Las Xornadas de Folclore organizadas por la Diputación de Ourense han cerrado su 41 edición con una de las noticias que mejor pueden medir la vigencia de una cita con más de cuatro décadas de historia: este año ha habido más público. La organización asegura haber detectado un incremento de espectadores en todas las localidades por las que ha pasado el festival durante los diez días de recorrido por la provincia de Ourense.
«Unha das primeiras cousas que nos chamou a atención foi a gran asistencia de público», explica uno de los organizadores, Xavier Álvarez Campos, que apunta como posible explicación a lo ocurrido el pasado año, cuando los incendios obligaron a suspender buena parte de las actuaciones. «Puido facer que a xente este ano tivese máis interese e ganas de ver folclore», señala. Sea o no esa la causa, asegura que el aumento se percibió en todas las localidades.
La última actuación tuvo lugar el miércoles en el Castelo de Ribadavia y este jueves llegó el momento de las despedidas para los cerca de 170 artistas participantes. Atrás quedan diez días de música y danza, pero también una considerable operación logística.
Cada jornada se han movido seis autobuses, con destinos y horarios diferentes, pruebas de sonido, comidas y desplazamientos que requieren la coordinación de grupos, concellos colaboradores y policías locales. A ello se suman el alojamiento, la alimentación o la atención sanitaria. «170 persoas de repente durante dez días é moito máis que moitas aldeas da nosa provincia», resume Álvarez.
También el idioma forma parte del reto. La diversidad de procedencias convierte las Xornadas en una particular «torre de Babel» en la que guías e intérpretes permiten mantener una comunicación fluida con los participantes, principalmente en inglés, francés y español.
Los grupos, muchos de los cuales llegan a Ourense después de varias semanas de gira por otros festivales, se marchan, según la organización, especialmente satisfechos por la acogida. Álvarez destaca tanto el trato recibido durante su estancia como los aplausos del público en las actuaciones.
Pero quizá una de las mejores pruebas del arraigo de las Xornadas esté entre los propios espectadores. Después de 41 ediciones, quienes acudían de niños regresan ahora de adultos y, en algunos casos, acompañados por sus hijos. La organización recibe incluso correos de personas que viven fuera de Galicia y organizan sus vacaciones para hacerlas coincidir con el paso del festival por su localidad.
Valdeorras ha sido nuevamente una de las paradas de ese recorrido provincial. A Rúa recibió las Xornadas el 11 de agosto y O Barco lo hizo al día siguiente. La fórmula permite dividir los seis grupos participantes en dos equipos de tres países y alternarlos entre localidades próximas, dentro de un programa que busca llegar a las diferentes comarcas ourensanas.
La selección de las agrupaciones tampoco comienza unas semanas antes. La organización trabaja conjuntamente con otros festivales para coordinar las giras internacionales y poder traer a grupos muy demandados, procurando además variar las procedencias de un año a otro y representar al menos cuatro continentes.
Este año hubo que reaccionar además ante un imprevisto. El grupo previsto de Kenya no consiguió los visados a pocas semanas del inicio de las Xornadas y fue necesario buscar rápidamente un sustituto, finalmente procedente de Senegal. Pese al contratiempo, la edición consiguió reunir representaciones de América, Europa, África y Asia.
Y apenas terminada la 41 edición, la número 42 ya ha comenzado a tomar forma. Las solicitudes para participar son numerosas y la organización trabaja con varios festivales para cuadrar las futuras giras. De hecho, Álvarez adelanta que ya hay «tres ou catro grupos» que, con bastante probabilidad, estarán en Ourense el próximo verano.
Los últimos participantes abandonan ahora la provincia. Para la organización, sin embargo, las Xornadas de Folclore prácticamente no terminan: la preparación de la siguiente edición ya está en marcha.


