viernes. 11.09.2026

Una aureana, diez voluntarios y un flechazo con Valdeorras

Jóvenes llegados de distintos puntos de España descubren la comarca mientras dejan también su huella en ella. Sergio, valenciano de 25 años, llegó sin conocer O Barco y seis días después ya habla de volver
 
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Una aureana, diez voluntarios y un flechazo con Valdeorras

Hace apenas una semana, Valdeorras era para Sergio Laguía poco más que un nombre y unas cuantas imágenes encontradas en internet. Este valenciano de 25 años buscaba su primer campo de voluntariado después de que se lo recomendase la novia de su primo, las fechas le encajaban y decidió averiguar dónde estaba aquel O Barco al que podía venirse durante doce días. Vio el Sil, vio el paisaje y se animó.

Seis días después ha trabajado la madera por primera vez, ha contribuido a construir una aureana casi a tamaño natural, ha recorrido lugares que desconocía y comparte albergue en Casaio con jóvenes llegados de distintos puntos de España que tampoco se conocían entre ellos. Ya tiene incluso «personas en mente» a las que recomendar la experiencia.

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Sergio es uno de los diez participantes en «Camiño de Inverno: Natureza e Arte en cada paso», el campo de voluntariado organizado por Eco dos Teixos dentro del programa de la Dirección Xeral de Xuventude de la Xunta de Galicia y con la colaboración del Concello do Barco. Este miércoles, después de presentar en el Malecón la escultura creada por el grupo como homenaje a las mujeres que durante generaciones batearon las aguas del Sil en busca de oro, pasó por los micrófonos de Más de Uno Valdeorras acompañado por Pedro Domínguez, de Eco dos Teixos.

Y si algo parece haber sorprendido a ambos es la velocidad a la que diez desconocidos han dejado de serlo. «Estamos como en una gran familia», resume Sergio. Los participantes tienen entre 18 y 30 años y llegaron desde diferentes lugares de España sin conocerse. Pedro Domínguez reconoce que la respuesta ha superado sus propias expectativas. Habla de canciones en los coches, bailes en el albergue, complicidad y, al mismo tiempo, una fuerte implicación en el trabajo. «Hay un clima súper positivo», asegura.

De una fábrica de pan a trabajar la madera

La prueba más visible de ese trabajo se queda en O Barco. Sergio es uno de los autores de la aureana presentada este miércoles junto al Sil, aunque su vida profesional poco tiene que ver con la escultura. Estudió Nutrición y trabaja como técnico de calidad en una fábrica de pan. Su experiencia anterior con la madera se remontaba prácticamente a las clases de Tecnología de la ESO.

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Tampoco era una excepción. La mayoría partía de cero y fueron Lalo y Sarah, de Artesanía Enxebre, quienes les enseñaron. El trabajo se repartió, los jóvenes fueron pasando por distintas tareas y se relevaban cuando alguno se cansaba. A Sergio, recuerda, lo que más le costó fue dar forma a la silueta, imaginar cómo debía ser y conseguir trasladarla a la madera.

El resultado le ha despertado incluso una afición inesperada. «Tendré que mirar en Valencia a ver dónde hay para poder hacer estas cosas, porque la verdad es que me ha gustado», admite.

Las noches de Casaio

Pero el campo de voluntariado continúa cuando se guardan las herramientas. El grupo se aloja en Casaio y allí Sergio ha encontrado una de esas imágenes que difícilmente podía anticipar cuando buscó O Barco en internet.

Desde el jardín del albergue contempla las montañas y las canteras, un paisaje muy diferente al que está acostumbrado en Valencia. Algunas noches, antes de dormir, voluntarios y monitores salen juntos simplemente a mirar el cielo. «Nunca he visto unas estrellas así, que se vean tan bien», cuenta. Incluso han podido distinguir la Vía Láctea.

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La convivencia se completa con juegos, canciones, bailes y actividades para cohesionar al grupo, pero el programa tiene también mucho trabajo sobre el terreno. Una parte se desarrolla en torno al Camiño de Inverno y allí los jóvenes han descubierto una cara bastante menos amable de la comarca.

Pedro Domínguez señala la presencia de basura en varios puntos y pone como ejemplo un mirador natural sobre el Sil, antes de llegar a las Casas Baratas. Los participantes están elaborando en madera frases de concienciación creadas por ellos mismos para colocar en estos lugares y aprovecharán las rutas para recoger residuos.

También actuarán en recorridos entre Entoma y Xagoaza y en la Pincheira. Esta última no forma parte del trazado jacobeo, pero el incendio del pasado año quemó el cartel que indicaba la fervenza y el grupo ya ha preparado uno nuevo de madera. El programa incluye además una visita al Teixadal de Casaio.

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Un Camino que ahora sí está en sus planes

Sergio tampoco conocía el Camiño de Inverno, pese a que el mundo jacobeo no le resulta extraño. Ha hecho ya dos veces el Camino de Santiago: una con sus compañeros de colegio y otra con su padre.

Después de estos días en Valdeorras, un tercero empieza a entrar en sus planes. No descarta regresar para recorrer el Camiño de Inverno y ya piensa incluso con quién podría hacerlo: alguno de los compañeros que ha conocido aquí, amigos de Valencia o algún familiar.

Ese descubrimiento enlaza precisamente con uno de los objetivos de Eco dos Teixos. Pedro Domínguez recuerda que el Camiño de Inverno, oficializado en 2016, continúa siendo un itinerario menos conocido y que el campo pretende enriquecer su paso por Valdeorras a través de actuaciones vinculadas al patrimonio, el paisaje y la historia del territorio.

La aureana podría no quedarse sola. El resultado de esta primera experiencia ha llevado a Eco dos Teixos a empezar a plantearse la posibilidad de darle continuidad con programas similares y nuevas esculturas en otros puntos del Camiño de Inverno. De momento es solo una idea que comienza a tomar forma y que, como explica Domínguez, necesitaría nuevamente apoyos para poder desarrollarse.

A Sergio todavía le quedan días por delante, pero no necesita esperar al final para saber qué respondería si le propusieran otro campo de voluntariado. Repetiría y lo recomendaría. Crear piezas como la aureana le resulta «bastante reconfortable» porque permite recuperar las tradiciones y recordar lo que históricamente se hacía en cada territorio.

Llegó a O Barco después de buscarlo en internet. Ahora sabe algo de madera, ha descubierto otro Camino de Santiago, ha visto la Vía Láctea desde Casaio y ya tiene varios nombres en la cabeza a los que hablarles de Valdeorras.

Puedes escuchar aquí la entrevista completa:

Una aureana, diez voluntarios y un flechazo con Valdeorras