Había muchas razones para que Viana fuese el lugar del regreso, pero una tenía nombre propio. Son do Sil volvió a subirse a un escenario el 12 de agosto y lo hizo recordando a Pepe Seara, músico natural de Viana y antiguo integrante de una formación cuya historia también escribió.
Fue el componente más emotivo de una noche que desde Son do Sil definen como «una fecha para el recuerdo», con un pueblo volcado con la música y, especialmente, con la que nace en la zona. También el escenario en el que se hizo realidad algo que unas semanas antes Quique Fernández había avanzado: Son do Sil estaba dispuesto a volver.
No es exactamente el mismo grupo. La formación, que llegó a reunir a alrededor de una treintena de integrantes, regresa considerablemente más pequeña. «De treinta que éramos, nos hemos quedado a la mitad», reconocía entonces Fernández, aunque esa reducción nunca se planteó como un impedimento para continuar.
Bajo la dirección musical de Julio Somoza, Son do Sil ha adaptado el repertorio y la instrumentación a sus efectivos actuales. «No vamos a dejar de hacer las cosas porque no tengamos un trombón o un saxo. Vamos a salir igual, pero con otro formato», explicaba Quique Fernández al anunciar el regreso.
Y el 12 de agosto salieron. «La vuelta a los ruedos de un grupo que nunca ha dejado de torear», dicen ellos. Una frase que quizá explique mejor que ninguna otra lo ocurrido en Viana: Son do Sil vuelve diferente, con menos músicos sobre el escenario, pero con ganas de que una historia que comenzó hace años todavía tenga páginas por escribir.

