sábado. 12.09.2026

Carlos Meza: «La hostelería me cazó y desde entonces no hemos parado»

Hace diez años que Carlos llegó a Cafetería Dock en O Barco, una década de trabajo en la que ha mantenido empleo, colaborado con productores y distribuidores locales y vivido desde dentro una transformación de la hostelería que tuvo en la pandemia uno de sus grandes puntos de inflexión
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Carlos Meza: «La hostelería me cazó y desde entonces no hemos parado»

Diez años dan para muchos cafés servidos, comidas, cenas, encuentros entre amigos y clientes que terminan convirtiéndose en caras conocidas. También para jornadas interminables, fines de semana trabajando mientras los demás disfrutan, cambios de hábitos y alguna que otra crisis. Cafetería Dock alcanza estos días una década de vida en O Barco de Valdeorras, y Carlos Meza, la persona que ha estado al frente del establecimiento durante todo este tiempo, prefiere mirar el aniversario más allá de las puertas de su negocio.

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«Es una buena noticia para mí, por supuesto, pero es una buena noticia para la comarca», asegura. Porque detrás de diez años con la persiana levantada hay algo más que la supervivencia de un establecimiento hostelero. «Significa que se han mantenido durante ese tiempo puestos de trabajo, que para mí es lo más importante. Significa que hemos trabajado con productores locales, con distribuidores y con toda la gente que hay alrededor».

Dock se ha convertido durante esta década en uno de esos establecimientos fácilmente reconocibles de O Barco. Ubicado en la rúa Abdón Blanco, número 11, muy cerca del paseo del Malecón, su propuesta gira alrededor de una comida informal en la que hamburguesas, pizzas y platos combinados han acompañado estos diez años de trayectoria. Pero detrás de la carta hay una historia que comenzó bastante antes de que Dock abriese sus puertas.

Llegó «de rebote» y la hostelería lo atrapó

Carlos no creció pensando que algún día estaría al frente de una cafetería. De hecho, su entrada en este mundo fue prácticamente accidental. «Yo caí en la hostelería en el año 2008. Caí, sinceramente, de rebote», recuerda. Buscaba una oportunidad laboral y apareció este sector. Lo que inicialmente podía ser simplemente un trabajo terminó convirtiéndose en algo diferente: «Me gustó, me cazó y desde allí no hemos parado».

Años después llegó Dock y ahora alcanza una cifra que Carlos celebra especialmente. Mantener durante una década un negocio hostelero requiere, explica, trabajo y constancia, pero también algo difícil de medir: que realmente te guste lo que haces. Porque la hostelería tiene una peculiaridad que condiciona inevitablemente la vida de quienes trabajan en ella.

«Tú tienes que pensar que cuando toda la gente se lo está pasando bien, tú tienes que trabajar», resume. Festivos, fines de semana y noches forman parte del oficio. Carlos prefiere asumirlo con naturalidad: mientras otros disfrutan toca trabajar y «ya te tocará a ti después».

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Diez años que también cuentan lo que ha cambiado O Barco

Celebrar el aniversario permite mirar atrás y comprobar cuánto ha cambiado también la forma de salir, consumir y relacionarse con los establecimientos. Carlos identifica claramente un antes y un después: la pandemia.

«Con la pandemia cambiamos todos los hábitos y, por supuesto, la hostelería no puede ser ajena a este tipo de cambios», explica. Desde entonces se han modificado horarios y formas de organizar el trabajo, y los negocios han tenido que aprender a optimizar mejor sus recursos y su tiempo para poder seguir funcionando.

Pero la transformación no ha sido únicamente económica u organizativa. Carlos percibe también un cambio en algo mucho más difícil de cuantificar: la relación entre el hostelero y el cliente.

A su juicio, hace diez años existía una cercanía mayor. El cliente habitual, la conversación y ese vínculo cotidiano tan propio de los bares continúan existiendo, pero «a menor escala». Y considera que el cambio se ha producido en ambas direcciones. Los establecimientos funcionan de otra manera, pero también el público ha modificado sus hábitos y parece demandar menos esa relación personal que anteriormente estaba mucho más presente.

«Hay hueco para quedarse»

Hay otra cuestión que preocupa especialmente al sector: encontrar trabajadores. Los carteles buscando camareros se han convertido en una imagen habitual y Carlos reconoce la dificultad, aunque rechaza reducir el problema al tópico de que los jóvenes ya no quieren trabajar.

Recuerda que la falta de personal afecta actualmente a muchos sectores y cree que, en el caso concreto de la hostelería, existe además una percepción del empleo como algo provisional. Para muchas personas trabajar en un bar o restaurante es un paso intermedio mientras aparece otra oportunidad profesional.

Y Carlos, precisamente porque él mismo llegó casi por casualidad, reivindica la posibilidad contraria. «Yo creo que también hay sitio para que te quedes. Hay hueco para trabajar de esto y vivir de esto. Si te gusta, te apasiona y te encuentras bien, ¿por qué no?».

No oculta las dificultades. Los horarios son exigentes y especialmente duros durante los fines de semana. Cuando el grupo de amigos sale, cuando una localidad está de fiesta o cuando llega uno de esos días en los que todo el mundo quiere sentarse en una terraza, el trabajador de hostelería está precisamente al otro lado de la barra. Pero Carlos cree que eso no impide convertirla en una profesión y construir una vida alrededor de ella.

Él es, en cierta medida, un ejemplo. Aquella oportunidad laboral que apareció en 2008 terminó atrapándolo y, años después, lo llevó a ponerse al frente de un proyecto propio que ahora sopla diez velas.

Diez años de personas detrás de una barra

Cuando Carlos hace balance de esta década no habla primero de hamburguesas vendidas ni de cafés servidos. Habla de puestos de trabajo, productores, distribuidores y actividad económica. De todas las personas que forman parte de la cadena necesaria para que cada día un establecimiento pueda volver a abrir sus puertas.

Quizá sea esa una de las partes menos conocida de la hostelería. Detrás de una mesa ocupada hay alguien que atiende, pero también quien suministra los productos, quien distribuye las bebidas, quien realiza un mantenimiento o quien proporciona cualquiera de los muchos servicios necesarios para mantener un negocio funcionando. «Un flujo constante económico alrededor de todo eso», como lo define Carlos.

Y después están los clientes. Los de siempre, los que han ido llegando, quienes entraron una vez y regresaron y quienes han compartido en Dock algún momento de estos últimos diez años. Porque una década en hostelería también se construye a base de pequeñas rutinas: el café, una comida rápida, una cena entre amigos o esa mesa en la que la conversación termina prolongándose más de lo previsto.

Dock seguirá siendo Dock

No habrá una revolución para celebrar el décimo aniversario. Y quizá eso también diga bastante sobre la filosofía con la que Carlos afronta esta nueva etapa. Si algo ha funcionado durante diez años, no encuentra demasiados motivos para cambiarlo por completo.

«Vamos a seguir trabajando en esa línea en la que estamos, que estamos muy cómodos y que nos ha funcionado», avanza. Sí habrá probablemente alguna variación en la carta y pequeñas novedades, pero manteniendo la esencia que ha acompañado al establecimiento durante esta década.

Diez años después, Carlos sigue hablando de la hostelería con la perspectiva de quien conoce perfectamente su cara menos visible. Sabe lo que supone trabajar cuando los demás descansan y cómo han cambiado los clientes, los horarios y el propio sector. También conoce la satisfacción de comprobar que aquel trabajo en el que cayó «de rebote» terminó convirtiéndose en su forma de vida.

Por eso, los diez años de Dock no son únicamente un aniversario marcado en el calendario. Son diez años de persiana levantada, de trabajadores, proveedores, clientes y actividad económica alrededor de un establecimiento de O Barco. Diez años de una historia que comenzó casi por casualidad y que Carlos resume mucho mejor que cualquier balance: «Me gustó, me cazó y desde allí no hemos parado».

Carlos Meza: «La hostelería me cazó y desde entonces no hemos parado»