San Roque deja la capilla para volver por unas horas a la iglesia parroquial
Hay tradiciones que marcan el calendario de un pueblo mucho más que cualquier fecha escrita. En A Rúa Vella, una de ellas es la de San Roque. Ayer comenzaban las fiestas en la parroquia de San Esteban y lo hacían como manda la costumbre, con los vecinos acompañando al santo en el recorrido que une su capilla con la iglesia parroquial.
El punto de partida estuvo en la capilla situada en el Campo de San Roque, el espacio que lleva el nombre del santo y alrededor del cual se desarrolla buena parte de una celebración que conserva un importante componente religioso y vecinal.
Antes de emprender el camino se rezó el rosario y, a continuación, llegó uno de los momentos más esperados: la salida de la imagen para iniciar la procesión hacia la iglesia de San Esteban.
El santo de la rosca
San Roque no realiza solo este recorrido. Una de las imágenes más características de esta celebración es precisamente la del popularmente conocido como «santo de la rosca», acompañado por esas roscas que forman parte de una tradición transmitida entre generaciones.
El pan y las roscas están ligados históricamente a la devoción a San Roque, un santo al que durante siglos se recurrió como protector frente a enfermedades y epidemias. En A Rúa Vella esa tradición adquirió una expresión propia y permanece incorporada a los actos religiosos de sus fiestas.
No faltaron a la puerta de la capilla las pastas de te, las pastas gloriosas y los almendrados bendecidos, realizados por las hermanas del monasterio cisterciense de San Miguel de las Dueñas (León), y que sirven para ayudar en las labores que hay que hacer en la capilla durante el año.
Más allá de su significado religioso, la salida de la imagen constituye también uno de esos momentos que permiten reconocerse como comunidad. Vecinos que permanecen durante todo el año en A Rúa se encuentran con quienes regresan durante el verano y vuelven a acompañar una procesión que conocen desde niños.
De San Roque a San Esteban
El recorrido entre la capilla y la iglesia parroquial forma parte del ceremonial que se repite alrededor de la festividad. La imagen abandona temporalmente su pequeña capilla del campo para ser trasladada hasta San Esteban, acompañada por los fieles. Posteriormente llegará el momento de realizar el camino inverso y devolver a San Roque a su lugar habitual.
Es precisamente esa sucesión de pequeños rituales —el rosario, las roscas, la salida de la capilla, el recorrido por A Rúa Vella y el regreso posterior— la que ha permitido que la celebración mantenga buena parte de su personalidad con el paso del tiempo.
Mucho más que los actos religiosos
Las fiestas de San Roque tienen, además, otra cara inseparable de la religiosa: la convivencia y la diversión. Durante estos días, el Campo de San Roque vuelve a convertirse en lugar de encuentro para vecinos y visitantes con una programación en la que las verbenas conviven con algunas propuestas que ya tienen también su propia tradición dentro de las fiestas.
Entre ellas se encuentran actividades tan singulares como la Volta Ecolóxica que se celebra esta tarde, con sus bicicletas y disfraces, además de competiciones, propuestas protagonizadas por los propios vecinos y diferentes actividades lúdicas.
Pero antes de que llegue todo eso, A Rúa Vella ha vuelto a comenzar por donde lo ha hecho tantas veces: abriendo la puerta de la pequeña capilla, rezando el rosario y acompañando a San Roque camino de San Esteban.
Una escena repetida año tras año que explica, quizá mejor que cualquier programa festivo, por qué San Roque continúa siendo una de las celebraciones más queridas y arraigadas de A Rúa Vella.
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