jueves 21/10/21
O Barco

Fieles a San Francisco Blanco a pesar de la lluvia

Después de varios días primaverales, como queriendo poner a prueba la devoción al santo, la mañana del primer sábado del mes de febrero se despertaba fría y lluviosa, anunciando las primeras nevadas copiosas del año. Aún así, los fieles a San Francisco Blanco no faltaron a la cita. Había quien, llegando las 12:00 horas, se preguntaba si la procesión saldría por las calles de Outarelo. Algo que finalmente, a pesar del empeño de los fieles, no se llegaba a producir.

Y allí estaban, los vecinos, los miembros de las cofradías, los visitantes de otras partes de la comarca, y del resto de Galicia, incluso de fuera de la comunidad, esperando la oportunidad de verle y besar su calavera, para remediar los males de cabeza. O para pasar por debajo de sus arcas hasta tres veces, como manda una tradición más cercana en el tiempo, si quieres pedir un favor al santo.

La celebración de la romería del San Francisco Blanco, que se remonta a finales del siglo XVI, conmemora el aniversario del martirio, sufrido en las lejanas tierras niponas un 5 de febrero de 1596. La iglesia de Outarelo, mandada construir por el valdeorrés más ilustre D. Andrés de Prada y Gómez de Santalla, y levantada de nuevo en 1920 por el entonces regidor banquense D. Alfonso Flórez de Losada y Suárez de Deza, volvía a llenarse de gente un año más. Aquellos que veneran a un santo que, a pesar de haber nacido en A Gudiña, los valdeorreses consideran paisano.

Hace no tantos años, los campos cercanos a la capilla donde se venera al santo, se poblaban de familias enteras que se reunían para comer. Hoy en día, tras la misa mayor, los asistentes degustan pulpo á feira acompañado de vino de la tierra y de gaiteiros que amenizan la jornada. Y si llueve, como hoy, se refugian en una pequeña bodega, levantada entre los vecinos, con materiales cedidos, donados, encontrados, que resguardan del frío a los fieles que continúan la tradición año tras año.

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