domingo. 22.03.2026

El Patio de Leni: versiones, buen ambiente y un grupo que no falla

El grupo de O Barco se ha convertido en un habitual de escenarios y eventos gracias a un repertorio conocido, una dinámica que funciona y una forma de entender la música sin pretensiones
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El Patio de Leni: versiones, buen ambiente y un grupo que no falla

No hubo presentación como tal. Ni falta que hacía. El Patio de Leni entró en el estudio de Onda Cero Valdeorras e hizo lo que mejor sabe hacer: tocar. Arrancaron con “Carolina” y durante unos minutos todo lo demás quedó en segundo plano. La conversación llegó después, pero la primera impresión ya estaba hecha.  

Porque lo que sorprende de este grupo no es solo cómo suena —que suena bien—, sino cómo encaja con lo que uno no espera. A simple vista, responden al prototipo: guitarras, bajo, saxofón, versiones de pop rock de los 80 y los 90, un repertorio reconocible y ese aire de grupo que se junta para disfrutar sin demasiadas reglas. Pero basta pasar un rato con ellos para que esa idea se quede corta.

Llegaron puntuales. Se organizaron sin ruido. Se escuchan, se reparten la palabra, se entienden. Carlos, Fran, Quique, Luis, Mhoab y Miranda —seis músicos y un técnico de sonido que completa el equipo— funcionan con una naturalidad que no siempre es fácil cuando hay tanta gente implicada.

No es casualidad. El grupo nació hace tres años de una forma bastante menos planificada de lo que ahora parece. Venían de otro proyecto, de otro estilo, y fue precisamente ahí donde se dieron cuenta de que compartían algo más importante que el género: las ganas de seguir tocando.

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Se conocieron en Son do Sil, una formación musical de O Barco, y a partir de ahí empezaron a juntarse casi sin pensarlo demasiado. «Nos juntamos un poco al azar», reconocen. Ese origen explica en parte lo que son ahora: un grupo construido desde la afinidad, no desde un plan previo.

También el nombre tiene algo de eso. Surgió a raíz del cumpleaños de una amiga, Elena —Leni—, a la que fueron a tocar después de semanas ensayando y barajando opciones. Entre muchas propuestas, se quedó esa. Sin más.

Lo que sí han construido con más método es lo que ocurre dentro del grupo. Lejos de decisiones improvisadas, el repertorio se elige con un sistema que mezcla orden y humor: propuestas individuales, votaciones, encuestas por WhatsApp e incluso una tabla de Excel para ordenar resultados. «Más democrático imposible», dicen entre risas. Y, aun así, nada suena rígido.

Su repertorio se apoya en versiones conocidas. Canciones que el público reconoce al instante y que funcionan como punto de encuentro. Esa es una de las razones por las que están en tantos escenarios de la zona: fiestas, eventos culturales, citas institucionales o incluso celebraciones privadas.

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Pero no es solo eso. Hay una forma de estar en el escenario que va más allá de lo musical. Lo dicen ellos mismos, sin rodeos: «La gente lo que quiere es pasarlo bien». Y eso es exactamente lo que transmiten. Incluso cuando se quitan importancia. «Igual buenos, buenos no somos… pero la gente lo pasa bien», comentan entre bromas y esa es la mejor fomra de entender lo que hacen.

La edad aparece en la conversación con naturalidad, sin necesidad de darle más vueltas. Se definen como «maduritos», Quique se ríe diciendo que ya le llaman «el abuelo». El rock, dicen, no entiende de fechas. Es una música que se sigue tocando, que mantiene activo, que obliga a estar presente. Y en su caso, eso se traduce en algo muy concreto: un ensayo semanal, siempre el mismo día, dos horas compartidas y una rutina que permite que todo funcione.

A partir de ahí, cada uno aporta lo suyo. Hay quien escribe letras, quien compone, quien arregla. Poco a poco han empezado también a trabajar en temas propios, aunque sin prisa y sin objetivos cerrados. «Se trata de disfrutar», resumen. Y en ese equilibrio entre organización y espontaneidad está, probablemente, una de las claves del grupo. 

Otra aparece cuando hablan de AMAVA, la asociación que les da espacio para ensayar y que ha permitido que surjan otros grupos en la zona. Para ellos es más que un local: es una oportunidad. Un lugar donde también empiezan los más jóvenes, donde se prueba, se falla y se vuelve a intentar. Ese relevo les importa. Y luego vuelven a hacer lo que mejor saben.

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La entrevista termina como empezó: con música. Esta vez con “La flaca”. Y de nuevo todo encaja. Se colocan, empiezan, suenan y con su música transforman todo el espacio.

Puedes escuchar aquí la entrevista completa:

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