Penouta encara 2026 pendiente de los trámites que marcarán su reapertura

Tras el cambio de concesionaria, el proyecto de Penouta avanza con la vista puesta en la Sección B, lista para activarse en cuanto lo permitan los trámites administrativos, mientras la empresa trabaja en la vía más rápida para obtener la autorización de explotación

2026 será, si los trámites administrativos pendientes lo permiten, el año de la reapertura de la mina de Penouta, un yacimiento con más de un siglo de historia en la extracción y recuperación de minerales estratégicos que encara ahora una nueva etapa marcada más por los procedimientos que por la geología.

La historia de Penouta, en el municipio de Viana do Bolo, arranca en la primera mitad del siglo XX, cuando la mina comenzó a operar para extraer estaño y wolframio (tungsteno), recursos de alto valor en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y la posguerra.

 

A partir de los años cincuenta la actividad se consolidó y creció hasta convertirse en una de las explotaciones más relevantes de Galicia, pasando por distintas manos empresariales, entre ellas Rumasa en los años setenta, y posteriormente por el Estado tras la expropiación del grupo en 1983. El desplome de los precios internacionales del estaño en los años ochenta acabó por cerrar la explotación, que quedó inactiva durante años, con instalaciones, escombreras y balsas de residuos como legado visible.

Ese periodo de abandono no significó, sin embargo, el final del interés por Penouta. Con el cambio de siglo y el auge de la industria tecnológica, el foco se desplazó hacia las materias primas críticas, especialmente el tántalo y el niobio, presentes en el coltán.

A partir de la década de 2010, varias empresas comenzaron a analizar el potencial del yacimiento, tanto por el mineral aún disponible como por la posibilidad de recuperar metales a partir de residuos mineros históricos, un enfoque alineado con las nuevas estrategias industriales europeas.

Ese planteamiento cristalizó en 2018 con la reapertura de la mina de la mano de Strategic Minerals Spain. El proyecto se centró en el tratamiento de escombreras y relaves para obtener coltán, estaño y niobio, incorporó una planta industrial propia y situó a Penouta como la única explotación de coltán en activo en Europa occidental durante ese periodo. La mina volvió así a generar actividad económica y empleo en la comarca, además de exportar concentrados a mercados internacionales.

El avance del proyecto se vio interrumpido en junio de 2024, cuando el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia anuló la autorización que amparaba la explotación a cielo abierto al apreciar defectos formales en la tramitación ambiental. La resolución dejó sin cobertura legal la parte principal de la actividad extractiva y obligó a paralizarla. Además, se sumó otro frente judicial, con la denuncia por la contaminación del agua, denuncia que finalmente fue archivada de manera provisional el pasado mes de noviembre. 

Este escenario desembocó en el concurso de acreedores de la anterior concesionaria y en la subasta de los activos del proyecto. A finales de 2025, la australiana Energy Transition Minerals, a través de su filial española, se adjudicó los derechos de explotación por 5,2 millones de euros. La operación supuso un cambio de titularidad, pero no el reinicio inmediato de la actividad.

En la actualidad, la empresa se encuentra pendiente de completar los trámites administrativos y societarios necesarios para operar plenamente en España y en la mina. Su planificación pasa por iniciar, en cuanto sea posible –segundo trimestre de este año– los trabajos amparados por la licencia de Sección B –que está vigente–, vinculados al tratamiento de residuos ya existentes y a labores preparatorias.

La Sección C, correspondiente a la extracción a cielo abierto, permanece paralizada tras la anulación de la autorización en 2024 y está pendiente de un recurso judicial. No obstante, la nueva concesionaria contempla solicitar de nuevo esta licencia por la vía administrativa, al considerar que este procedimiento puede resolverse en un plazo más corto que esperar a la resolución judicial definitiva. El plazo estimado por la empresa es de 18 meses.

Y mientras se despejan el panorama administrativo y el judicial, la compañía visita mensualmente la zona e intensifica los contactos con los distintos actores del territorio —propietarios de los terrenos, la Comunidad de Montes Veciñais en Man Común Dehesa da Chanca, administraciones locales y representantes políticos— así como con la Xunta de Galicia, con la intención de preparar el terreno para una la reactivación del proyecto.

En ese contexto, 2026 aparece como un horizonte posible, pero condicionado. El futuro inmediato de Penouta no depende tanto del potencial del yacimiento como de que se resuelvan los procedimientos administrativos pendientes. Solo entonces la mina podrá iniciar, de forma efectiva, una nueva fase de actividad tras décadas marcadas por cierres, reaperturas y conflictos.