Durante tres meses, el monte ha sido el gran protagonista de las Jornadas Culturales de la Fundación Florencio Delgado Gurriarán. Primero se habló de los incendios. Después, de las actividades productivas ligadas al territorio. Y el pasado fin de semana llegó el turno de una reflexión menos visible, pero igual de importante: la del monte como patrimonio cultural, educativo y social.
La Casa da Cultura de Larouco acogió la última sesión del ciclo, bajo el título «Somos monte. Patrimonio cultural, social e natural», una jornada que reunió a especialistas en patrimonio, arqueología, educación ambiental y divulgación para analizar cómo el paisaje forma parte de la identidad colectiva de quienes lo habitan.
La arquitecta Teresa Nieto, coordinadora de la Sección de Patrimonio del Consello da Cultura Galega, abrió el debate defendiendo una visión más amplia del patrimonio y del paisaje cultural. A su juicio, la protección del territorio no puede limitarse a los elementos materiales, sino que debe incorporar también los usos tradicionales y los valores inmateriales que han modelado el paisaje a lo largo de generaciones. Como referencia, puso sobre la mesa el modelo de los «territorialistas» italianos, que conciben el territorio como un bien común cuya gestión debe ser participativa y multidisciplinar.
En una línea similar se expresó el arqueólogo Carlos Tejerizo, miembro de Sputnik Labrego, quien incidió en la importancia de que las comunidades locales conozcan y reconozcan su propio patrimonio. Solo así, señaló, las políticas de protección cultural podrán responder a los intereses de la ciudadanía. Como ejemplo citó espacios emblemáticos de Casaio, como la Mina de Valborraz o el Teixadal, lugares que la vecindad trató de proteger durante los incendios del pasado verano al considerarlos parte de su historia e identidad.
La tercera intervención corrió a cargo de Cristina Fernández, educadora ambiental y guía del Parque Natural da Serra da Enciña da Lastra. Su exposición puso el foco en la riqueza natural de uno de los espacios protegidos menos conocidos de Galicia y en el valor de las plantas aromáticas y medicinales, no solo desde el punto de vista de la biodiversidad, sino también como depositarias de la memoria de la zona y de los usos tradicionales del territorio.
La jornada continuó con un coloquio centrado en la educación ambiental y las iniciativas de divulgación desarrolladas en la comarca y en otros territorios próximos. Entre los participantes estuvo Ovidio Villa Marco, profesor del IES Carlos Casares de Viana do Bolo, quien presentó varios proyectos educativos vinculados al entorno natural. Entre ellos destacó el trabajo realizado por el alumnado tras los incendios forestales, que derivó en campañas de sensibilización con vídeos, camisetas, adhesivos e incluso una composición musical creada a partir de un poema mediante herramientas de inteligencia artificial.
También participó Rebeca Casal Vegal junto a las jóvenes integrantes del proyecto Powercode Girls. Las alumnas explicaron el desarrollo de «Alerta Forestal», una aplicación diseñada para compartir información sobre incendios en tiempo real y fomentar el aprendizaje sobre prevención y gestión del monte a través del juego.
El impacto social de los grandes incendios de 2025 estuvo muy presente en las intervenciones. Felipe Morales Rodríguez, conocido en redes sociales como Profesor Tejón, repasó su labor divulgativa durante aquellos días, cuando informó de la evolución de los fuegos de Valdeorras a través de vídeos que alcanzaron más de un millón de visualizaciones. También defendió el papel de las redes sociales como herramienta para crear conciencia ambiental y promover cambios sociales.
Por su parte, Pedro Domínguez Pérez explicó la experiencia de Eco dos Teixos, el proyecto de alojamiento y educación ambiental que impulsa junto a Elba Rodríguez en Casaio. Durante su intervención defendió que existen alternativas económicas sostenibles ligadas al territorio y al cuidado del monte, y lamentó que iniciativas como la suya no fueran tenidas en cuenta en las ayudas posteriores a los incendios.
La sesión contó además con la participación del educador ambiental Miguel Conde, quien realizó una reflexión crítica sobre la gestión de los espacios naturales protegidos en Galicia. En su opinión, estos lugares deberían convertirse en herramientas de dinamización económica y social capaces de compatibilizar conservación y desarrollo sostenible.
La programación se completó el domingo con una visita guiada a las covas de Seadur, dirigida por la investigadora Carina Rodríguez, autora del proyecto que permitió la declaración de este conjunto como Bien de Interés Cultural. El recorrido permitió conocer distintos tipos de construcciones excavadas en la roca y comprender cómo estas cavidades están directamente ligadas a la tradición vitivinícola y a la transformación histórica del paisaje por parte de las comunidades rurales.
Con esta actividad concluye un programa desarrollado durante tres meses en el que la Fundación Florencio Delgado Gurriarán ha promovido el debate sobre los usos del monte, su relación con los grandes incendios del verano pasado y su papel como elemento esencial del patrimonio cultural, natural y social de la comarca.


