Joaquín Sánchez: «Somos una comarca pequeña y tenemos que remar todos en la misma dirección»
Hablar con Joaquín Sánchez, uno de los hermanos de la bodega Alan de Val significa mantener una conversación sin prisa que termina derivando hacia el paisaje, la memoria vitivinícola de Valdeorras, las variedades olvidadas, el futuro del territorio o esa manera casi obstinada de entender el vino desde la autenticidad y el arraigo.
Escucharlo resulta muy interesante precisamente porque siempre aparece un matiz inesperado, una reflexión nueva o una historia capaz de abrir otra pregunta más. Esta semana regresó a los micrófonos de Onda Cero Valdeorras acompañado de Carmen, su mujer, convertida ahora —tras la jubilación— en compañera inseparable de ferias, viajes y presentaciones. «Hice muchos viajes solo presentando vino y haciendo catas. Ahora tengo la suerte de que me acompañe y sinceramente es una maravilla», confesaba con gratitud.
La conversación giró inevitablemente alrededor de la XXVII Feira do Viño de Valdeorras, una cita a la que la bodega prácticamente nunca ha faltado. Joaquín recordó incluso los años en los que el traslado de la feria de A Rúa a O Barco provocó tensiones dentro del sector. Alan de Val decidió acudir igualmente. «Somos una denominación pequeña y tenemos que remar todos en la misma dirección», defendió.
Sobre los cambios introducidos este año —con tres jornadas y ubicación en el Campo da Festa de O Barco en lugar de Viloira— considera que responden a una lógica de crecimiento y visibilidad. «Lo que se busca es que venga más gente y que conozca nuestros vinos», resumió.
Entre las referencias que Alan de Val llevará a la feria, Joaquín quiso detenerse especialmente en Alan de Val Rosado Castes Nobres, elaborado con variedades autóctonas como caíño, brancellao, grao negro y mencía procedentes de viñedos propios de Valdeorras. Una elaboración de producción limitada —apenas 1.300 botellas— que está despertando enorme interés y que, según reconoció, destaca allá donde se presenta por su complejidad, personalidad y perfil poco habitual dentro de los rosados gallegos.
Otra de las referencias que reivindicó con especial entusiasmo fue Alan de Val Caíño Longo, procedente de la finca As Queimadas y del que son la única bodega de Valdeorras que lo elabora. Un vino que además acaba de recibir una medalla de oro en un certamen de vinos atlánticos celebrado en Cangas del Narcea.
Pese al éxito imparable del godello, Joaquín insiste en no perder de vista los tintos, una parte esencial de la identidad histórica de la bodega. «Nunca perdemos de vista los tintos porque es de donde venimos», afirmó durante la entrevista.
Aun así, también destacó el momento que atraviesa uno de sus blancos más reconocidos: Pedrazáis Godello sobre Lías, una elaboración que recientemente recibió 96 puntos en una cata organizada con motivo del 50 aniversario del Club de Gourmets. Para Joaquín, este vino representa precisamente esa búsqueda de singularidad ligada al viñedo propio y a la expresión concreta de cada parcela.
En esa línea, recordó también otras referencias muy vinculadas al trabajo parcelario de la bodega como A Costiña, además de sus clásicos Alan de Val Godello y Alan de Val Mencía, referencias que conviven con vinos más complejos y diferenciados dentro de una producción cada vez más centrada en la personalidad del terruño.
«La gente ya no se conforma con pedir un godello o un mencía. Cada vez busca más vinos de finca, de parcelas determinadas», explicó. Una evolución que considera fundamental para una denominación pequeña como Valdeorras, obligada —a su juicio— a diferenciarse a través del valor añadido y de la autenticidad.
La conversación derivó también hacia los aguardientes y licores tradicionales que comercializa la bodega en colaboración con una destilería gallega. Joaquín los entiende como parte inseparable de la cultura vitivinícola gallega. «No concebía tener una bodega sin nuestros licores tradicionales», señaló.
Incluso se aventuró a imaginar un futuro en el que las bodegas de Valdeorras elaboren también aceite, siguiendo el modelo de otras regiones vitivinícolas europeas. Detrás de esa reflexión subyace una idea recurrente durante toda la entrevista: mantener viva la actividad vinculada a la tierra y favorecer que la población permanezca en el territorio. «Es una de las maneras importantes de que la gente permanezca aquí», sostuvo.
Después de tantos años defendiendo vinos dentro y fuera de Galicia, Joaquín Sánchez continúa transmitiendo la misma sensación: la de alguien que no habla únicamente de botellas, sino también de paisaje, tradición, peresonalidad y pertenencia. Quizá por eso conversar con él sigue resultando tan interesante como la primera vez.
Puedes escuchar aquí la entrevista completa: