Inclinada sobre unas ondas de madera, con la batea entre las manos y a pocos metros del Sil, la figura que durante los últimos días fue tomando forma en el taller de Artesanía Enxebre se mostró este miércoles por primera vez a los vecinos de O Barco. Alrededor estaban también quienes la hicieron posible: los jóvenes llegados de distintos puntos de España para participar en un campo de voluntariado que deja en el Malecón algo más duradero que el recuerdo de su paso por Valdeorras.
La escultura de madera, prácticamente a tamaño natural, recupera la memoria de las aureanas, las mujeres que durante generaciones se metieron en las aguas del Sil para buscar las pequeñas partículas de oro con las que contribuían al sustento familiar. «É un símbolo da nosa terra e do Sil», resumió el alcalde, Aurentino Alonso, durante una presentación que reunió a responsables del proyecto, voluntarios y vecinos que se acercaron a conocer la nueva figura.
La aureana es el resultado más visible del campo de voluntariado «Camiño de Inverno: Natureza e Arte en cada paso», organizado por Eco dos Teixos dentro del programa Acción de Verán de la Dirección Xeral de Xuventude de la Xunta de Galicia, con la colaboración del Concello do Barco y Artesanía Enxebre. Una decena de jóvenes procedentes de diferentes puntos de España participan en la iniciativa, que combina trabajo, convivencia y conocimiento del territorio.
Aurentino Alonso agradeció la implicación de todos los que han hecho posible el proyecto y recordó que a los voluntarios todavía les quedan unos días en O Barco, una estancia que coincidirá además con las Festas do Cristo. «Todo cadrou perfectamente», señaló antes de agradecer expresamente el trabajo de Eco dos Teixos y de los artesanos que han conseguido que la aureana sea ya una realidad.
Tan importante como el resultado, el proceso
Pedro Domínguez, de Eco dos Teixos, puso el acento precisamente en cómo se ha llegado hasta aquí. El Concello respaldó una propuesta que pretendía reunir en Valdeorras a jóvenes de distintos lugares de España a través de un campo de voluntariado de la Dirección Xeral de Xuventude. A partir de ahí, Artesanía Enxebre abrió su taller, puso a disposición del grupo herramientas y conocimientos y acompañó a los participantes durante unas jornadas intensas de trabajo.
Los jóvenes se fueron relevando en las diferentes tareas hasta construir la figura entre todos. Para Domínguez, sin embargo, el valor de la experiencia no se mide únicamente por el resultado que ahora permanece en el Malecón. También importa el proceso: las horas compartidas, la cohesión del grupo y la energía generada mientras personas que llegaron desde lugares diferentes aprendían a trabajar juntas.
La elección de una aureana había surgido meses antes, durante las conversaciones mantenidas con Aurelio Blanco Trincado, presidente del Instituto de Estudos Valdeorreses, cuando los promotores buscaban un elemento capaz de vincular el Camiño de Inverno con la historia y la identidad de Valdeorras.
De aquellas conversaciones emergió la memoria de las mujeres que doblaban la espalda sobre el Sil, metían los pies en el agua y buscaban con sus bateas las pequeñas partículas de oro que ayudaban al sustento familiar. Un oficio transmitido durante generaciones y del que apenas han sobrevivido algunos nombres.
De Sevilla a conocer la historia de Valdeorras
Este miércoles también tuvieron voz quienes han trabajado con sus manos en la escultura. Nico, llegado desde Sevilla, agradeció la labor de los monitores y artesanos y, sobre todo, la convivencia con unos compañeros procedentes de distintos lugares. La experiencia, aseguró, les ha permitido conocer y «valorar moito máis a historia de Valdeorras».
A la instalación le queda todavía un último elemento. La aureana descansará sobre una gran peana de pizarra que aún no ha podido colocarse. Aurentino Alonso explicó que sus dimensiones obligan a encontrar una piedra especial y que la cantera de la empresa Tres Cuñados está buscando una pieza que permita obtener la planeidad necesaria. Cuando aparezca la adecuada, se incorporará a la escultura.
El campo de voluntariado continúa entretanto con otras propuestas destinadas a acercar a los participantes al patrimonio y al paisaje de Valdeorras. El programa incluye actuaciones ambientales y de señalización, rutas por Xagoaza y el río Galir, actividades en la zona de la Pincheira, talleres y una visita al Teixadal de Casaio.
La presentación terminó con palabras escritas mucho antes de que este grupo de jóvenes llegase a O Barco. Pedro Domínguez llamó a Bruno, el único participante gallego, para recitar junto a la escultura el poema de Ramón Cabanillas dedicado a las aureanas del Sil.
Los versos sonaron a pocos metros del río. Frente a quienes se habían acercado a conocerla, la nueva aureana permanecía inclinada sobre su batea, convertida ya en recuerdo visible de aquellas mujeres que buscaron en el Sil pequeñas partículas de oro para sus familias.


