La victoria de España en el Mundial se celebró en las calles, en las casas y, sobre todo, alrededor de las mesas de los bares. La final frente a Argentina convirtió el domingo en una jornada excepcional para la hostelería de O Barco, con establecimientos llenos durante el partido, grupos de amigos pendientes de las pantallas y una actividad que se prolongó hasta bien entrada la madrugada.
La expectación fue similar a la registrada en el conjunto del país. La final reunió a una media de 15,38 millones de espectadores durante el tiempo reglamentario, el 86,3 % de quienes estaban viendo la televisión en ese momento. La audiencia creció todavía más durante la prórroga, que alcanzó los 16,6 millones de espectadores y una cuota del 89,3 %. El minuto de mayor seguimiento llegó justo después del pitido final, con más de 17,1 millones de personas y un 91,3 % de cuota de pantalla.
En O Barco, parte de ese seguimiento se concentró en establecimientos como O Muro, A Fábrica o O Manjar, donde las mesas se llenaron de cuadrillas y grupos de amigos dispuestos a compartir los 120 minutos de partido. Entre platos, bebidas, comentarios y celebraciones, fueron también ellos quienes pusieron la banda sonora a un encuentro que mantuvo la tensión hasta la prórroga.
La presencia de una pantalla gigante en la plaza no restó público a los locales. «Al final, la gente también lo quiere ver en el bar», explicaban desde uno de los establecimientos, donde registraron una afluencia muy superior a la de cualquier otro domingo. El ambiente continuó después del encuentro, cuando numerosos aficionados regresaron de las celebraciones en la plaza del Príncipe y prolongaron la noche hasta cerca de las tres de la madrugada. «Ojalá jugaran todos los meses», resumían desde el sector.
La repercusión se dejó notar también en los pedidos a domicilio y en las celebraciones organizadas en las casas.Una cadena de elaboracion y reparto de pizzas a domicilio preparó durante el domingo más de 300 pizzas, una cifra especialmente significativa si se tiene en cuenta que un fin de semana habitual ronda las 120. En una sola jornada, el establecimiento multiplicó por dos veces y media el volumen de ventas de todo un fin de semana normal.

Las bebidas fueron otro de los productos más demandados. En algunos establecimientos reconocían haber registrado un consumo elevado y explicaban que después de la final estaban reponiendo refrescos, cerveza y barriles. «De todo, menos agua», bromeaban al resumir una noche marcada por la celebración.
La final dejó así una imagen distinta a la de la celebración multitudinaria en la plaza del Príncipe. Dentro de los bares, la victoria se vivió alrededor de las mesas, compartiendo comida y bebida, cantando cada gol y levantándose de las sillas en los momentos decisivos. Una fiesta colectiva que, además de entregar a España su segundo Mundial, dejó una de las mejores jornadas del año para buena parte de la hostelería barquense.

