Quereño (Rubiá) convierte el vino, las tapas y las ganas de fiesta en una cita imprescindible en Valdeorras

Quereño (Rubiá) convierte el vino, las tapas y las ganas de fiesta en una cita imprescindible en Valdeorras
El Viñotapeo celebrará el 23 de mayo su décima edición convertido ya en uno de los planes más esperados de la primavera. Pinchos caseros, vino de la zona, charanga y bodegas repartidas por los barrios han logrado que esta iniciativa nacida para financiar las fiestas del pueblo atraiga cada vez a más gente 

A Quereño (Rubia) el Viñotapeo le salió tan bien que ahora el problema es otro: encontrar a alguien en la comarca que no sepa lo que es.

La escena se repite cada primavera. En cuanto pasa Semana Santa empiezan las preguntas, los mensajes y la gente intentando averiguar cuándo cae este año la cita. Porque la fecha cambia, pero la costumbre ya no. El pueblo de Rubiá volverá a llenarse el próximo 23 de mayo para celebrar la décima edición de un evento que hace tiempo dejó de ser solo una forma de financiar las fiestas.

Ahora es directamente un plan fijo para mucha gente. Y pensar que todo empezó durante una cena entre amigos.

Las fiestas de San Cristóbal necesitaban más recursos y surgió una idea: organizar una ruta para recaudar dinero. La inspiración venía de las rutas de covas tan típicas en otras zonas de Valdeorras, aunque Quereño tenía un pequeño inconveniente: no tenía covas.

Así que decidió inventarse otra cosa. Cada barrio prepararía una especie de bodega improvisada, serviría vino casero y elaboraría una tapa diferente. Lo que parecía una solución puntual acabó convirtiéndose en una de las citas más animadas de la primavera valdeorresa.

«Gracias al Viñotapeo vamos un poco más relajados para poder hacer mejores fiestas», explica Alma Rodríguez, presidenta de la Asociación de Vecinos y miembro también de la Comisión de Fiestas.  

La mecánica sigue siendo sencilla. Los asistentes compran una taza conmemorativa, un pañuelo y varios tickets para recorrer las distintas bodegas repartidas por los barrios. En cada parada esperan pinchos caseros, vino de la zona y vecinos dispuestos a convertir el pueblo entero en una fiesta.

Mientras la charanga discurre por las calles, unos siguen el recorrido completo y otros improvisan sobre la marcha. Después de diez años ya hay quien conoce perfectamente cada parada. Y quien no falla nunca. «Tenemos ya unas chicas de Coruña que son habituales. Llegan y dicen: “Aquí estamos otro año”», cuenta Alma entre risas.  

El Viñotapeo atrae cada vez a más gente de O Barco, A Rúa, Vilamartín, Rubiá, el Puente de Domingo Flórez o Ponferrada. Incluso de Santiago y A Coruña, aunque buena parte del éxito no está solo en el ambiente. Está también en cómo se implica el pueblo.

Aquí no hay nada especialmente sofisticado ni preparado para aparentar. Son los propios vecinos quienes cocinan, ponen el vino, organizan las bodegas y reciben a quienes llegan. «Abren su casa casi», resume Alma. Y probablemente ahí esté la diferencia.

Porque Quereño no solo organiza un recorrido gastronómico. Durante unas horas consigue que la gente vaya entrando de barrio en barrio, hablando con desconocidos, compartiendo mesa y acabando la noche en la Casa de la Cultura entre música y discoteca móvil. «Es un pueblo muy guay para proponer cosas porque siempre aceptan», asegura Alma.  

La frase explica bastante bien cómo un pueblo pequeño ha logrado convertir una idea improvisada en una tradición que cada mayo mueve a cientos de personas. O, como lo resume ella misma, bastante mejor y más corto: «El que prueba, repite».