«Lo mejor del Camiño de Inverno es su gente»

Cinco peregrinos llegados desde Guadalajara, México, recorren la ruta hacia Santiago y encuentran en Valdeorras paisajes, hospitalidad y un Camino que también se convierte en reflexión, amistad y agradecimiento

Hay encuentros que apenas duran unos minutos y, sin embargo, dejan huella. El Camiño de Inverno propicia algunos de ellos. Suceden a pie de ruta, entre una etapa que termina y otra que está por comenzar, cuando alguien se detiene, pregunta de dónde vienes y hacia dónde vas y la conversación hace el resto.

Así aparecieron en nuestro camino Berenice Gándara, Melina Pérez, Raquel García, Carlos Granados y Fernando De la Mora. Cinco peregrinos llegados desde Guadalajara, México, que atravesaban Valdeorras camino de Santiago. Bastaron unos minutos de conversación para descubrir en ellos una cercanía, una bondad y una energía difícil de explicar. Y antes de continuar andando quisieron dejar también un recuerdo de su tierra: un pequeño sombrero con un «Viva México» y una moneda conmemorativa.

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Después siguieron caminando. Quedaban muchos kilómetros por delante. Su ruta los había llevado desde Las Médulas hacia tierras gallegas, atravesando Valdeorras para continuar posteriormente hacia Quiroga. Para algunos era una experiencia nueva; Carlos, en cambio, afrontaba ya su tercer Camino. Pero todos encontraron algo especial en esta variante xacobea.

Fernando De la Mora reconoce que una de las razones que le llevaron a elegir el Camiño de Inverno fue precisamente lo que había escuchado sobre sus paisajes y la hospitalidad de sus habitantes. Y no le defraudó. «Lo mejor del Camino es su gente», asegura después de haber completado la experiencia.

De Valdeorras se llevan a su gente

El grupo encontró durante las etapas paisajes muy diferentes y también un tiempo cambiante. Calor, frío y lluvia fueron acompañando sus pasos. Sin embargo, cuando Fernando hace balance, por encima de todo coloca el trato recibido.

«Realmente la gente es muy hospitalaria», explica. Los paisajes le parecieron «espectaculares», pero es la relación con las personas la que termina inclinando la balanza.

Camiño de inverno a su paso por Vilamartín

Hasta el punto de que no duda cuando se le pregunta si recomendaría esta ruta para llegar a Santiago: «La mejor opción es el Camiño de Inverno». Y aporta una razón que va mucho más allá del paisaje: todavía permite caminar sin las aglomeraciones de otras rutas y conservar algo tan sencillo como la conversación. «No tiene tanta gente y realmente el trato es un trato de persona a persona».

Carlos Granados coincide con él. Lo hace, además, desde la experiencia de quien ya ha recorrido tres Caminos y puede comparar.

Cuando nos encontramos en Valdeorras todavía le quedaban muchos kilómetros por delante. Días después, ya desde Santiago, enviaba un mensaje para contar que aquella tercera llegada había vuelto a sorprenderle.

También él destaca «la calidez» y «la amabilidad» de las personas que se encuentran durante la ruta. Pero cree que el Camiño de Inverno tiene una particularidad: precisamente porque todavía son pocos quienes lo recorren, existe tiempo para detenerse.

Tiempo para hablar. Tiempo para conocer los pueblos. Y tiempo para convertir a desconocidos en amigos. «Da oportunidad de ser amigos, de platicar con la gente, de ir conociendo pueblos, ir conociendo ciudades, ir haciendo amigos», resume Carlos.

Caminar para dar las gracias

Pero detrás de aquellos cinco peregrinos había también razones que no caben en un mapa ni se pueden medir en kilómetros. A pie de Camino, Berenice, Melina y Raquel hablaban de una ruta que para ellas tenía algo especial. Su peregrinación estaba ligada también a la fe y al agradecimiento. Habían llegado desde México después de que aquello que habían pedido al Señor les fuese concedido y recorrer el Camino era una forma de cumplir esa promesa y dar gracias.

No hacía falta conocer más. Porque el Camino tiene también esa parte íntima que pertenece únicamente a quien lo recorre. Cada peregrino sabe qué lleva en su mochila además de ropa, agua o unas botas gastadas. Hay agradecimientos, peticiones, recuerdos y nombres que acompañan en silencio cada paso.

Para Fernando, la experiencia tuvo otro componente igualmente personal: caminar le permitió tomar distancia de su propia vida. «Me ha ayudado a ver mi vida desde una perspectiva desde lejos, para reafirmar hacia dónde voy», explica.

Los kilómetros se convirtieron así en tiempo para pensar en su relación con su esposa, en aquello que puede mejorar con sus hijos y en las consecuencias de las decisiones que toma cada día. «Me ha dado tiempo de reflexionar sobre cómo estoy viviendo y hacia dónde me llevan mis decisiones».

Y de esa reflexión también surgieron nuevos proyectos que quiere poner en marcha este año. Quizá esa sea otra de las particularidades de caminar durante días: mientras los pies avanzan hacia Santiago, uno tiene tiempo para preguntarse hacia dónde está avanzando su propia vida.

«Yo la conozco»

La historia todavía guardaba una pequeña casualidad. Después de despedirnos en Valdeorras, ellos continuaron sumando kilómetros y nosotros seguimos con nuestro trabajo. Parecía uno de tantos encuentros que nacen y terminan junto al Camino.

Hasta que Carlos llegó al albergue Rey Lupa. Allí encontró una publicación, vio una fotografía y reconoció a aquella persona con la que habían hablado días atrás en Valdeorras. «Yo la conozco», pensó.

La anécdota viajó inmediatamente hasta México. Sus hijos, cuenta entre risas, están esperando ahora poder leer la publicación y encontrarse también dentro de esta pequeña aventura que comenzó a miles de kilómetros de su casa. Y esa publicación está aquí

Una promesa: volver

Berenice, Melina, Raquel, Carlos y Fernando ya han llegado a Santiago. Atrás quedan los kilómetros, el calor, la lluvia, el cansancio, los pueblos atravesados y las personas con las que compartieron conversación.

Pero cuando hablan del Camiño de Inverno aparece una palabra una y otra vez: gente. Carlos asegura que España siempre los recibe «con los brazos abiertos, con una sonrisa y un buen abrazo entre amigos». Fernando se marcha «con un buen sabor de boca» y con una invitación que se hace a sí mismo: regresar.

Y quizá ahí esté la mejor promoción posible para un Camino que atraviesa Valdeorras sin el ruido de las rutas más concurridas. No son únicamente sus paisajes. Ni siquiera es llegar a Santiago. Es poder detenerse a hablar.

Cinco peregrinos mexicanos y la persona que los entrevistó se encontraron durante unos minutos a pie del Camiño de Inverno. Ellos continuaron hacia Santiago y dejaron atrás un pequeño sombrero mexicano, una moneda y una historia. Nosotros nos quedamos con ellos y con una frase que resume muchos kilómetros: «Lo mejor del Camino es su gente». Y, algunas veces, basta un encuentro en mitad del camino para entender exactamente por qué.

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