Valdeorras cambia su estructura en 20 años con menos población y una economía más concentrada

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El descenso demográfico y el peso de la pizarra marcan la evolución reciente de la comarca

La comarca de Valdeorras ha experimentado en las dos últimas décadas una transformación marcada por la pérdida de población, la consolidación internacional de la pizarra y un cambio progresivo en su estructura económica, laboral y urbanística. El cambio demográfico es uno de los indicadores más claros de la evolución de Valdeorras. La comarca ronda actualmente los 25.000 habitantes, lejos de las cifras que registraba a comienzos de siglo, cuando superaba los 30.000. Esta tendencia descendente se ha dejado sentir especialmente en los municipios más pequeños, donde la pérdida de población y el envejecimiento se han convertido en rasgos estructurales.

Curiosamente, en el caso de O Barco de Valdeorras, principal núcleo de la comarca, la evolución no ha sido tan acuciante. Si en el año 2000 contaba con alrededor de 13.800 habitantes, en la actualidad se sitúa en torno a los 13.300, tras una ligera caída y posterior estabilización en la última década. Esta resistencia relativa ha reforzado su papel como centro comarcal frente al retroceso del entorno rural.

Bien es cierto que la transformación económica de Valdeorras en estos 20 años no puede entenderse sin la evolución del sector de la pizarra. Lo que ya era un motor productivo a comienzos de siglo se ha consolidado como una industria con fuerte proyección exterior, capaz de mantener su peso incluso en contextos adversos. Tras el impacto de la crisis de la construcción en 2008, el sector ha sabido reorientarse hacia los mercados internacionales, con exportaciones que siguen teniendo como destino principal países europeos. Esta capacidad de adaptación ha permitido sostener la actividad económica en la comarca, aunque ha mantenido una elevada dependencia de un único sector.

Empleo: de la crisis a la recuperación

La evolución del empleo refleja también los cambios vividos en la comarca. Durante los años más duros de la crisis, en torno a 2013, el paro en O Barco de Valdeorras superó el 21%, en línea con la situación general del país. A partir de ese momento, la recuperación ha sido progresiva, hasta situarse en torno al 10% en 2024.

En paralelo, la afiliación a la Seguridad Social ha ido creciendo en la provincia de Ourense en la última década, superando los 105.000 trabajadores, lo que confirma una cierta estabilización del mercado laboral. En este contexto, el empleo en Valdeorras continúa concentrado principalmente en el sector servicios, seguido de la industria, donde la pizarra mantiene un papel determinante. Esta estructura evidencia tanto la fortaleza del tejido productivo como la limitada diversificación económica.

Por otra parte, el desarrollo urbanístico de las últimas dos décadas ha seguido una lógica similar a la evolución demográfica. O Barco de Valdeorras ha experimentado una expansión moderada, con nuevas zonas residenciales, mejoras en espacios públicos y una mayor concentración de equipamientos y servicios. Al mismo tiempo, muchos núcleos rurales han visto cómo se frenaba la actividad constructiva, aumentaban las viviendas vacías y envejecía el parque inmobiliario. Este proceso ha reforzado un modelo territorial más concentrado, en el que la actividad económica, comercial y administrativa se centraliza en el núcleo principal mientras el entorno pierde peso de forma progresiva.

En estos 20 años también han comenzado a emerger otros sectores que, sin alcanzar todavía el peso de la industria, apuntan a posibles vías de diversificación. El vino, a través de la Denominación de Origen Valdeorras, ha ganado presencia y reconocimiento, mientras que el turismo vinculado al paisaje, el río Sil y el patrimonio natural ha ido desarrollándose de forma gradual. A pesar de ello, su impacto económico sigue siendo limitado en comparación con el sector de la pizarra, lo que mantiene abierto el debate sobre la necesidad de impulsar nuevas actividades que complementen el modelo actual.

 

Dos décadas después, Valdeorras presenta una realidad marcada por contrastes. La comarca ha logrado mantener una base económica sólida, apoyada en su industria principal, pero al mismo tiempo ha perdido población y ha visto cómo se acentuaban los desequilibrios territoriales.

El futuro pasa ahora por consolidar sus fortalezas y, al mismo tiempo, afrontar retos como la despoblación, el envejecimiento y la diversificación económica. Un proceso de cambio que, lejos de haberse cerrado, continúa definiendo el rumbo de la comarca.