O Bolo vuelve a los irmandiños para conocer la historia que guarda su castillo

O Bolo vuelve a los irmandiños para conocer la historia que guarda su castillo
La cuarta Feira Irmandiña recupera este viernes uno de los episodios más singulares del pasado de la comarca, con Carlos Xabier Ares como pregonero y una jornada de artesanía, productos locales y recreación histórica

Conocer la historia de cada pueblo para comprender mejor aquello que todavía permanece en él. Miguel Ángel García, alcalde de O Bolo, resume así buena parte del sentido de una Feira Irmandiña que este viernes alcanza su cuarta edición y vuelve a convertir el entorno del castillo de O Bolo en escenario de un episodio ocurrido hace varios siglos.

No se trata de una ambientación medieval escogida al azar. La cita parte de un hecho histórico poco conocido y singular en Valdeorras: el asalto de los irmandiños al castillo en el siglo XV, que provocó la destrucción de parte de la fortaleza y su posterior reconstrucción. La feria recupera ese pasado y lo enlaza con otra tradición, la de aquellas ferias en las que se vendían productos locales y elaborados artesanalmente.

Uno de los momentos centrales de la mañana ha sido el pregón de Carlos Xabier Ares Pérez, investigador, escritor y etnógrafo vianés, con raíces familiares en tierras de O Bolo. Su elección reforzaba precisamente esa voluntad de mirar al territorio y a su memoria que atraviesa esta cuarta edición.

La inauguración contó también con el subdelegado del Gobierno en Ourense, Eladio Santos, y el delegado territorial de la Xunta, Manuel Pardo, además del alcalde y otros miembros del gobierno local, así como el alcalde de O Barco, Aurentino Alonso. Santos destacó que la Feira Irmandiña «pon en valor o patrimonio, a cultura e as tradicións» y contribuye a hacer del rural ourensano un destino turístico más atractivo.

La cita forma parte, además, de los planes turísticos de O Bolo financiados con una ayuda de 180.000 euros del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, destinada a impulsar acciones de dinamización territorial y combatir la despoblación.

A lo largo de la jornada, el entorno del castillo reunirá artesanía y productos locales junto a diferentes propuestas vinculadas con el pasado medieval. Este año cambia también la fórmula para comer en la feria: desaparece la comida colectiva de anteriores ediciones y, en su lugar, se ha instalado una pulpeira, a la que se suma la oferta gastronómica de los propios puestos, de manera que cada visitante puede elegir qué comer y hacerlo sin necesidad de reservar previamente.

Entre las propuestas figura el segundo Concurso de Vestimenta de Época Medieval, una iniciativa que permite que quienes acuden a la feria dejen por unas horas de ser únicamente espectadores.

Y entre quienes participan hay uno que parece tener clara su obligación. Cuando le preguntábamos si este año también se vestiría para la ocasión, Miguel Ángel García sonreía antes de responder: «El alcalde siempre se disfraza», aunque no participa en el Concurso.

Quizá sea una anécdota, pero encaja bien con la filosofía que él mismo atribuye a la feria: acercarse a la historia de un pueblo resulta bastante más sencillo cuando, además de contarla, sus vecinos se animan a formar parte de ella.

 

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