Carina Rodríguez: «Somos arte, vestimos arte»
Entro en casa, en el estudio… y ahí están. Colgados en la pared. Los cuadros. Llenos de color, de fuerza, de intención. Y, sin embargo, hay algo que no encaja. Esa energía se queda dentro, entre cuatro paredes, mientras yo salgo a la calle. «Es ahí donde nace la idea: ¿y si el arte pudiera acompañarme? ¿y si dejara de ser algo estático para convertirse en algo vivo?».
Así comienza el proceso creativo de Carina Rodríguez, artista de A Rúa, que ha decidido llevar su obra más allá del lienzo para transformarla en prendas de vestir. Un concepto que no se queda en lo estético, sino que plantea una nueva forma de entender el arte: «la obra ya no solo se contempla, se habita».
La idea, sencilla en su origen, pronto se vuelve compleja. Pintar es solo el primer paso. Después llega el verdadero reto: trasladar esa obra a la tela y convertirla en una prenda con forma, con movimiento, con sentido. «Esa fue la parte más complicada», reconoce. Aprender corte, confección, patronaje… adentrarse en un terreno completamente desconocido.
En ese camino aparece Asun, en Petín, quien le enseña a coser, a cortar, a construir. Y, poco a poco, el proceso deja de ser individual para convertirse en algo compartido. Un grupo de amigas se suma a la creación, y lo que antes era pintura empieza a convertirse también en un proyecto común.
El resultado es un proceso completo. Desde el lienzo hasta la piel. Hay piezas únicas, pintadas directamente sobre la tela, irrepetibles. Y otras que nacen de un cuadro y se multiplican mediante impresión digital, manteniendo la esencia de la obra original. En todos los casos, el objetivo es el mismo: sacar el arte a la calle.
Porque algo cambia cuando una obra deja de estar colgada y pasa a formar parte de alguien. «Cuando ves a una persona llevando una de tus prendas es una sensación fantástica», explica. «La obra ya no se queda en la pared, tiene otro significado». El arte se mueve, se transforma, cobra vida.
Esa dualidad entre cuadro y prenda es la que llevó recientemente a A Coruña, donde participó en Femenino Plural 2026, dentro de la iniciativa “Nordés Mujeres que Crean Historia”. Un encuentro que pone en valor el talento femenino en el ámbito cultural y que reunió a nueve creadoras gallegas.
En la exposición, organizada por Teresa Figueiras Meijide a través de InteresaArte, Carina compartió espacio con otras ocho artistas —escultoras y pintoras— en una muestra diversa, donde cada una aportaba su propia mirada. Allí presentó tres de sus obras acompañadas de sus correspondientes prendas en tela impresa, además de dos piezas artesanales pintadas a mano.
Era un paso más. Sacar su trabajo fuera de su entorno, medir la reacción, comprobar si esa idea —convertir el arte en algo que se viste— conectaba también con otras personas. Y la respuesta fue clara: interés, curiosidad y una mirada distinta hacia la prenda.
Porque su propuesta introduce algo diferente, detrás de cada pieza hay un cuadro, una intención, un proceso. «Hay prendas muy bonitas, con mucho color», reflexiona, «pero aquí hay una base artística detrás».
Compartir espacio con otras creadoras le permitió también observar otros lenguajes: escultura tradicional, materiales reciclados, propuestas contemporáneas… Un diálogo entre disciplinas que refuerza la idea de que el arte no es único ni cerrado, sino diverso y en constante evolución.
Pero más allá de la exposición, lo que permanece es el proceso. Ese momento en el que la tela está aún entera y hay que decidir por dónde empezar. «Cuando meto la tijera soy feliz», confiesa. «Es como un disparador. Ahí empieza todo».
Y es que, en el fondo, cada prenda es un nuevo comienzo. Otra forma de pintar. Otra forma de crear. Otra forma de entender el arte. Porque, como ella misma resume: «Somos arte. Vestimos arte».
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