Ni la lluvia puede con la Ruta de las Bodegas de Petín
La lluvia comenzó a caer fina sobre Petín cuando la noche ya estaba avanzada. Eran alrededor de las once y en la calle Santiago seguía habiendo gente entrando y saliendo de las bodegas, encontrándose con amigos, probando alguna de las propuestas gastronómicas o siguiendo a la charanga. Nadie parecía demasiado dispuesto a dar por terminada la fiesta por unas cuantas gotas.
Y es que la Ruta de las Bodegas de Petín volvió a demostrar este sábado su capacidad de convocatoria. Entre 850 y 900 personas adquirieron su entrada para recorrer las once bodegas abiertas en una edición que la alcaldesa, Raquel María Bautista Carballo, considera una de las más concurridas celebradas hasta ahora. «Yo creo que es el año que más entradas se vendieron», explicaba cuando la fiesta estaba todavía en pleno apogeo.
Las previsiones iniciales, sin embargo, habían generado alguna duda. La venta anticipada comenzó más despacio de lo esperado, pero la situación cambió a medida que se acercaba la fecha.
«Parecía que la cosa iba un poco lenta, pero estamos desbordados, estuvimos desbordados», reconocía la regidora.
Once bodegas y mucho para probar
Buena parte de la actividad volvió a concentrarse en la calle Santiago, donde se encuentran las bodegas que dan sentido y personalidad a una celebración que permite recuperar durante unas horas esos espacios tradicionales y convertirlos en puntos de encuentro.
En total fueron once las bodegas que abrieron sus puertas, cada una con diferentes propuestas para acompañar el recorrido.
Y este año había dónde elegir. Panceta, jamón asado, pizza, chorizo, macarrones, bica o paella formaron parte de una oferta gastronómica que, según Bautista, fue también especialmente amplia. «Quizá sea también el año que más comida hay», apuntaba.
La música hizo el resto. Una charanga fue recorriendo las bodegas y animando las calles mientras que, a partir de las 22.00 horas, la fiesta continuó en la plaza con disco móvil.
La alcaldesa, sirviendo pizzas
Pero la Ruta de las Bodegas de Petín también se entiende mirando al otro lado del mostrador. Porque mientras cientos de personas disfrutaban de la noche, decenas de vecinos estaban trabajando para que pudieran hacerlo. Y entre ellos se encontraba la propia alcaldesa, a la que Somos Comarca encontró, literalmente, con las manos en la masa, colaborando en uno de los puestos de pizzas.
No era una excepción. Familiares, amigos, propietarios de las bodegas y vecinos se reparten cada año las tareas necesarias para sacar adelante una celebración que depende en buena medida de esa implicación colectiva.
«Estoy súper agradecida, como siempre, con la gente que colabora, con la gente de las bodegas, con mi familia, con mis amigos, porque al final arrastramos a todo el mundo», señalaba Bautista.
Quizá ahí se encuentre una parte importante del éxito de esta fiesta. En Petín no solo se abren las bodegas: el pueblo arrima el hombro para abrirlas.
La lluvia llegó, pero la fiesta continuó
Pasadas las once de la noche apareció finalmente la lluvia. Lo hizo de manera fina, sin grandes aguaceros, y no consiguió vaciar la calle Santiago ni acabar con las ganas de fiesta.
Los asistentes continuaron el recorrido y la celebración siguió adelante entre bodegas, música y gastronomía.
Una estampa que acabó resumiendo bien la noche: casi 900 personas, once bodegas abiertas y todo un pueblo trabajando detrás para que Petín volviera a celebrar una de esas fiestas que no necesitan grandes escenarios porque su principal atractivo está precisamente en sus calles, sus bodegas y su gente.