El Campus de Tres Cuñados se despide con medallas de pizarra y una lección de esfuerzo

La actividad cerró su edición con la visita de las jugadoras Vane Barberá y Vera Rodríguez y la entrega de diplomas a los participantes tras varios días en los que el fútbol sala se combinó con experiencias fuera de la pista

Una medalla de pizarra colgada al cuello y un diploma para recordar varios días de fútbol sala, convivencia y experiencias. El Campus de Pizarras Los Tres Cuñados FS puso este viernes el punto final a una nueva edición demostrando que, aunque el balón es el protagonista, no todo ocurre dentro de la pista.

La jornada de clausura contó además con la presencia del alcalde de O Barco, Aurentino Alonso; el presidente del club, Santiago Vázquez; y dos invitadas especiales, Vane Barberá y Vera Rodríguez; que compartieron un rato con los participantes y aprovecharon su experiencia deportiva para trasladarles un mensaje que iba mucho más allá de cómo controlar un balón o afrontar un partido.

Los pequeños pudieron preguntarles y conocer de primera mano qué hay detrás de una trayectoria deportiva. Y la respuesta tuvo mucho que ver con trabajo, constancia y esfuerzo.

«Les hablaron de que hay que trabajar, de que nada llega gratis. La recompensa del esfuerzo es estar jugando en Primera o Segunda División, pero para llegar hasta ahí hay mucho detrás», explica Modesto Garrido, uno de los entrenadores de Pizarras Los Tres Cuñados.

Una clausura ante las familias

Después del entrenamiento y del encuentro con las jugadoras llegó el momento de poner oficialmente el punto final al campus. Con las familias también presentes, se realizó la entrega de medallas y diplomas conmemorativos a los participantes. En ella tomaron parte el alcalde de O Barco, Aurentino Alonso «Tino», las propias Vane Barberá y Vera Rodríguez y Santiago Vázquez, presidente de Pizarras Los Tres Cuñados FS.

Y tratándose del club que era, las medallas difícilmente podían ser de otro material: estaban realizadas en pizarra, un pequeño recuerdo que une al equipo con uno de los productos que mejor identifican a Valdeorras.

El acto cerraba así unos días que desde el club valoran de manera «muy positiva», tanto por la participación como por el desarrollo de todas las actividades.

«El número de niños cada vez crece más y la actividad es enriquecedora porque no todo es jugar», resume Garrido, destacando además que el campus terminó sin incidencias.

De la pista a conocer la pizarra desde dentro

Precisamente ese «no todo es jugar» tuvo uno de sus mejores ejemplos en la jornada del jueves.

Los participantes abandonaron por unas horas el pabellón para visitar Pizarras Los Tres Cuñados, la empresa que patrocina y da nombre al club, en una actividad que se ha convertido ya en una tradición dentro del campus.

Los niños pudieron entrar en una cantera y descubrir cómo se extrae la pizarra, acercarse a la maquinaria de grandes dimensiones utilizada diariamente y continuar posteriormente el recorrido por la fábrica para conocer cómo se transforma la piedra después de salir de la explotación.

Y, como suele ocurrir cuando los visitantes son niños, los grandes vehículos se llevaron buena parte de las miradas. «Les encanta montar en los dumpers, en las excavadoras...», reconoce Garrido.

La experiencia tiene, sin embargo, otro objetivo. Se trata de acercar a los más pequeños a una industria que forma parte de su propio territorio y que constituye uno de los grandes motores económicos de Valdeorras.

Como explicaba esta misma semana Santiago Vázquez, «estamos todos en Valdeorras, pero no todos conocen, niños ni mayores a veces, lo que es el día a día de una empresa».

Para algunos participantes la visita permitió incluso descubrir dónde y cómo trabajan sus propios familiares. Y después de cantera y fábrica hubo también tiempo para reponer fuerzas con un pincho antes de regresar en autobús a O Barco.

Aprender también fuera del pabellón

La visita a la pizarrera no fue la única propuesta complementaria. A lo largo del campus se organizaron también actividades relacionadas con la salud, además de las sesiones específicamente deportivas.

Ese planteamiento es precisamente uno de los aspectos que más destacan sus responsables: utilizar el fútbol sala como hilo conductor para ofrecer a los participantes otras experiencias, fomentar la convivencia y acercarlos a realidades de su propio entorno.

El balance final deja al club satisfecho. La participación continúa creciendo, no se produjo ninguna incidencia y los niños pudieron despedirse escuchando a dos deportistas que conocen bien cuánto trabajo se esconde detrás de llegar a las categorías más altas.

Y mientras los pequeños se marchaban con sus diplomas y sus particulares medallas de pizarra, en Pizarras Los Tres Cuñados ya comenzaban a mirar hacia adelante.

Como reconoce Modesto Garrido, terminado uno llega el momento de empezar a pensar «en cómo preparar el año que viene».

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