SilFest: Un año de trabajo, tres días de música y el mismo vértigo de siempre

SilFest: Un año de trabajo, tres días de música y el mismo vértigo de siempre
Jorge Álvarez, director de SilFest, y Vanessa Yáñez, coordinadora del festival, hablan sobre la realidad que permanece oculta tras los escenarios: meses de trabajo, incertidumbre y un pequeño equipo que, diez años después, sigue organizando el festival sin vivir de él

Cuando el público llegue este jueves a la plaza José Otero encontrará un escenario preparado, los primeros conciertos y un ambiente que anunciará, una vez más, que el verano ya ha empezado en O Barco. Lo que no verá son los meses anteriores. Las reuniones interminables, las llamadas de última hora, las previsiones meteorológicas consultadas una y otra vez o las cuentas que nunca dejan de preocupar a quienes llevan una década levantando el festival.

Podría parecer que diez años de experiencia aportan tranquilidad. Ocurre justo lo contrario. «Cada año tenemos más miedo», reconoce entre risas Vanessa Yáñez. La venta de entradas, la probabilidad de lluvia o demasiado calor o cualquier imprevisto siguen siendo capaces de cambiar el ánimo de toda la organización en cuestión de horas.

Jorge Álvarez prefiere resumirlo con otra palabra: vértigo. Ese que nunca desaparece porque, aunque SilFest se haya consolidado como una cita imprescindible del verano valdeorrés, continúa dependiendo de multitud de factores que escapan al control de quienes lo organizan.

Mucho trabajo… y mucho amor al arte

SilFest nació en 2015 con un presupuesto que poco tiene que ver con el actual. Desde entonces el festival ha crecido, se ha profesionalizado y ha incorporado nuevas actividades, pero hay algo que no ha cambiado.

«Mucho trabajo, mucha ilusión y mucho amor al arte», resume Jorge Álvarez. Y no es una forma de hablar. Es casi una definición del modelo con el que el festival ha conseguido sobrevivir durante una década.

A diferencia de lo que muchos imaginan, organizar SilFest no es el trabajo de quienes lo dirigen. Jorge Álvarez y José Carlos Vilor y Vanessa compaginan el festival con sus respectivas profesiones porque, reconoce, «esto no sería viable como forma de vida». Hubo ediciones en las que perdieron dinero y otras que permitieron recuperar parte de lo invertido, pero nunca dejaron de apostar por un proyecto que sigue creciendo gracias al respaldo de las administraciones, las empresas colaboradoras y un pequeño equipo que trabaja durante meses para que todo salga bien.

Esa manera de entender SilFest explica también una de las decisiones que mejor definen su personalidad. Mientras muchos festivales compiten por anunciar el cartel más espectacular o reunir a decenas de miles de personas, SilFest ha preferido recorrer otro camino.

«No queremos ser como los demás», afirma Jorge Álvarez. El objetivo nunca ha sido convertirse en un macrofestival, sino conservar un formato que permita descubrir artistas cuando todavía están dando sus primeros pasos, mantener la cercanía con el público y evitar que el crecimiento acabe diluyendo la identidad del festival. «Si nos fuéramos mucho más arriba, ya dejaría de ser SilFest», resume.

Quizá por eso el festival presume de haber programado bandas que, poco después, terminaron ocupando los principales escenarios del país. Carlos Ares, La La Love You o Shinova son solo algunos ejemplos de una apuesta por el descubrimiento musical que sigue siendo una de sus principales señas de identidad.

Un festival que también llena la comarca

Hay otro momento en el que los organizadores comprenden que todo el esfuerzo ha merecido la pena. No ocurre delante del escenario. Sucede cuando empiezan a recibir llamadas buscando alojamiento y descubren que apenas quedan habitaciones libres en O Barco y buena parte de Valdeorras. Cuando comprueban que este año han vendido más entradas fuera de la comarca que nunca o que llegarán asistentes desde distintos puntos de España e incluso desde las islas.

«Al final, de lo que se trata es de dinamizar el territorio», explica Jorge Álvarez. Porque SilFest nació para ofrecer música, pero también para demostrar que un festival puede convertirse en una oportunidad para descubrir una comarca y contribuir a su economía.

Este jueves comenzará una nueva edición con una jornada gratuita en la plaza José Otero. El viernes y el sábado la música volverá al recinto principal del Malecón. El público disfrutará de tres días de conciertos.

Cuando el último escenario se apague y toque recoger cables, desmontar vallas y hacer balance, Jorge Álvarez, Vanessa Yáñez y el resto del equipo podrán respirar tranquilos. Pero no por mucho tiempo. Porque, si algo han aprendido después de diez años, es que el siguiente SilFest empieza mucho antes de que termine el anterior.

Puedes escuchar aquí la entrevista completa: