Christian Escuredo: «Valdeorras es mi vida»
A Christian Escuredo le basta cruzar la puerta para cambiar el ambiente del estudio. Entra hablando rápido, bromeando, enlazando una historia con otra y con esa facilidad extraña de quien parece más un vecino que ha venido a pasar un rato que alguien acostumbrado a actuar delante de miles de personas. Cuesta asociar esa naturalidad inmediata con el actor que ha pasado por series como Fariña o Vivir sin permiso, o con el intérprete que acaba de bajarse del escenario del Teatro Calderón de Madrid tras protagonizar el musical Houdini.
Pero precisamente ahí está parte de lo que llama la atención de él: no hay personaje.
Escuredo habla de Valdeorras como quien habla de casa. Sin frases preparadas. Sin necesidad de exagerar el orgullo porque se le cuela solo en cada respuesta. Lo hace cuando recuerda la Feira do Viño, cuando menciona a sus amigos, cuando habla de Soulecín o incluso cuando cuenta cómo aprovechó el rodaje de una película para meter una referencia a los vinos de la comarca en mitad del guion.
«Mi personaje se enamoraba de una puertorriqueña y yo le quise poner la identidad de Valdeorras», relata entre risas. La escena transcurría en Santiago y él decidió introducir una frase aparentemente pequeña, pero muy suya: «Pues mira, hay unos vinos maravillosos en Valdeorras». «Metí la cuña», resume divertido.
El actor barquense será el encargado de pronunciar el pregón de la XXVII Feira do Viño y admite que la propuesta le hizo especial ilusión porque es una cita que intenta no perderse. Y se nota enseguida que conoce el ambiente, las catas, el movimiento de esos días y también lo que representa una feria que ha conseguido convertir el vino en algo más que un producto.
«Hay una cultura detrás de todo eso», explica durante la entrevista. Habla del valor del enoturismo, de las actividades gastronómicas y de la capacidad de Valdeorras para sorprender a quien llega de fuera. Reconoce, además, que muchas veces regala godellos o mencías cuando quiere tener un detalle con alguien.
El vino, además, forma parte de su propia historia familiar. En su casa siempre hubo viñedos y elaboración para consumo propio. Por eso, cuando piensa en el pregón, inevitablemente aparece la figura de su abuelo.
«Era un tío muy especial, muy divertido, con mucha retranca», recuerda. Escuredo cuenta que cuando recibió el encargo, se sentó delante del ordenador para escribir algo estructurado, pero acabó encontrándose con otra cosa: recuerdos. Anécdotas. Escenas familiares. Historias que le salían solas y que probablemente acabarán marcando el tono del pregón.
Porque detrás del humor rápido y la energía constante aparece también alguien emocional. Y ahí la conversación cambia de ritmo.
Reconoce, por ejemplo, que hablar delante de los suyos le impone más que actuar ante 1.500 personas cada noche en un teatro. «Respaldarte en un personaje y en un guion es muy diferente a hablar de ti delante de gente que te ha visto crecer», admite.
La frase resume bastante bien quién es. Un actor con tablas, sí, pero también alguien que todavía siente cierta vulnerabilidad cuando pisa terreno propio.
A sus 42 años, Escuredo acumula una trayectoria sólida en televisión, cine y musicales. Tiene formación en interpretación, música, danza y pedagogía teatral, pero huye bastante del discurso grandilocuente sobre la profesión. De hecho, durante la entrevista habla más de aprendizaje que de éxito. «No soy un actor que busque el aplauso», asegura. Lo que le interesa, dice, son las historias que le permitan crecer o que puedan dejar algo en quien las ve.
La idea aparece de nuevo cuando habla de Houdini. Aunque el musical gira alrededor de la figura del famoso escapista, lo que más le removió fue el personaje del hermano: alguien que permanece al lado del protagonista incluso cuando eso implica renunciar a parte de sí mismo. «Me conectaba mucho con el tema de los cuidados», explica.
Luego vuelve el humor. Las coreografías de claqué practicadas durante días en Soulecín. Los ensayos interminables. Los trucos de magia. Las cláusulas de confidencialidad millonarias. Escuredo cambia de un registro a otro con facilidad, sin perder nunca la sensación de cercanía.
Cuando se le pide resumir qué es Valdeorras para él, no habla primero del vino, ni de la feria, ni siquiera de O Barco. Se queda un segundo pensando y responde con una palabra sencilla: «raíces».
No parece una respuesta improvisada. Durante toda la conversación aparece esa idea constantemente. En la forma de hablar de sus abuelos, de la casa restaurada en Soulecín, de los amigos a los que sigue viendo, de las veces que vuelve sin avisar o de esa necesidad casi instintiva de mencionar Valdeorras incluso en mitad de un rodaje.
Porque en Christian Escuredo no da la sensación de existir una desconexión entre el actor y el barquense. No habla de la comarca como un lugar al que regresar de vez en cuando, sino como algo que sigue formando parte de él aunque viva entre teatros, castings y producciones. «Valdeorras es mi vida», dice casi al terminar la entrevista.
Y quizá por eso encaja tanto como pregonero de esta Feira do Viño: porque más allá de la trayectoria, del reconocimiento o de los escenarios, sigue transmitiendo la sensación de alguien que se ha apoyado en sus raíces por el camino.
Puedes escuchar aquí la entrevista completa: