idea que no tiene que ver ni con modas ni con la estética: elegir aquello con lo que uno se identifica, sin vivir pendiente de la aprobación de los demás. 

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Imagen de Relojería Nemesio

No es una reflexión aislada. A lo largo de la conversación insiste varias veces en la importancia de tener criterio propio, de no intentar parecerse a nadie y de elegir aquello que realmente representa a cada persona. En un momento en el que las redes sociales y los referentes parecen marcar qué debemos vestir, comprar o llevar, David reivindica justo lo contrario: mirarse primero a uno mismo.

Esa misma filosofía aparece también cuando habla de sus clientes favoritos. No menciona a los más conocidos ni a quienes pueden comprar cualquier pieza sin esfuerzo. Prefiere acordarse de quienes han ahorrado durante años para celebrar un momento importante. Quizá, reconoce, porque él mismo aprendió de sus padres que las cosas valiosas casi siempre exigen trabajo. «Me siento representado cada vez que viene una persona que se ha esforzado para tener algo que le hacía ilusión», explica. 

Y, sin embargo, tampoco idealiza los objetos. Concede a los relojes un enorme valor sentimental, pero rechaza convertirlos en una atadura. Él mismo asegura que vendería mañana su reloj si lo necesitara. Los recuerdos permanecen; las cosas cambian de dueño. 

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Imagen de Relojería Nemesio

Cuando se le pregunta si el reloj de Borja Iglesias ha cambiado algo, vuelve a sorprender. Apenas dedica unos segundos al futbolista antes de hablar de su abuelo, de su madre y de la joyería de A Rúa. Recuerda que su familia lleva más de medio siglo haciendo lo mismo y que, para ellos, un cliente que busca el regalo de una comunión merece la misma atención que quien persigue una pieza excepcional. «Todos los clientes son súper especiales», afirma. 

Quizá ahí resida la verdadera dimensión de David Rodríguez. El reloj con el que Borja Iglesias levantó la Copa del Mundo lo ha dado a conocer a miles de personas. Pero su forma de entender este oficio empezó mucho antes, al otro lado del mostrador de una pequeña joyería de A Rúa, donde aprendió que el valor de un reloj casi nunca está en lo que cuesta, sino en la historia que alguien decide llevar en la muñeca.

Puedes escuchar aquí la entrevista completa:

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David Rodríguez: «Nadie compra un reloj porque sí»