Fina Louro: «Necesitamos manos»
«Si me pongo de rodillas, luego me tienen que ayudar a levantarme». La frase, pronunciada entre risas por Fina Louro, resume el principal desafío al que se enfrentan quienes cada año mantienen viva una de las tradiciones más vistosas del Corpus en O Barco: encontrar relevo para seguir confeccionando las alfombras que llenan de color el casco vello.
Este domingo volverán a madrugar para cubrir las calles con dibujos y motivos elaborados con serrín teñido, pero lo harán con una petición clara: que más vecinos se sumen a una tradición que depende del trabajo voluntario de decenas de personas.
«Esperamos que la gente acuda», explica Fina, una de las responsables de coordinar los trabajos. Desde hace días, los participantes preparan materiales y diseños para que todo esté listo cuando a las seis de la mañana comiencen las labores de montaje. Sin embargo, el paso de los años y la falta de relevo generacional dificultan cada vez más una tarea que exige muchas horas de esfuerzo.
La mujer lleva alrededor de cuatro décadas colaborando en la elaboración de las alfombras y recuerda cómo esta tradición fue evolucionando desde aquellas primeras calles cubiertas simplemente de verde hasta las actuales composiciones llenas de color y detalles. Ahora, asegura, es momento de que nuevas generaciones tomen el testigo.
Por eso lanza una invitación especialmente dirigida a los jóvenes. «Es un trabajo que cansa, pero al final da muchísima satisfacción», afirma. Basta con acercarse y ofrecer ayuda para participar en una jornada que cada año reúne a vecinos de distintas zonas de O Barco e incluso a personas que regresan expresamente para colaborar, como una vecina del barrio de toda la vida que ahora reside en Vigo.
El domingo, mientras los visitantes recorran las calles admirando las alfombras, pocos pensarán en las horas de trabajo que hay detrás de cada dibujo. Los organizadores esperan que quienes disfruten de esta tradición también contribuyan a garantizar su futuro. Porque las alfombras del Corpus no solo llenan de color las calles durante unas horas; también forman parte de la memoria y tradición de O Barco y necesitan nuevas manos para seguir haciéndolo durante muchos años más.