AMAVA empieza a tener uno de esos problemas que, en el fondo, hablan de que las cosas funcionan: cada vez hay más músicos, más actividad y menos espacio para encajarla. El local de ensayo que utiliza la asociación en O Barco comienza a quedarse pequeño, llegan más propuestas de actuaciones de las que sus grupos pueden asumir y, mientras tanto, nuevos chavales siguen acercándose a una entidad que prepara más formación para los próximos meses.
El crecimiento no se mide únicamente en los cien socios alcanzados recientemente. Se percibe también en las jam sessions, en el movimiento del local, en las clases y, especialmente, en una cantera que comienza cada vez más joven.
AMAVA mantendrá las clases de canto y batería e incorporará ukelele. También estudia sumar bajo, una posibilidad que todavía están valorando ante la demanda existente. «Una parte importante la dedicamos a la formación, que creemos que es bastante necesaria», explica su presidente, Ramón Teira.
Tiene sentido en una asociación en la que conviven perfiles muy diferentes. Hay músicos autodidactas, otros que reciben clases privadas y algunos que estudian o han pasado por el conservatorio. Internet y los tutoriales han facilitado enormemente aprender por cuenta propia, pero Teira defiende el valor de la enseñanza presencial, especialmente para quienes comienzan desde cero.
Las clases están provocando, además, un efecto especialmente interesante: cada vez llegan niños más pequeños. En algunos de estos instrumentos no existe actualmente oferta formativa en O Barco, por lo que la asociación está cubriendo un hueco y permitiendo que los chavales puedan empezar a descubrirlos desde edades tempranas.
Una cantera que empuja
El mejor ejemplo está ya sobre los escenarios. KZ Angels, la formación más joven vinculada a AMAVA, está integrada por chavales de apenas 15 años que empiezan a hacerse un hueco en fiestas y actuaciones.
Teira los observa con orgullo y también con cierta sorpresa. «Tienen un nivel impresionante», asegura. Tanto que procura recordarles algo que probablemente a esa edad resulte difícil medir: «Valoraros bien porque no sabéis lo que hacéis».
Ese relevo resulta especialmente valioso en una comarca en la que mantener una formación musical tampoco es sencillo. Los estudios, la universidad o el trabajo obligan a muchos jóvenes a marcharse y los grupos van cambiando. Lo que sigue sorprendiendo al presidente de AMAVA es que cada salida parece encontrar sustituto.
«Cuesta un poco mantener a esa gente, pero sorprende que a la vez siempre viene la misma o más para sustituirlos. Y eso es algo que la verdad me cuesta asimilar todavía», reconoce.
Más actividad, el mismo espacio
Ese crecimiento tiene también consecuencias prácticas. El local municipal cedido a AMAVA se utiliza fundamentalmente para los ensayos y, de manera secundaria, para impartir las clases. Los socios se organizan mediante un calendario compartido en el que consultan los huecos disponibles y realizan sus reservas, pero cuadrar tanta actividad empieza a resultar complicado. «Ya hace tiempo que se nos queda muy limitado», admite Teira.
La asociación ha planteado al Concello la posibilidad de disponer de un espacio mayor o, como alternativa, contar con un segundo local. Por ahora no ha sido posible ante la falta de dependencias disponibles, aunque AMAVA espera que su petición pueda tenerse en cuenta cuando surja alguna oportunidad.
Y el espacio no es lo único que se queda corto. Las llamadas para participar en conciertos y celebraciones llegan ya a un ritmo superior al que sus músicos pueden asumir.
«Nos llaman muchísimo más de lo que podemos abarcar. Tenemos que rechazar muchas cosas porque no hay calendario para tanto», señala Teira, que destaca el respaldo que reciben desde distintos puntos de la comarca. La asociación mantiene además conversaciones con el Concello para intentar conseguir algo más de apoyo. «Parece que la cosa va bien encaminada. Veremos cómo concluye».
Mrs. Fine, este sábado en el Terrasón
Y mientras AMAVA busca cómo acomodar todo lo que está creciendo a su alrededor, sus músicos siguen haciendo aquello que da sentido a la asociación: tocar.
Este sábado, 22 de agosto, será el turno de Mrs. Fine, la banda en la que Ramón Teira ocupa la batería, que actuará en la VII edición del Terrasón, ciclo organizado por el Concello de O Barco y Turismo de Galicia dentro de los Concertos do Xacobeo. Será además la primera vez que el grupo toque en la plaza Andrés de Prada, un espacio que Teira considera especialmente adecuado por su configuración.
Mrs. Fine llega después de actuar recientemente en las fiestas patronales de Sarria junto a The Rapants. Allí vivieron una de esas escenas que cualquier banda agradece: los peregrinos que atravesaban la localidad siguiendo el Camino de Santiago acabaron «dándolo todo» durante el concierto.
Para O Barco prometen la misma receta: «Un ambiente rockero y divertido, alegre, como el que formamos siempre, en el que la gente siempre se anima».
Una nueva actuación dentro de una historia que lleva tiempo creciendo en O Barco: músicos que se marchan y otros que llegan, adolescentes que empiezan a subir a los escenarios, niños que prueban sus primeros instrumentos y un calendario en el que cada vez cuesta más encontrar un hueco.
Y también un local en el que, poco a poco, empieza a ocurrir lo mismo.





