En Valdeorras Pueblo a Pueblo seguimos descubriendo rincones que guardan la esencia más auténtica de nuestra comarca. Hoy hacemos parada en Sampaio, una aldea marcada por unas vistas incomparables sobre el valle del Sil y el embalse de San Martiño.
Nos adentramos en rincones que sólo sus moradores conocen, descubrimos la riqueza natural y artística, develamos secretos de una tierra y de sus gentes.Conocemos las aldeas de la comarca de la mano de sus vecinos, que compartirán su manera de vida, tradiciones, historia… En Valdeorras Pueblo a Pueblo, hacemos parada en Sampaio, en el municipio de Petín.
Llegamos por la carretera de Barxela. Nada más tomar el desvío, un gran nogal, los viñedos y las bodegas que encontramos a nuestro paso comienzan a hablarnos del carácter de estas tierras y de la vida de sus gentes.
A medida que ascendemos por una carretera sinuosa, el paisaje se abre ante nuestros ojos. Abajo, el Sil discurre entre cantos rodados antes de ensancharse en el embalse de San Martiño, dibujando una de las imágenes más características de este lugar.
Desde aquí contemplamos sus islas, los viñedos y también las antiguas huertas, hoy muchas de ellas abandonadas, que nos recuerdan un tiempo en el que estas tierras eran un auténtico vergel trabajado prácticamente hasta el último rincón.
Unas señales nos indican que caminamos junto a un Camiño de España. Es la Vía Nova, un trazado que une Petín con Biobra, ya en el límite con el Bierzo, y que aquí discurre entre las bodegas situadas a media ladera.
Llegamos finalmente a Sampaio. La aldea se distribuye tradicionalmente en tres barrios: el de abajo, el del medio y el de arriba. Tres pequeños núcleos unidos por calles estrechas que guardan buena parte de su historia.
En el barrio de abajo se encontraba la antigua escuela. En el del medio nos espera el principal tesoro patrimonial de la aldea: la iglesia de San Paio, un sencillo templo de arquitectura religiosa rural perfectamente integrado en el paisaje.
A su lado encontramos el lavadero y la plaza, escenario cada 26 de junio de la fiesta en honor al patrón. San Paio, el joven mártir que da nombre a la localidad, abandona entonces el templo para recorrer sus calles en procesión.
Pasear por Sampaio nos permite descubrir también la arquitectura tradicional de Valdeorras. Viviendas construidas con piedra del entorno y tejados de pizarra negra se suceden entre calles que conservan la fisonomía de las antiguas aldeas de montaña.
En nuestro recorrido hacemos también parada en el horno de la Tía Pilar, un lugar que guarda una historia muy particular. Su marido, conocido como Cocofato, luchó en la Segunda Guerra Mundial y, mientras él estaba lejos, la Tía Pilar recibía cada día el periódico para seguir las noticias de la guerra y saber qué estaba ocurriendo allí donde combatía.
Como ocurre en tantos pequeños pueblos de nuestra comarca, el verano devuelve a Sampaio parte de la vida perdida. Quienes tuvieron que marcharse regresan durante las vacaciones y las casas vuelven a abrir sus puertas para el reencuentro de familias y amigos.
Y desde prácticamente cualquier rincón, el paisaje vuelve a reclamarnos la mirada. El valle, los viñedos y las aguas del Sil acompañan a una aldea privilegiada por su situación y por unas vistas difíciles de olvidar.
Y así, entre recuerdos, paisajes y testimonios, llegamos al final de nuestra visita. Dejamos atrás las voces de sus gentes, los caminos entre viñedos, las impresionantes vistas sobre el valle, el murmullo del arroyo de A Bioca… Nos llevamos recuerdos y hospitalidad, el calor de un pueblo que sabe mantener viva su historia.
Gracias a Rosa ,(la maestra), Niní, Jose, Nando y José Luis por abrirnos sus puertas y compartir con nosotros sus recuerdos. Nos vemos en la próxima parada de Valdeorras Pueblo a Pueblo.
