La plaga que cambió Valdeorras para siempre

godello Vendimia y uvas, Godeval la vedimia más temparana de Galicia (32)

La llegada de la filoxera a finales del siglo XIX arrasó miles de viñas, transformó la economía rural y estuvo a punto de hacer desaparecer variedades históricas como la godello

Hubo un momento en el que Valdeorras estuvo a punto de perder una de las cosas que hoy mejor la define: el vino. Mucho antes del auge internacional del godello, de las ferias vitivinícolas o del turismo enológico, la comarca vivió una de las mayores crisis de su historia rural. La culpable tenía apenas unos milímetros y llegó desde América: la filoxera.

La plaga apareció en Valdeorras en 1882 y destruyó más de mil hectáreas de viñedo en muy pocos años. Hasta entonces, el vino era uno de los pilares económicos de la comarca. Las laderas del Sil estaban cubiertas de cepas y prácticamente cada familia cultivaba viñedo para consumo propio o venta.

La filoxera atacaba directamente la raíz de la vid y acababa secando las plantas. Lo que comenzó como una enfermedad desconocida terminó convirtiéndose en un desastre económico y social que afectó a toda Galicia y cambió para siempre el paisaje de Valdeorras.

Arrancar para sobrevivir

La solución fue drástica; arrancar las cepas infectadas, quemarlas y volver a plantar utilizando patrones americanos resistentes a la plaga.

En Valdeorras tuvo un papel importante el valdeorrés José Núñez, considerado una de las figuras clave en la lucha contra la enfermedad. Según la documentación histórica de la propia D.O., impulsó las medidas de arranque y replantación que permitieron salvar parte del viñedo.

Pero la recuperación no fue inmediata. Muchas familias abandonaron el cultivo y otras optaron por variedades más productivas y resistentes. Fue entonces cuando cepas tradicionales como la godello o la mencía quedaron relegadas frente a otras consideradas más rentables en aquel momento, como la palomino o la garnacha tintorera.

La godello estuvo a punto de desaparecer

Hoy cuesta imaginarlo viendo el prestigio actual de la variedad, pero la godello estuvo cerca de extinguirse. Durante décadas apenas ocupaba una mínima parte del viñedo valdeorrés.

La recuperación no comenzó hasta los años setenta, con el llamado Plan Revival, impulsado desde la Oficina Agraria de O Barco por técnicos y viticultores que apostaron por recuperar las variedades autóctonas.

Aquella decisión cambió el futuro de la comarca. La godello pasó de ser una uva residual a convertirse en uno de los grandes vinos blancos de España. Hoy representa la inmensa mayoría de las variedades blancas cultivadas en la D.O. Valdeorras.

Un paisaje nacido de la reconstrucción

Muchas de las cuevas tradicionales del vino que todavía existen en municipios como A Rúa, Vilamartín de Valdeorras o O Barco de Valdeorras están relacionadas precisamente con aquella reconstrucción del viñedo tras la crisis de la filoxera.

El paisaje vitivinícola actual de Valdeorras, con sus bancales, sus pequeñas parcelas y sus viñas en pendiente, es en gran parte heredero de aquella época de recuperación y esfuerzo colectivo.

Una lección que todavía sigue vigente

Más de un siglo después, la filoxera sigue apareciendo en la memoria del vino gallego como el gran punto de inflexión. La plaga no solo transformó la agricultura; también modificó la economía, aceleró emigraciones y obligó a reinventar el rural.

Paradójicamente, aquella crisis terminó sentando las bases del modelo vitivinícola actual. Sin aquella reconstrucción, probablemente la godello nunca habría alcanzado el prestigio internacional que hoy sitúa a Valdeorras en el mapa del vino.

En una comarca acostumbrada a reinventarse, la filoxera dejó una de las lecciones más duras: que incluso después de perder casi todo, todavía se puede volver a empezar.

Un renacer llamado godello

Pero en los años setenta apareció una figura decisiva para cambiar el rumbo de la historia del vino en Valdeorras: Horacio Fernández Presa.

Desde la Oficina Agraria de O Barco de Valdeorras impulsó en 1974 el llamado *Proyecto Revival*, una iniciativa destinada a recuperar variedades tradicionales que prácticamente habían desaparecido. Entre ellas estaba la godello, que en aquel momento ocupaba una superficie mínima y apenas tenía presencia comercial.

Fernández Presa, junto a otros técnicos y viticultores de la comarca, comenzó a localizar cepas antiguas dispersas por pequeñas viñas familiares para seleccionarlas y multiplicarlas. El trabajo fue lento y casi artesanal, pero terminó cambiando el futuro de Valdeorras.

Gracias a aquella recuperación, la godello pasó en apenas unas décadas de ser una uva residual a convertirse en una de las variedades blancas más prestigiosas de España y en el gran emblema vitivinícola de la comarca.

Hoy, cuando el nombre de Valdeorras aparece en cartas de vinos de medio mundo, buena parte de ese reconocimiento tiene su origen en aquella apuesta por rescatar una variedad que estuvo a punto de perderse para siempre.