Rubiá brinda por el éxito de su primera Ruta de Vinos: 800 entradas y once bodegas llenas de ambiente
Había ganas de Ruta de Vinos en Rubiá. Tantas, que las 600 entradas que la organización había previsto inicialmente para esta primera edición se quedaron cortas. Hubo que ampliar el aforo en un tercio y poner a la venta otras 200. Y este sábado 15 de agosto, cuando llegó el momento de abrir las bodegas, quedó claro el porqué.
La I Ruta de Vinos de Rubiá llenó de gente las calles Carballal y Calabazal en una tarde-noche en la que vino, gastronomía, música y convivencia se mezclaron con algo que sus impulsores, los hermanos José y Luís Rodríguez, habían señalado desde que comenzaron a preparar la iniciativa: querían hacer algo diferente para el pueblo y, sobre todo, conseguir que Rubiá se juntase.
La apertura oficial estaba prevista para las 20:30 horas, pero media hora antes ya eran numerosas las personas que se agolpaban en las inmediaciones para recoger su taza y la pulsera que les permitiría comenzar el recorrido.
Por delante esperaban once bodegas, muchas de ellas antiguos espacios recuperados o acondicionados para la ocasión, y unos anfitriones muy especiales: los propios vecinos.
Los vecinos abrieron sus bodegas
Quizás ahí estuvo una de las claves del éxito. La ruta no se limitó a llevar gente hasta Rubiá, sino que consiguió implicar activamente a quienes viven en el pueblo.
Los vecinos abrieron las puertas de sus bodegas, prepararon los espacios y atendieron al público durante toda la noche, ejerciendo de anfitriones de quienes iban llegando con su taza para probar los vinos y disfrutar de los pinchos.
Sobre las mesas había prácticamente de todo. No faltaron clásicos como la empanada o la tortilla, junto a entremeses, jamón, lomo, chorizo, salchichón y quesos. También hubo pequeños bollos preñados, tanto dulces como picantes, patatas fritas y otras propuestas saladas.
Y para quienes prefirieron terminar con algo dulce, rosquillas, bicas y golosinas completaron una oferta gastronómica preparada para acompañar al vino durante el recorrido. Los gaiteros hicieron el resto, llevando la música de una bodega a otra y acompañando a un público que fue ocupando progresivamente las calles.
Don Gregorio da la bendición a una fiesta que hizo suyo el pueblo
Pero antes de que comenzasen a llenarse las tazas hubo un momento especialmente emotivo. El encargado de inaugurar esta primera Ruta de Vinos fue don Gregorio, párroco de Rubiá, con un pregón sencillo y cercano que terminó arrancando los aplausos y vítores de los vecinos.
El sacerdote comenzó reconociendo que para él era «un honor y una alegría» participar como miembro de la comunidad y felicitó al comité organizador porque, señaló, «las buenas acciones hay que apoyarlas».
Y tampoco faltó el humor. Don Gregorio reconoció que el domingo anterior no podía animar desde la misa a participar en la ruta porque alguien podría pensar que «el cura está invitando a beber».
Sus palabras fueron más allá del vino para detenerse en aquello que lo hace posible. Pidió bendiciones para «la madre tierra, que es la que nos provee», y deseó que las viñas sigan dando buenos frutos y que desde Rubiá se produzcan vinos capaces de llevar el nombre del municipio más allá de sus fronteras.
El público respondió con aplausos y vítores y la comisión organizadora entregó al párroco un presente como agradecimiento. Después sí. Comenzó la fiesta.
De 600 a 800 entradas
El éxito ya se intuía días antes. Cuando Somos Comarca hablaba con José y Luís Rodríguez, impulsores de la iniciativa y responsables desde hace tres años de las piscinas municipales, apenas llevaban unos días de venta y ya habían superado las 300 entradas.
La previsión inicial era poner a disposición del público 600 plazas. Finalmente tampoco fueron suficientes. La demanda llevó a la organización a ampliar el número en otras 200 entradas, hasta alcanzar las 800, un incremento de un tercio sobre el aforo inicialmente planteado.
Una respuesta que sorprendió incluso a sus promotores, que al término de la celebración se mostraban encantados con la acogida que había tenido esta primera experiencia.
Una idea nacida para «darle un poco más de vida a Rubiá»
La historia de esta ruta había comenzado de una forma mucho más sencilla. José y Luís Rodríguez observaron que las calles que comunican el centro del pueblo con las piscinas podían convertirse en un recorrido perfecto entre bodegas.
La propuesta se trasladó a los vecinos y comenzó a crecer. Se sumaron empresarios de la zona, el Concello y, fundamentalmente, los propietarios de esos espacios que decidieron abrirlos y participar.
Desde el principio sus impulsores insistieron en que el objetivo no era únicamente atraer visitantes. Querían «juntarse y unir el pueblo».La ruta permitió además reivindicar una particularidad de Rubiá dentro de la cultura vitivinícola valdeorresa. Aquí, explicaban sus organizadores, no se habla tanto de covas como en otros puntos de la comarca: «Aquí siempre hubo bodegas». Y algunas de ellas volvieron a cobrar vida este 15 de agosto.
Paella y música para continuar la noche
Tras recorrer las once bodegas, todavía quedaba fiesta. La actividad fue desplazándose hacia la explanada de las piscinas, donde esperaba una paella gigante gratuita.
La música tomó después el relevo para prolongar una jornada que había comenzado varias horas antes entre las calles y bodegas del pueblo. Pero probablemente el mejor balance de esta primera edición llegó de la propia organización. Antes de celebrarla, José y Luís hablaban de ella como una prueba y expresaban un deseo: «Ojalá esta fiesta quede en el pueblo».
Después de comprobar la respuesta de esta primera Ruta de Vinos, ya piensan en la edición del próximo año.
Rubiá estrenó así una nueva cita en el calendario enoturístico de Valdeorras con once bodegas, 800 entradas y un pueblo implicado detrás de los mostradores y delante de ellos. Una primera edición que nació para darle «un poco más de vida a Rubiá» y que, durante una noche de agosto, consiguió llenar sus calles de ella.