Ricardo Marini convierte su pregón en una defensa de la acogida y de la tierra en la que volvió a echar raíces

Ricardo Marini convierte su pregón en una defensa de la acogida y de la tierra en la que volvió a echar raíces
El pediatra abrió las Festas do Cristo con un discurso marcado por la emigración, el agradecimiento y su vínculo con O Barco, en el que pidió «empatía» y «respeto» hacia quienes buscan en otras tierras una vida mejor
 

Ricardo Marini llegó a O Barco en octubre de 1989 pensando que su estancia sería provisional. Este viernes, casi cuatro décadas después, abrió las Festas do Cristo con un pregón en el que aquella condición de inmigrante ocupó buena parte del discurso y le sirvió para hablar de acogida, agradecimiento y de los vínculos construidos durante todos estos años en Valdeorras.

Lo hizo visiblemente emocionado. En varios pasajes tuvo que detener la lectura y esperar unos segundos para continuar, mientras el público respondía con aplausos. La emoción apareció especialmente al hablar de su familia, sus compañeros y los miles de niños que han pasado por sus manos como pediatra.

Marini había dejado clara su intención desde el comienzo. «La esencia de este pregón es el agradecimiento sincero y profundo a ustedes que nos han cobijado a mí y a mi familia desde el primer momento de nuestra llegada», señaló. 

Ese agradecimiento estuvo ligado durante buena parte de su intervención a la emigración. Recordó primero la de sus propios abuelos: los maternos, españoles, dejaron el país empujados por la pobreza y se establecieron en Argentina; por parte paterna, sus raíces proceden de Italia. Décadas después fue él quien emprendió el viaje en sentido contrario junto a su mujer, Vicky, y sus hijos, Rodrigo y Federico.

«Las migraciones fueron, son y serán el refugio de mucha gente, de mis abuelos, de mi propia familia y de tantas personas que buscan en otras tierras una vida mejor», afirmó. Marini recordó también a los numerosos gallegos y españoles que emigraron a Argentina y defendió los lazos históricos entre ambos países. 

La referencia no quedó limitada al pasado. Hacia el final del pregón pidió ser «empáticos» y «respetuosos» con los inmigrantes y habló de devolver lo que una tierra de acogida ofrece a quienes llegan a ella para comenzar una nueva etapa de sus vidas. 

Su propia experiencia en O Barco apareció como ejemplo de ese proceso. «Ahora, ya después de casi 40 años, en este querido pueblo, volví a echar raíces», aseguró. Marini habló del «privilegio» de contar ahora con dos lugares en el mundo que considera suyos y en los que querría pasar el resto de su vida.

Más de 22.000 expedientes

Antes de que comenzara el pregón se proyectó, como es habitual, un vídeo sobre la vida del protagonista. Su familia recordó el viaje hasta O Barco y distintas personas de la localidad hablaron de su trayectoria y dedicación profesional. Entre ellas, Sabela, trabajadora de su clínica y encargada además de presentarlo, aportó uno de los datos de la noche: la consulta acumula más de 22.000 expedientes de pacientes tratados por Marini.

 

La medicina ocupó también un lugar destacado en el discurso. El pediatra recordó a los compañeros con los que compartió «tantas horas de angustia y felicidad» en el Hospital de Valdeorras, las madrugadas esperando un nacimiento, la planta de Pediatría y las urgencias. Agradeció además a esos mismos profesionales que posteriormente lo atendieran cuando tuvo que recurrir a ellos «no como médico, sino como paciente». 

Uno de los momentos más emotivos llegó al dirigirse a quienes han sido sus pacientes durante estas décadas. «Para aquellos niños que han crecido y hoy son ya hombres y mujeres, el cariño más inmenso del mundo», dijo. También agradeció la confianza de quienes regresan ahora a la consulta como padres y ponen en sus manos la salud de sus hijos.

Y dejó claro que, mientras pueda, piensa continuar: «Seguiré con ustedes, ahí, al pie del cañón, mientras mi cerebro me lo permita». 

Una familia entre dos países

Marini tuvo también palabras para Vicky, «la madre de mis hijos», con quien aseguró haberse abierto camino en O Barco, y para Rodrigo y Federico. Ambos viven actualmente en Madrid con sus respectivas familias, pero siguen regresando al pueblo, «a la casa de su infancia», y mantienen aquí amigos y pandillas. Sus nietos, Valentina y Nicolás, nacieron ya en España.

Ya en la recta final, apeló a disfrutar de las cosas sencillas y recurrió a Machado y Serrat con «Caminante no hay camino, se hace camino al andar». Invitó después a vivir las fiestas «con alegría, juntos», tanto quienes nacieron en esta tierra como quienes llegaron a ella desde otros lugares. 

Después llegaron los vivas al Cristo Nazareno, a O Barco, a sus gentes, a Valdeorras, a Galicia y a España. Y Ricardo Marini, aquel pediatra argentino que llegó para quedarse uno o dos años y que este viernes tuvo que interrumpir varias veces su discurso para contener la emoción, puso en gallego el punto final al pregón:

«E que comecen xa as festas!».