El calzado no es solo una cuestión estética o de comodidad. En las personas mayores, especialmente en aquellas con algún tipo de demencia, puede convertirse en un elemento determinante para su seguridad y calidad de vida. Así lo explicó Patricia López, directora del Centro de Día O Salgueiral, durante su intervención en el programa radiofónico Más de Uno Valdeorras.
López puso el foco en una realidad que, según indicó, muchas familias pasan por alto «la importancia de elegir un calzado adecuado». «Dentro de las necesidades básicas pensamos en la alimentación o la medicación, pero muchas veces olvidamos algo fundamental como el calzado», señaló.
Desde su experiencia en el centro, asegura que es frecuente encontrar usuarios con dificultades para caminar sin una causa aparente. «Vemos personas a las que les cuesta iniciar la marcha y, al revisar, detectamos que el problema está en los zapatos», explicó.
Inestabilidad, dolor y mayor riesgo de caídas
El uso de un calzado inadecuado puede tener consecuencias directas en la movilidad. Suelas resbaladizas o demasiado rígidas, falta de sujeción, zapatillas abiertas o sin talón, o incluso cordones mal ajustados son algunos de los factores que contribuyen a la inestabilidad.
A esto se suman problemas derivados del paso del tiempo. «El pie no es el mismo con veinte que con ochenta años. Aparecen deformidades como juanetes, dedos en garra o durezas», recordó López, subrayando que un mal calzado puede agravar estas patologías.
Las consecuencias no tardan en aparecer. «El principal riesgo es el aumento de caídas, que son una de las causas más frecuentes de lesiones en personas mayores», afirmó. Además, el miedo a caminar puede llevar a una pérdida progresiva de movilidad y, en última instancia, a una mayor dependencia.

Especial atención en casos de demencia
La situación se complica aún más en personas con deterioro cognitivo. Según explicó la directora, en estos casos el problema puede pasar desapercibido. «No siempre son capaces de expresar el dolor, aunque lo tengan», indicó.
Por eso, insiste en la importancia de la vigilancia por parte de cuidadores y familiares, así como en la necesidad de acudir regularmente al podólogo. «Hay situaciones, como el pie diabético o las uñas engrosadas, que no se pueden tratar en casa y requieren intervención profesional», advirtió.
Recomendaciones básicas
López ofreció también una serie de pautas sencillas para elegir el calzado adecuado. Entre ellas, destaca que sea cerrado y con talón firme, con suela antideslizante y flexible, ligero y, preferiblemente, con sistemas de cierre como velcro que faciliten la autonomía.
Además, recomienda evitar tacones y revisar periódicamente el estado del zapato, ya que el desgaste también puede influir en la seguridad. En este sentido, reconoce que uno de los principales obstáculos es la resistencia al cambio. «Muchas personas mayores no quieren dejar sus zapatos de siempre, aunque ya no sean adecuados», explicó.
Más que una prenda, una herramienta de prevención
Para Patricia López, el mensaje es claro: «El calzado no es solo una prenda, es una herramienta de prevención». Un buen zapato, asegura, no solo mejora la movilidad, sino que contribuye a evitar caídas y aumenta el bienestar general de la persona.
Con la llegada del buen tiempo, insiste en extremar las precauciones y evitar el uso de sandalias o chanclas en personas mayores. «El pie debe ir siempre bien sujeto», concluyó.
