Hay despedidas que necesitan grandes discursos y otras que caben en unas pocas palabras. José Vicente puso este lunes punto final a 43 años de trayectoria en la Corporación municipal de A Rúa de la segunda manera. Terminó su intervención, se levantó del asiento que durante tantos años ocupó como concejal y pasó al otro lado del salón de plenos. Allí le esperaban su mujer, amigos y vecinos. Por primera vez ya no estaba entre los miembros de la Corporación, sino entre el público.
La imagen terminó de cobrar sentido a la mañana siguiente, cuando él mismo describía a Somos Comarca cómo había vivido aquellas últimas horas: «Cuando subí por última vez las escaleras como concejal, luego ya las bajé como vecino». Una frase sencilla para cerrar una etapa extraordinariamente larga de vinculación con la política municipal de A Rúa y comenzar otra que, asegura, será definitiva.
José Vicente, representante de R.U.A. —Rueses Unidos Adiante—, había tomado hacía meses una decisión que primero comunicó a la alcaldesa, María González Albert. No había detrás una crisis política ni un problema de salud, sino cansancio y, sobre todo, la necesidad de recuperar una parte de su vida que durante décadas había estado inevitablemente condicionada por la responsabilidad pública.
«Sorte, acerto e que viva A Rúa»
Su despedida en el pleno fue breve. No quiso convertirla en un repaso exhaustivo a décadas de política municipal ni detenerse en cuentas pendientes. Prefirió agradecer y pedir disculpas.
«Para min só queda a honra e a satisfacción», comenzó antes de reconocer también los errores cometidos durante el camino y mostrar su agradecimiento a quienes lo acompañaron en las diferentes listas y proyectos políticos.
Hubo nombres y experiencias que quedaron fuera porque, como él mismo vino a reconocer, no había tiempo para citar a todas las personas a las que siente que debe algo. Y terminó con una frase que resumió el sentido de toda su intervención y que situó al municipio por encima de cualquier diferencia política: «Sorte, acerto e que viva A Rúa, que é o que nos importa a todos».
Después llegaron las palabras de sus compañeros de Corporación. No todos compartieron durante estos años las mismas ideas ni ocuparon siempre el mismo lado del salón de plenos, pero la despedida dejó patente una relación personal construida por encima de esas diferencias.
La alcaldesa recordaba este martes que fue un momento especialmente emotivo. «Foi bonito, unhas palabras de agradecemento... case choramos. Foi unha cousa moi bonita», explicaba María González Albert, que destacaba además el entendimiento mantenido con Vicente durante un mandato que define como particularmente complicado.
43 años y diferentes lados de la Corporación
La política municipal ha colocado a José Vicente en situaciones muy distintas a lo largo de su trayectoria. Ha conocido la oposición y también la responsabilidad de formar parte de un gobierno. En este mandato, R.U.A. ha compartido responsabilidades con el equipo encabezado por María González Albert, en una relación que la propia alcaldesa calificaba como de buen entendimiento pese a las dificultades de estos años.
Precisamente ese clima estuvo también presente en la despedida. Las intervenciones reconocieron que las discrepancias políticas no habían impedido mantener una relación personal y una capacidad de diálogo que, en ocasiones, resulta mucho más difícil de conservar cuando se comparten responsabilidades públicas.
José Vicente quiso marcharse así, sin abrir nuevas polémicas ni convertir su último pleno en un balance de agravios. Incluso desde el Partido Popular se optó por una despedida contenida, entendiendo que mucho de lo que había que decir se había dicho ya durante años de debates y sesiones plenarias.
Y cuando terminó el punto referido a su renuncia, José Vicente dejó físicamente el espacio de los concejales y se sentó entre quienes habían acudido a acompañarlo. Su mujer estaba allí. También amigos y personas que quisieron presenciar una despedida que, para A Rúa, supone el final de una larguísima etapa política.
Faltó, sin embargo, una presencia especialmente significativa, la de Fernando Rodríguez, su eterno número dos y compañero de partido durante tantos años, que no pudo asistir por motivos de salud. Fernando ha estado al lado de José Vicente en buena parte de su trayectoria política, siempre que este lo requirió, compartiendo con él responsabilidades, campañas, decisiones y también muchas de las etapas vividas dentro de R.U.A. Su ausencia fue, por tanto, una de las más sentidas en una despedida cargada de recuerdos.
Vicente dejó su asiento rodeado de muchos de los suyos, aunque con una ausencia que pesaba especialmente, la de Fernando Rodríguez, su compañero de tantas batallas políticas y personales. Porque después de 43 años, una despedida así no se mide solo por quién está, sino también por quienes, aunque no pudieron acudir, forman parte inseparable de la historia que se cierra.
«Mis hijos no me han conocido como padre sin ser político»
Si en el pleno habló el concejal, este martes habló sobre todo la persona. José Vicente tiene 70 años y reconoce que una de las razones principales para marcharse está en casa. «Tengo dos hijos que no me han conocido como padre sin ser político, y mi mujer tampoco», explica.
No se va enfadado. Tampoco por una ruptura dentro del gobierno municipal. Al contrario, asegura estar «muy contento personalmente» y considera que eligió un buen momento, sin generar problemas para el funcionamiento del Concello. Agradece especialmente que María González Albert entendiese desde el primer momento por qué necesitaba dar este paso.
Lo que sí reconoce es un importante desgaste. «Me agoté psíquicamente», señala. Porque, explica, una cosa es colaborar y otra muy distinta cargar diariamente con la responsabilidad de gestionar.
Durante este mandato estuvo especialmente vinculado a ámbitos como la cultura, el cine y la organización de actividades, un trabajo que desde fuera puede parecer puntual pero que, según relata, supone llamadas continuas, negociación con artistas y representantes, búsqueda de fechas, presupuestos y soluciones para sacar cada programación adelante. «Esto ata mucho», resume.
El peso de la responsabilidad
Hay ejemplos que explican mejor ese desgaste que cualquier definición. José Vicente recuerda la preparación de actividades en las que pasó horas comprobando datos, fechas y circunstancias para que todo saliese correctamente. No era suficiente con que el evento funcionase, existía detrás una preocupación constante por anticiparse a cualquier problema.
Ese nivel de responsabilidad terminó pesando. Ahora quiere seguir ayudando cuando se lo pidan y cuando pueda hacerlo, pero desde otro lugar. «Puedo ser colaborador hasta donde pueda y si se me pide, pero no puedo ya llevar el peso», resume.
Por eso habla de alivio. Había comunicado su intención antes del verano y esperaba únicamente que no surgiese ningún acontecimiento extraordinario que hiciese aconsejable retrasar la marcha. Una vez superados esos meses, mantuvo la decisión.
Y hay también una cuestión de tiempo. «Tengo 70 años», recuerda. Mira hacia la próxima década con una idea muy sencilla: mientras pueda viajar, caminar, moverse y disfrutar de otras cosas, quiere hacerlo. «Hay que aprovechar ahora esto».
Una renuncia que esta vez sí es definitiva
No es la primera vez que José Vicente deja de formar parte de la Corporación, pero sí asegura que es la primera que lo hace por decisión exclusivamente personal.
En otra etapa tuvo que renunciar por una incompatibilidad legal relacionada con su responsabilidad al frente del Consejo Regulador y regresó después a la política municipal cuando las circunstancias se lo permitieron. Esta vez es diferente. «Esta es la definitiva», afirma.
Lo dice con humor cuando bromea con que solo aceptaría volver si alguien decidiese nombrarlo «virrey de la India» o embajador sin poderes para dar la vuelta al mundo, pero inmediatamente despeja cualquier duda: no habrá nueva candidatura, ni regreso bajo otras siglas, ni fichaje político.
Su vínculo siempre fue esencialmente municipal y considera que ese ciclo ya se ha cumplido.
Una reflexión sobre la política de los pequeños concellos
La despedida le deja también una preocupación. Después de cuatro décadas dentro de la administración local, José Vicente cree que cada vez será más difícil encontrar personas dispuestas a formar parte de candidaturas municipales, especialmente en los concellos pequeños.
Habla del coste personal, económico y familiar de dedicarse a la política local, pero también de una burocracia que considera excesiva para administraciones de escasa población. Expedientes que se prolongan durante años, procedimientos complejos y una capacidad económica limitada terminan, asegura, generando frustración tanto en los representantes municipales como en los propios vecinos.
Su reflexión es que los ayuntamientos de menos de 5.000 habitantes deberían disponer de una estructura administrativa adaptada a su realidad. De lo contrario, advierte, llegará un momento en el que resulte todavía más complicado encontrar candidatos dispuestos a asumir esas responsabilidades.
Es quizá la última advertencia política de alguien que, al menos por ahora, quiere comenzar a hablar de los asuntos municipales desde fuera.
Ana Isabel Ares, siguiente en la lista de R.U.A.
La renuncia abre ahora el procedimiento para cubrir el puesto vacante. Ana Belares, siguiente integrante de la candidatura de R.U.A., será previsiblemente quien recoja el acta una vez que la Junta Electoral emita la correspondiente credencial tras recibir la certificación de la renuncia.
Según explicó María González Albert, la previsión es que pueda incorporarse en el pleno ordinario de noviembre, salvo que antes se convoque alguna sesión extraordinaria que permita completar el procedimiento. Será entonces cuando otro nombre ocupe el asiento que José Vicente dejó este lunes.
Él, mientras tanto, ya ha cambiado de lugar. Literalmente. Subió por última vez las escaleras del Concello como concejal y las bajó como vecino. Arriba quedaron 43 años de debates, acuerdos, discrepancias, proyectos y responsabilidades. Abajo le esperan su mujer, sus hijos, el tiempo que durante décadas perteneció en buena medida a la política y una A Rúa a la que asegura que seguirá dispuesto a ayudar, solo que ahora desde fuera.
Porque si algo quiso dejar claro en sus últimas palabras como concejal fue precisamente eso: las siglas cambian, los puestos terminan y las etapas se cierran. Pero, al final, «que viva A Rúa, que é o que nos importa a todos».


