martes. 25.06.2024
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Eduardo Ojea «Potolo» y Raúl Álvarez, de izquierda a derecha.

El mes de mayo en O Barco es sinónimo, entre otros, de Santa Rita. Una fiesta que ha crecido a lo largo de los años y que ha seguido uniendo a los barquenses —y a todos aquellos que se hayan querido acercar— en honor a esta «abogada de los imposibles». Y una buena parte de la «culpa» de que esta fiesta haya crecido tanto, es de la Comisión de Fiestas

Raúl Álvarez es comisionista desde hace más de 20 años «y en los primeros tiempos compartí muchos momentos y anécdotas con Eduardo Ojea —padre de "Potolo"— que fue quien nos enseñó mucho sobre cómo hacer las cosas». Contaba Raúl que «era un hombre que decía "aquí estoy yo y esto se hace así", y muchas veces tenemos que ponernos firmes porque si no no damos gusto a todo el mundo ni aunque queramos». 

Una comisión de fiestas se puede definir como un grupo de personas voluntarias, sin personalidad jurídica, generalmente amigos o vecinos que se reúnen y que, desinteresadamente y por encargo o delegación implícita municipal, elaboran la programación festiva de un pueblo. Se encargan de buscar y contratar grupos musicales, actividades para niños y recaudar dinero para hacer todo ello. 

«Antes la gente era, digamos, más entrañable. Querían tener fiesta y sabían que había que pagarla de alguna forma. Pero ahora es lo contrario. La gente no quiere fiesta, ruido, problemas y no quiere dar nada». Hablando de presupuestos y de la dificultad de recaudar la cantidad necesaria, Raúl Álvarez explica que «solo pedimos a los comercios y a instituciones públicas, ya no vamos a las casas. Es complicado, todo vale cada día más y la recaudación es cada vez menos». 

22.000 euros es la cantidad de la que parten «y tienes que sacarlo de algún sitio». Ilusión y ganas son las claves para «seguir, porque esto no puede durar para siempre. Alguien tendrá que venir y seguir, porque si no esto se acaba». 

«Somos de las últimas comisiones privadas que quedan»

Para crear una comisión de fiestas se necesita un grupo de personas comprometidas, como es el caso de la de Santa Rita. «Al principio tenemos mucha ilusión, pero ahora se te acaba porque es mucho trabajo y dices "no lo hago más ni de broma", pero llega el mes de enero siguiente, empieza a sonar el teléfono y habrá que hacer algo». 

Explicaba Raúl Álvarez que la suya es «de las últimas comisiones privadas que quedan, porque esto se acaba. La gente tiene miedo de no sacar la recaudación, pero nosotros llevamos años en esto, y muchos de ellos trabajando también en el bar para la fiesta». 

Lo que hay detrás de las fiestas de Santa Rita