La vuelta al cole que se mide en colas: más de 50 personas esperan ante Librería Yoli

El inicio del curso vuelve a dejar una de sus imágenes más llamativas en O Barco: Familias con las listas de material recién entregadas hacen cola ante un establecimiento que lleva 15 campañas escolares y que estos días necesita incluso controlar el acceso para poder atender

Hay imágenes que anuncian el comienzo del curso casi tan bien como el primer timbre del colegio. En O Barco, una de ellas se repite cada septiembre frente al Hospital Público de Valdeorras: una larga cola de familias esperando para entrar en Librería Yoli, en la avenida Conde de Fenosa, con la lista de material escolar recién entregada en la mano.

Este año ha vuelto a suceder. Y con cifras que explican perfectamente la magnitud de estos primeros días de curso. A las cinco menos cuarto de la tarde llegaron a contabilizar 52 personas esperando para ser atendidas, una concentración difícil de gestionar en un establecimiento en el que trabajan tres personas y donde es necesario moverse continuamente por los pasillos para localizar cuadernos, carpetas, pinturas, bolígrafos y el resto de productos solicitados por los profesores.

«Es imposible trabajar así», reconocen desde Librería Yoli. Por eso estos días cuentan incluso con dos personas en la puerta para organizar el acceso, permitiendo la entrada de los clientes por grupos. No se trata únicamente de agilizar el servicio: el espacio es limitado, hace calor y cada familia necesita tiempo para comprobar y elegir el material.

Y aunque la imagen pueda resultar sorprendente para quien pasa por allí, en Yoli ya están acostumbrados. Las colas forman parte de su particular vuelta al cole.

La lista que lo desencadena todo

¿Por qué se concentra tanta gente precisamente cuando comienzan las clases? La explicación está en esas hojas que muchos alumnos llevan a casa durante las primeras jornadas.

Los libros de texto, en buena parte de los casos, ya estaban encargados previamente. Librería Yoli trabaja fundamentalmente bajo pedido, entre otras razones por las dificultades para devolver ejemplares a las editoriales. Pero el material escolar es diferente.

«Cada profesor pide su material y se adapta un poco a cada niño por edad», explican desde el establecimiento. Por eso las familias no pueden completar todas las compras con demasiada antelación. Una vez que reciben la lista, llega el momento de buscar exactamente lo solicitado.

Y entonces comienza el movimiento. «Esta gente tiene los libros encargados y ahora viene con las listas de materiales, recoge los libros y se lleva los materiales que pide cada profesor», señalan. Si buena parte de esas listas se entregan prácticamente al mismo tiempo, el resultado termina siendo el que se veía estos días en la avenida Conde de Fenosa. 

Quince campañas y unas colas que no dejan de crecer

Librería Yoli lleva 15 años funcionando en O Barco y otras tantas campañas escolares a sus espaldas. Sus responsables recuerdan que los primeros años no existía una concentración semejante de clientes, aunque el fenómeno tampoco es nuevo. «Cada año hay más colas», reconocen, situando aproximadamente hace una década el momento en el que comenzaron a hacerse habituales.

El comportamiento de las familias también tiene su propia lógica. Aunque los libros puedan reservarse con antelación, pocos tienen ganas de pensar en septiembre cuando acaban de comenzar las vacaciones.

«La gente se va de vacaciones, desconecta y la última semana de agosto es cuando empezamos a pensar que están los libros. Hay que retomar horarios y todo eso», explican desde Yoli.

Después llega el inicio de las clases y, con él, las listas. Durante unos días todo se concentra. El ritmo irá bajando posteriormente, aunque seguirán llegando familias buscando el material que falta o nuevas peticiones realizadas en las aulas.

Dos pasillos, 50 personas y una elección muy importante: el color

Atender una lista escolar tampoco consiste simplemente en preparar una bolsa. Hay que localizar cada producto y, además, los pequeños detalles importan. «Quiero el color rosa, quiero una libreta de tal...», ponen como ejemplo desde la librería. Porque una cosa es lo que marca el profesor y otra renunciar a que, dentro de esas indicaciones, cada niño pueda elegir su cuaderno o su carpeta favorita.

Con medio centenar de personas dentro sería imposible. «Si tenemos que ir por los pasillos recogiendo material, imagínate 50 personas en dos pasillos. No es viable», explican.

De ahí que estos días el trabajo empiece prácticamente en la puerta. Unas personas salen, otras entran y quienes están atendiendo intentan avanzar lista a lista. Las jornadas también se alargan: el establecimiento prevé permanecer abierto hasta alrededor de las nueve y media de la noche, adaptándose en buena medida al volumen de clientes que continúe esperando. Después llegará la calma. O, al menos, una calma relativa.

Humor para sobrevivir a septiembre

Y en medio de las prisas, las listas y las colas, en Librería Yoli han encontrado desde hace cinco años una manera de tomárselo con filosofía: el humor.

En su escaparate aparecen cada vuelta al cole frases relacionadas precisamente con ese pequeño caos que se genera durante estos días. Se han convertido en otra parte de la tradición particular del establecimiento.

«Le ponemos un poquito de humor», cuentan. Hay quien, entre las prisas, ni siquiera se fija; otros las leen y comentan la ocurrencia del año. Desde dentro incluso animan a los clientes habituales a buscarla: «Mirad la frase de este año».

Es una pequeña válvula de escape en unas jornadas en las que el ritmo apenas concede descansos. Porque mientras para los niños septiembre significa volver a encontrarse con sus compañeros y estrenar curso, al otro lado de la lista hay tres personas buscando, una por una, libretas, carpetas, lápices y todo aquello que cada profesor ha considerado necesario.

Y así, casi sin pretenderlo, una librería que abrió sus puertas hace 15 años ha creado una de esas estampas que ya forman parte del septiembre de O Barco.

Cuando vuelven las mochilas y se abren los colegios, frente al hospital aparece la cola de Librería Yoli. Más de 50 personas, una lista en la mano y mucha paciencia. Dentro ya saben lo que significa: Ha empezado el curso.

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