La comarca de Valdeorras afronta uno de sus grandes retos silenciosos; la pérdida de población en edad laboral. Los datos oficiales del Instituto Galego de Estatística (IGE), comparados entre 2015 y 2025, muestran una caída generalizada del número de vecinos entre 15 y 64 años en prácticamente todos los municipios, un indicador clave para medir la fuerza laboral potencial y el relevo generacional.
O Barco de Valdeorras continúa siendo el gran motor demográfico y económico de la zona. En 2025 contaba con 8.723 personas entre 15 y 64 años, cerca del 65% de su población total. Sin embargo, hace diez años rondaba las 9.200, lo que confirma una pérdida progresiva de activos.
En A Rúa también se reduce la base laboral respecto a 2015, mientras que municipios como Vilamartín de Valdeorras, Rubiá, Petín o Carballeda de Valdeorras sufren una caída más visible, ligada al envejecimiento y a la salida de población joven. El caso más acusado se da en concellos pequeños como Larouco y O Bolo, donde la población en edad de trabajar representa ya menos de la mitad del total municipal.
Diez años de desgaste demográfico
En términos globales, Valdeorras tiene hoy menos vecinos en edad productiva que hace una década, lo que repercute directamente en el mercado laboral, la sostenibilidad de servicios y el futuro económico de la comarca. Sectores estratégicos como la pizarra, el vino, la construcción, la hostelería o el comercio necesitan mano de obra constante y cada vez dependen más de población llegada de fuera.
La tendencia se explica por varios factores: baja natalidad, emigración juvenil y aumento del peso de los mayores de 65 años. En O Barco, por ejemplo, ya viven más de 3.100 mayores de 65 años, mientras que los menores de 15 apenas superan los 1.400.
O Barco resiste, el rural se vacía
Mientras O Barco concentra empleo, empresas y servicios, muchos municipios rurales pierden población activa año tras año. La consecuencia es clara: menos nacimientos, menos consumo local, más dificultad para encontrar trabajadores y más presión sobre los servicios sociales.
Valdeorras conserva músculo económico y capacidad de atracción, pero la próxima década será decisiva. La batalla ya no es solo ganar habitantes, sino recuperar vecinos en edad de trabajar.
La caída de la población en edad laboral en Valdeorras impacta de forma desigual pero profunda en sus pilares económicos. En 2025 y comienzos de 2026, la falta de relevo generacional y la escasez de mano de obra se han convertido en frenos estructurales para el crecimiento.
En el sector de la pizarra, uno de los motores económicos de la comarca, las empresas afrontan dificultades para cubrir puestos en canteras y naves. Esto ha obligado a acelerar procesos de mecanización y a depender cada vez más de trabajadores procedentes de fuera ante la falta de jóvenes locales. A ello se suma un contexto complejo, con una caída cercana al 10% en las exportaciones en 2025, marcada por la situación del mercado europeo y el aumento de costes.
El sector vitivinícola, ligado a la Denominación de Origen Valdeorras, también vive un momento delicado. La jubilación de viticultores tradicionales y la falta de relevo dificultan el mantenimiento de explotaciones, especialmente en zonas de montaña donde el trabajo manual es imprescindible. Durante la vendimia, la falta de mano de obra local obliga a recurrir a cuadrillas externas o empresas de trabajo temporal.
En la construcción, la escasez de oficiales y la falta de relevo limitan la actividad, que tiende a centrarse en reformas y trabajos especializados. Por su parte, el comercio y la hostelería sufren el impacto del envejecimiento, especialmente en concellos pequeños como O Bolo o Larouco, donde el cierre de negocios se acelera al no haber quien continúe la actividad tras la jubilación de los propietarios.
En este contexto, la actividad económica tiende a concentrarse cada vez más en O Barco, que actúa como refugio comarcal, aunque también empieza a notar los efectos de una pirámide poblacional envejecida.
La fotografía es clara: la pérdida de población en edad de trabajar ya no es solo una cuestión demográfica, sino un factor que condiciona directamente el presente y el futuro económico de Valdeorras.
