En el Descenso Internacional do Sil hay vencedores, podios y clasificaciones, pero de una manera u otra casi todos terminan llevándose un premio. La entrega celebrada al término de la jornada volvió a demostrar que esta cita quiere ser mucho más que una competición deportiva: una fiesta en la que quienes llegan hasta O Barco regresen a casa con un recuerdo de Valdeorras.
Kissy Torres fue la encargada de conducir un acto que comenzó premiando la imaginación y el humor de los participantes en el Descenso Popular y continuó posteriormente con la entrega de medallas a los deportistas de las diferentes categorías del Descenso Internacional.
Junto a ella estuvieron el alcalde de O Barco, Aurentino Alonso, y representantes de la Corporación municipal: Margarida Pizcueta, Alicia Pèrez y Dosinda Arias, que participaron en una ceremonia en la que hubo espacio también para las sorpresas.
Premios para la imaginación
Los primeros en subir a recoger sus regalos fueron algunos de los grupos y participantes que habían convertido el tramo popular en una sucesión de disfraces, embarcaciones y ocurrencias.
«Los Piñones», «Los Bichos del Sil», «Tiki Tiki Pum», «As Virtudes», «Las Desgracias y los Desgraciados» o «Os Minions» estuvieron entre los nombres que fueron sonando durante una entrega en la que se reconocieron diferentes disfraces y propuestas, tanto individuales como colectivas.

También hubo premio para el club que presentó un mayor número de participantes en el descenso popular, que correspondió a Cobres.
Pero la organización todavía guardaba alguna sorpresa. Incluso los jueces entraron en el juego con un sorteo preparado con sus nombres, después de que Kissy Torres bromeara sobre las habituales reclamaciones de alguno de ellos por ver cómo se repartían regalos mientras ellos nunca se llevaban nada. Esta vez también hubo premio para ellos.

Un pedazo de Valdeorras colgado del cuello
Concluida la parte popular llegó el momento de reconocer a los deportistas del Descenso Internacional. Y las medallas elegidas para esta edición tenían mucho de Valdeorras. Elaboradas con pizarra de la zona y donadas por Pizarras Los Tres Cuñados, permitieron que quienes subieron al podio se llevasen consigo uno de los productos que mejor identifica a la comarca.

La organización quiso agradecer expresamente el trabajo que hay detrás de cada una de esas piezas y recordar la dureza de una actividad desarrollada diariamente por hombres y mujeres en el sector pizarrero.
Pero junto a la pizarra había otro pequeño detalle cargado de simbolismo: una piruleta con forma de corazón. La explicación la dio la propia organización durante la entrega: «O que queremos é que veñades ao Barco e que sintades O Barco». Ese corazón pretende que los deportistas se lleven un poco de la localidad dentro del suyo y, sobre todo, que quieran regresar.
Para los clubes que ocuparon las tres primeras posiciones se diseñaron además trofeos inspirados en otro de los grandes símbolos de Valdeorras: la hoja de vid.
Pizarra y viñedo quedaron así unidos en unos premios que hablan del territorio que acoge cada año el Descenso do Sil.
Entre medalla y medalla, jamones y bicas
La competición quedó por momentos en un segundo plano y el podio se convirtió también en escenario para las bromas.
Rafa, encargado de ir anunciando a los premiados, tenía otra misión. Entre una categoría y la siguiente se fueron sorteando regalos entre todos los clubes participantes.

Bolsas con productos, bicas y otros obsequios fueron encontrando dueño a medida que avanzaba la ceremonia. Y el jamón se hizo esperar hasta prácticamente el final, convertido ya en uno de los premios más deseados de la tarde. Clubes llegados desde distintos puntos de Galicia y de fuera de la comunidad fueron pasando así por un podio en el que no todo dependía de haber sido el más rápido sobre el agua.

La fórmula ayudó a mantener el ambiente festivo hasta la proclamación de los clubes vencedores y puso una nota de humor a una entrega que llegaba después de muchas horas de competición.

El premio que no se ve
Antes de comenzar la entrega deportiva hubo también tiempo para recordar a quienes hicieron posible que cientos de personas pudiesen disfrutar del Sil con seguridad.
La organización agradeció el trabajo de los 26 efectivos de salvamento, así como el dispositivo desplegado por los diferentes cuerpos de seguridad y emergencias, Protección Civil, Policía Local, servicios sanitarios y los equipos encargados del montaje, limpieza y acondicionamiento.
El reconocimiento se extendió también a quienes trabajaron en la coordinación del caudal, las comunicaciones, el tráfico ferroviario y las salidas del río, además de las empresas y entidades que colaboraron para que todo estuviese preparado.
Son, como se recordó durante el acto, muchas de esas personas que «normalmente nunca se nombran» pero cuyo trabajo resulta imprescindible para que el Descenso pueda celebrarse.
Deporte, convivencia y ganas de volver
El acto terminó como había transcurrido toda la jornada: con ambiente festivo y con una invitación a regresar.
La organización destacó la respuesta de los clubes desplazados hasta O Barco y definió la cita como una jornada de deporte, convivencia y «sana competición». Una edición que reunió a cerca de 500 personas en el Sil, sumando los alrededor de 200 participantes del descenso popular y los más de 200 deportistas de la competición.
Después llegaron las fotografías en el podio, los últimos regalos y el momento de recoger. Unos regresaron con una medalla. Otros con una bica, una bolsa de productos o alguno de los premios sorteados. Los hubo que se llevaron un jamón. Y muchos, seguramente, únicamente el recuerdo de haber pasado una tarde diferente en el Sil.
Pero quienes subieron al podio guardaron además dos pequeños símbolos: un trozo de pizarra de Valdeorras y un corazón. Uno para recordar de dónde se marchaban. El otro, para que O Barco viaje con ellos y tengan una razón más para volver.
