La verdad también puede ser un espejismo
Vivimos rodeados de mensajes que se repiten hasta la saciedad. A veces cambian las formas, pero el trasfondo permanece. La reiteración construye una sensación de consenso. Y el consenso, con frecuencia, se confunde con la verdad.
Es en ese espejismo donde Eduardo Sáenz de Cabezón introduce la duda. Doctor en Matemáticas, profesor de Lenguajes y Sistemas Informáticos en la Universidad de La Rioja, teólogo y uno de los divulgadores científicos más reconocibles del país por su canal de YouTube y su participación en el programa de televisión Orbita Laika, el riojano (Logroño, 1972) plantea una idea incómoda: lo que percibimos como mayoritario no siempre es real.
Esa es la base de la charla que ofrece este martes en O Barco de Valdeorras, dentro de los Encontros Familia-Escola organizados por la asociación Vagalume, con el apoyo de la Diputación de Ourense, el Concello de O Barco, Iberdrola, Pazo do Castro, Cafersa y el Cluster de la pizarra: «El espejismo de las mayorías».
Porque ese espejismo no surge por casualidad. Se construye a partir de cómo consumimos información, especialmente en el entorno digital. La repetición, los algoritmos y la forma en la que circulan los mensajes generan una percepción distorsionada de lo que piensa la mayoría. «Voy a explicar varios mecanismos que se dan, sobre todo en las redes sociales, y que hacen que tengamos una versión un poco distorsionada de la realidad», señala.
No se trata, insiste, de una manipulación evidente, sino de un proceso más sutil. El propio canal —la red, la conversación pública— condiciona la percepción. «El propio vehículo… modifica nuestro acceso a la realidad». Así, lo que más se escucha no siempre es lo más representativo, pero sí lo que acaba imponiéndose como dominante.
Y es ahí donde entran las matemáticas. No como una herramienta para hacer cálculos, sino como una forma de detectar esos sesgos. De entender patrones. De tomar distancia. En su planteamiento, las matemáticas permiten ver lo que a simple vista pasa desapercibido y ayudan a construir una mirada más rigurosa sobre la realidad.
Pero hay un matiz importante: esa capacidad no está reservada a especialistas. «Todos tenemos un matemático dentro», afirma. La diferencia, explica, está en si aprendemos a utilizarlo o no.
De ahí que defienda esta disciplina como una de las herramientas más potentes para desarrollar el pensamiento crítico. No se trata de saber más, sino de pensar mejor. «Lo que me preocupa es que no sepa pensar», reconoce.
Esa convicción está en el origen de su trayectoria como divulgador. Durante años trabajó en la enseñanza secundaria y, más tarde, en la universidad, en ámbitos de investigación complejos vinculados a la computación. Pero en paralelo fue tomando forma otra vía: la de explicar, traducir, acercar. «La divulgación me vino a mí más que yo a ella», dice.
Y ahí encontró un enfoque que ha demostrado tener un impacto poco habitual. Su canal Derivando, con millones de seguidores, o su presencia en medios de comunicación evidencian que existe un interés real por la ciencia cuando se presenta de forma accesible. No tanto simplificándola, sino haciéndola comprensible.
Para lograrlo, recurre a herramientas poco habituales en el discurso científico tradicional, como el humor. «Hay mucha gente que tiene un conflicto con las matemáticas… y el humor puede ser un desengrasante», apunta.
También sus libros, como Inteligencia matemática o Invitación al aprendizaje, insisten en esa misma idea: entender el mundo no es una cuestión de talento, sino de enfoque. En un momento marcado por la sobreinformación y la irrupción de tecnologías como la inteligencia artificial, su reflexión adquiere aún más sentido. Los mecanismos de sesgo y distorsión no son nuevos, aunque ahora operen con más intensidad. «No son nuevos… pero ahora tenemos una herramienta mucho más poderosa», advierte.
Por eso, su propuesta no pasa por desconfiar de todo, sino por aprender a mirar mejor. Entender. Cuestionar. Pensar. Porque, cuando eso ocurre —cuando alguien comprende—, la sensación es inmediata. «Es como tener un superpoder».