La tierra volvió a hablar en O Castelo de Valencia do Sil. Y esta vez lo hizo a través de unos restos diminutos, apenas un fragmento de cráneo y un fémur, que han permitido identificar a un individuo infantil que vivió hace siglos en este enclave de Vilamartín de Valdeorras. Un descubrimiento que, lejos de ser una mera curiosidad arqueológica, abre nuevas preguntas sobre las personas que habitaron la comarca en los últimos tiempos del Imperio romano.
La campaña arqueológica desarrollada este año en el yacimiento, financiada por el Concello de Vilamartín de Valdeorras, ya había confirmado una vez más el enorme potencial de un asentamiento que sigue sorprendiendo a los investigadores. Nuevas estancias habitacionales, abundantes materiales cerámicos, cuchillos, anillos de bronce y otros objetos de uso cotidiano han permitido reconstruir con mayor precisión cómo era la vida en este poblado entre los siglos IV y V después de Cristo.
Sin embargo, uno de los hallazgos más relevantes no apareció durante la excavación propiamente dicha, sino en el laboratorio. Fue allí donde los especialistas identificaron varios restos óseos pertenecientes a un individuo infantil. Según explicó la investigadora de la Universidade de Santiago de Compostela Celtia Rodríguez, el hallazgo corresponde a un neonato localizado en niveles asociados a las estructuras ocupadas durante la Antigüedad tardía.
Las primeras hipótesis apuntan a que los restos podrían estar relacionados con una de las fases iniciales de ocupación del yacimiento. La estratigrafía —la lectura de las distintas capas arqueológicas— parece indicar que podrían pertenecer a momentos anteriores a la gran ocupación documentada entre los siglos IV y V. De confirmarse esta teoría mediante futuras dataciones, el hallazgo adquiriría una relevancia extraordinaria.
Carlos Tejerizo, codirector de los trabajos, apunta incluso a una posibilidad especialmente sugerente: que se trate del primer cuerpo identificado de un gigurro en Valdeorras. Una hipótesis que todavía deberá ser confirmada por nuevos estudios, pero que sitúa el descubrimiento entre los más relevantes realizados hasta ahora en el yacimiento.
El estudio bioantropológico preliminar, realizado por la especialista Laura González-Garrido, indica que los restos corresponden a un único individuo perinatal, con una edad estimada de entre 36 y 38 semanas de gestación. Es decir, un feto prácticamente a término cuyo sexo no ha podido determinarse por el momento. Los investigadores continúan analizando las lesiones detectadas en los huesos para intentar conocer mejor las circunstancias de su muerte.
Más allá de los datos científicos, el descubrimiento permite acercarse a aspectos muy poco conocidos de las comunidades que vivieron en el noroeste peninsular durante la época romana. La presencia de individuos perinatales en espacios domésticos ha sido documentada en otros yacimientos, aunque sigue siendo una realidad poco estudiada. Estos hallazgos ayudan a comprender cuestiones relacionadas con la maternidad, los cuidados, la infancia y los rituales familiares de aquellas sociedades.
Pero O Castelo sigue contando muchas más historias. La campaña de este año ha permitido recuperar recipientes cerámicos completos o casi completos y numerosos objetos cotidianos que hablan de una comunidad dinámica y activa. Unas evidencias que, según destaca Celtia Rodríguez, ayudan a desmontar la imagen tradicional de un final del Imperio romano marcado únicamente por la crisis y el declive.
«Pensamos que es un momento de ocaso y de crisis, pero lo que estamos viendo es que no, que la gente de Valdeorras en aquella época supo remontar esa gran crisis y seguir adelante», explicó la investigadora durante una entrevista en Onda Cero Valdeorras.
La excavación también ha servido para acercar el patrimonio a la población. Durante las últimas semanas, el yacimiento recibió la visita de investigadores, vecinos y grupos escolares de O Barco y Vilamartín. Una experiencia que, según Rodríguez, suele despertar el asombro de los más pequeños cuando descubren que tienen delante objetos utilizados por sus antepasados hace más de 1.500 años.
Aunque los trabajos de campo ya han concluido, el proyecto continúa. Los próximos meses estarán dedicados al estudio de materiales, muestras y registros arqueológicos. Y los investigadores no descartan nuevas sorpresas. «Siempre en laboratorio se encuentran sorpresas», reconoce Rodríguez. De hecho, este hallazgo infantil apareció precisamente durante esa fase de análisis posterior a la excavación. Por eso el equipo seguirá examinando cada pieza recuperada antes de presentar nuevos resultados.
Mientras tanto, O Castelo continúa revelando poco a poco los secretos de quienes habitaron Valdeorras hace siglos. A veces a través de una vasija casi intacta. Otras, mediante los restos de una vida que apenas comenzaba y que hoy, más de mil quinientos años después, vuelve a formar parte de la historia de la comarca.



