sábado. 21.03.2026

La primavera ya está aquí: más luz, cielos de fuego… y una estación que lo cambia todo

El equinoccio marca el inicio de una de las épocas más esperadas del año, con días más largos, temperaturas al alza y una naturaleza que vuelve a despertar. Pero, ¿qué trae realmente esta primavera?
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La primavera no llega de golpe. No se presenta como una tormenta ni como una nevada inesperada. La primavera entra poco a poco, casi sin avisar, colándose en los días que se alargan, en la luz que cambia, en ese momento en el que dejamos de mirar al cielo buscando frío… y empezamos a buscar sol.

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Cuando la luna se pierde en el horizonto y comienza un nuevo día

Este 20 de marzo, el calendario marca su inicio oficial con el equinoccio de primavera, un instante que, más allá de lo simbólico, tiene una explicación astronómica precisa, es el momento en el que el día y la noche duran prácticamente lo mismo en toda la Tierra. A partir de ahí, todo cambia.

El instante en el que todo se equilibra

El equinoccio es uno de esos fenómenos que pasan desapercibidos… pero que marcan un antes y un después. Durante unas horas, el Sol se sitúa justo sobre el ecuador terrestre, repartiendo la luz de forma casi perfecta entre ambos hemisferios. Día y noche se equilibran.

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Pero ese equilibrio dura poco. Desde ese momento, en el hemisferio norte los días empiezan a ganar terreno. Cada jornada suma minutos de luz. Amanece antes, anochece más tarde y  con ello cambia también nuestra forma de vivir.

Dos primaveras: la que sentimos y la que se mide

Aunque hablamos de primavera como si fuera una única estación, en realidad conviven dos formas de entenderla: la primavera astronómica, que comienza con el equinoccio, y la primavera meteorológica, que abarca los meses completos de marzo, abril y mayo.

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La primera mira al cielo, lla segunda, a los datos. Pero ambas coinciden en algo, este es un tiempo de transición, inestable, cambiante… y profundamente vivo.

Un arranque incierto… y cada vez más cálido

La primavera no es una estación predecible, nunca lo ha sido. Puede traer días casi veraniegos en marzo… o devolvernos al frío en abril. Puede llover durante jornadas enteras o regalarnos semanas de cielos despejados.

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Sin embargo, en los últimos años hay una tendencia que se repite: las primaveras son, en general, más cálidas de lo habitual. Todo apunta a que esta no será una excepción.

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Las previsiones indican temperaturas por encima de la media en muchos momentos, aunque con episodios puntuales de inestabilidad. Es decir, esa mezcla tan característica de sol, lluvia y cambios bruscos que define esta estación.

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Sol entre la canícula del mes de marzo

Una primavera que, como tantas otras, no será del todo previsible… pero sí reconocible.

El cielo en llamas: por qué los atardeceres son más intensos

Hay algo que distingue especialmente a la primavera. sus cielos. Amaneceres suaves. Atardeceres intensos. Colores que van del dorado al rojo, pasando por el naranja y el violeta.

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No es casualidad. Cuando el Sol está bajo en el horizonte, su luz atraviesa una mayor cantidad de atmósfera. En ese recorrido, los colores más fríos —como el azul— se dispersan, y los tonos cálidos se imponen.

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Si además hay nubes, el espectáculo se multiplica. Las nubes actúan como un lienzo, reflejando y amplificando esos colores. Por eso, en primavera, muchos cielos parecen literalmente en llamas.

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La otra cara: el tiempo de las alergias

Pero no todo es luz y color. La primavera también es la estación en la que el aire se llena de vida… y de polen. Árboles, plantas y gramíneas liberan partículas invisibles que, para muchas personas, se traducen en estornudos, picor de ojos o congestión. Es la otra cara de una estación que florece.

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Amanecer mirando al sol

Una época en la que la naturaleza se activa… y en la que también lo hacen muchas sensibilidades.

Una estación que nos cambia

La primavera no solo transforma el paisaje. También cambia nuestro ritmo. Salimos más. Caminamos más. Miramos más al cielo.

Hay algo casi instintivo en esta estación. Como si, después del invierno, el cuerpo necesitara volver a abrirse, a moverse, a respirar distinto.

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Amaneciendo y niebla en el embalse de Santiago, desde O Bañadoiro

La luz influye, el clima influye, pero también influye esa sensación difícil de explicar de que algo empieza de nuevo.

Porque la primavera, en el fondo, siempre habla de eso: de comienzos, de segundas oportunidades, de la certeza —silenciosa pero constante— de que, incluso después de los inviernos más largos, la vida siempre encuentra la forma de volver.

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Camelias llenas de vida

Y eso, año tras año, sigue siendo casi un pequeño milagro cotidiano.

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La primavera ya está aquí: más luz, cielos de fuego… y una estación que lo cambia todo