Aprender a comer sin culpa después de las fiestas

Aprender a comer sin culpa después de las fiestas
El nutricionista Enrique Álvarez, de la Clínica Ponferrada, defiende la alimentación intuitiva para romper el ciclo de ansiedad, restricciones y dietas milagro tras la Navidad

Comer sin hambre, hacerlo por ansiedad o usar la comida como vía de escape emocional es más habitual de lo que parece. Frente a esa relación tensa con la alimentación, el nutricionista de la Clínica Ponferrada Enrique Álvarez pone el foco en la alimentación intuitiva: aprender a escuchar al cuerpo y a reconocer cuándo hay hambre real y cuándo no.

«Muchas personas comen por estrés, por ansiedad o por emociones mal gestionadas, no por hambre», explica. Ese patrón, señala, suele acabar en ciclos de atracón y restricción que generan culpa y empeoran la relación con la comida. La alimentación intuitiva busca justo lo contrario: «Que la persona sepa cuándo necesita comer, qué cantidad y por qué, y que no dependa de la comida para gestionar cualquier problema».

Este enfoque cobra especial sentido después de las Navidades, cuando aparecen las prisas por compensar los excesos. Álvarez lanza un mensaje de calma: «Si nuestro estilo de vida era adecuado antes de las fiestas, en diez o quince días no se ha estropeado nada». El cuerpo recuerda, tiene margen suficiente para volver a la rutina sin recurrir a medidas extremas.

Uno de los errores más frecuentes en estas fechas es la llamada «compensación»: comer muy poco durante el día para prepararse para una comida copiosa o saltarse ingestas al día siguiente. «El organismo no entiende esas compensaciones», advierte. Mantener una alimentación normal y añadir actividad física moderada, como caminar media hora o una hora, resulta mucho más eficaz y saludable.

También alerta del riesgo de pasar de golpe del sedentarismo al ejercicio intenso con el único objetivo de «quemar» lo comido. «Ese enfoque no es sostenible a largo plazo», señala. El ejercicio, insiste, debe hacerse por salud y con continuidad, no como castigo puntual que se abandona a las pocas semanas.

En este contexto, el nutricionista se muestra especialmente crítico con las dietas detox y las fórmulas milagro que prometen resultados rápidos. «No son saludables ni a corto ni a medio ni a largo plazo», afirma. Estas dietas suelen restringir nutrientes esenciales y provocan una pérdida de peso acelerada que incluye masa muscular, algo fundamental para la funcionalidad del cuerpo y para evitar el efecto rebote.

Álvarez también desmonta la idea de que para mejorar la alimentación hay que pasar hambre. «No es necesario pasar hambre para hacer un cambio de hábitos», asegura. Para él, la clave está en cómo se plantea la dieta. «Es mejor hablar de alimentos más frecuentes y menos frecuentes que de permitidos y prohibidos», explica, ya que la prohibición suele generar culpa y conductas compensatorias posteriores.

El nutricionista pone además el foco en una sociedad «pesocentrista», excesivamente pendiente de la báscula. «Muchas veces solo se valora el peso y no la composición corporal, la masa muscular o la estructura ósea, incluso desde el propio sistema sanitario», señala. A su juicio, este enfoque distorsiona la percepción de la salud y alimenta la obsesión por el peso.

Desde su consulta en la Clínica Ponferrada, Álvarez insiste en que hoy la nutrición va mucho más allá de seguir una dieta cerrada. «Hay que tener en cuenta las emociones, el descanso, la hidratación, el ejercicio y el estilo de vida en su conjunto», concluye. Un cambio de mirada que invita, especialmente después de las fiestas, a cuidarse desde el equilibrio y no desde la culpa.

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