Desde As Pedreiras hasta Montefurado: paisaje, historia y Camiño de Inverno siguiendo el Sil a vista de pájaro

Tunel de Montefurado desde Os Covallos
Tunel de Montefurado desde Os Covallos
Pueblo de Os Anguieiros
Iglesia de Os Covallos
Tunel de Montefurado desde Os Covallos
Imagen que dejó la destrucción de la montaña en Montefurado desde Os Anguieiros, debajo el túnel
Tunel de Montefurado desde el mirador de Os Anguieiros
Pozo de más de 10 metros que facilitaba a los romanos la modificación del cauce natural del meandro
Pozo paralelo al túnel romano
Tunel de Montefurado aguas abajo del Sil
Pueblo de Os Covallos
Pueblo de Montefurado
Pueblo de Montefurado desde la carretera que va por encima del túnel romano
soTunel de Montefurado desde Os Covallos
Tunel de Montefurado desde Os Covallos
Tunel de Montefurado desde Os Covallos
Calles del pueblo de Montefurado
Casa en la ladera dejada por el ruina montium
Puerta lateral de la iglesia de San Miguel de Montefurado en la cara Sur
Iglesia de San Miguel desde la parte baja del pueblo
Iglesia de San Miguel desde la parte baja del pueblo
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Iglesia de San Miguel desde la parte baja del pueblo y restos de montaña, dejadas por el ruina montium
Fuentes a la entrada del pueblo
El sil antes de entrar en el tunel de montefurado
Detalle de esgrafiado en una casa de Montefurado
Detalle de esgrafiado en una casa de Montefurado
Calles estrechas en Montefurado
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Detalle de esgrafiado en una casa de Montefurado
Detalle del lavadero y esgrafiado en una casa de Montefurado
Fuente del lavadero de Montefurado
Detalle del lavadero y esgrafiado en una casa de Montefurado
Cuevas en la ladera dejada por el ruina montium
Fuente
Cuevas en la ladera dejada por el ruina montium
Cuevas en la ladera dejada por el ruina montium
Casa en la ladera dejada por el ruina montium
Casa en la ladera dejada por el ruina montium
Casa en la ladera dejada por el ruina montium
Fuente en el centro del pueblo
Iglesia de San Miguel desde la zona Oeste
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Iglesia de San Miguel desde la zona Oeste
Iglesia de San Miguel desde el Sur
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Iglesia de San Miguel desde la cara Norte
Detalle de una casa en Montefurado
Iglesia de San Miguel y cruceiro del atrio desde la cara Norte
Subida a la iglesia de San Miguel
Subida a la iglesia de San Miguel
Plaza de la bodeja Alvaredos-Hobbs
Plaza de la bodeja Alvaredos-Hobbs
Montefurado desde Alvaredos
Iglesia de San Miguel desde la cara Este
Iglesia de San Miguel desde la cara Este
Iglesia de San Miguel desde la cara Este
Iglesia de San Miguel desde la cara Este
Grabados en madera y pintados en Alvaredos
Iglesia de Alvaredos
Grabados en madera y pintados en Alvaredos
Grabados en madera y pintados en Alvaredos
Grabados en madera y pintados en Alvaredos
Grabados en madera y pintados en Alvaredos
Sello de la bodega Alvaredos-Hobss para los peregrinos que pasen por el pueblo
Comida de Alvaredos-Hobss para los peregrinos que pasen por el pueblo
Grabados en madera y pintados en Alvaredos
Grabados en madera y pintados en Alvaredos
Grabados en madera y pintados en Alvaredos
Grabados en madera y pintados en Alvaredos
Grabados en madera y pintados en Alvaredos
Grabados en madera y pintados en Alvaredos
Grabados en madera y pintados en Alvaredos
Grabados en madera y pintados en Alvaredos
Grabados en madera y pintados en Alvaredos
Presa de San martiño
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Vista desde un banco de la presa de San Martiño en el Río sil
Vista de Alavredos desde el camiño de Inverno
O castro Cabanelas en Seadur desde As Pedreiras

Un recorrido entre miradores, arte rural y huellas romanas, desde el límite de Valdeorras hasta el inicio de la Ribeira Sacra

El tramo del Camiño de Inverno que discurre desde el cruce de Roblido hasta el túnel de Montefurado es una invitación a caminar despacio y a leer el territorio con calma. No es solo un itinerario jacobeo, sino una sucesión de paisajes, historias y pequeñas acciones humanas que dialogan entre sí.

El punto de partida donde aún se puede ver los restos de terrible incendio de agosto

A lo largo de este recorrido, el viajero descubre miradores naturales, intervenciones artísticas inesperadas, pueblos cuidados con mimo y uno de los mayores hitos de la ingeniería romana en Galicia.

Presa de San Martiño en el cauce del Sil

La ruta comienza en el lugar conocido como As Pedreiras, siguiendo la carretera OU-933. Nada más abandonar el punto de partida, llaman la atención unas piedras pintadas de colores vivos colocadas junto a una gran roca en la que puede leerse la inscripción “O Faro de Trives”.

Este enclave funciona como un auténtico balcón natural sobre Valdeorras. Desde aquí se obtiene una panorámica abierta hacia la comarca de A Pobra de Trives, lo que explica el sentido de la inscripción: históricamente, estos puntos elevados servían como referencias visuales y geográficas para orientarse en el territorio. Desde ese punto también se observa el Castro Cabanelas en Seadur (Larouco).

Rastro del fuego sobre el Castro Cabanelas y viñedos de Seadur. Al fondo la montaña de Trives

A medida que se avanza por el camino, el paisaje se ve acompañado de una intervención artística tan sencilla como llamativa. En los árboles que flanquean la carretera aparecen figuras de madera pintadas con colores intensos: pájaros, gatos y otros animales que parecen observar el paso de peregrinos y senderistas.

Flamenco que puede verse en uno de los pinos, al fondo Alvaredos

Estas piezas son obra de un vecino de Alvaredos, en el municipio de Quiroga, que de manera totalmente altruista decidió utilizar su habilidad para la carpintería y la pintura como una forma de embellecer el entorno y combatir visualmente el abandono rural.

Detalles del artista en una de las casas de Alvaredos

Realizadas con madera reciclada, las figuras funcionan como una bienvenida anticipada al pueblo y han convertido este tramo del camino en una especie de galería al aire libre.

Detalle de una gatera en una puerta de Alvaredos

La intervención no se limita a los márgenes de la carretera. Al llegar al núcleo de Alvaredos, el visitante se encuentra con figuras humanas, animales y objetos tradicionales colocados en puertas y ventanas de casas deshabitadas.

El objetivo es claro, devolver vida, color y presencia a edificios que, de otro modo, transmitirían únicamente ruina y olvido. Lo que comenzó como una iniciativa personal se ha transformado en un pequeño atractivo turístico que sorprende a quienes recorren el Camiño de Inverno y a los conductores que atraviesan la zona.

Capilla de Alvaredos

Alvaredos es, además, un pueblo especialmente cuidado y privilegiado por su ubicación. Desde uno de sus bancos-mirador se disfruta de una vista aérea espectacular sobre la presa de San Martiño, con el río Sil encajado entre laderas abruptas.

Plaza donde se ubica la Bodega Alvaredos-Hobbs

Este enclave es también sede de la Bodega Alvaredos-Hobbs, un proyecto vitivinícola singular fruto de la colaboración entre el reconocido enólogo internacional Paul Hobbs y el viticultor gallego Antonio López Fernández. La bodega se sitúa en lo que puede considerarse el primer pueblo de la Ribeira Sacra en este itinerario del Camiño de Inverno.

Alvaredos-Hobbs trabaja principalmente con variedades autóctonas como la Godello y la Mencía, cultivadas en empinadas laderas y terrazas de origen romano sobre el Sil. Más allá de la producción de vino, uno de los objetivos del proyecto es contribuir a la revitalización del pueblo, restaurando casas históricas y atrayendo visitantes.

“Rincón del Peregrino”, donde Alvaredos-Hobbs se ofrece café, fruta y un lugar tranquilo para recuperar fuerzas

En coherencia con el espíritu del camino, la bodega ha habilitado un “Rincón del Peregrino”, un espacio de descanso donde se ofrece café, fruta y un lugar tranquilo para recuperar fuerzas antes de continuar la ruta.

Tras dejar atrás Alvaredos, el camino continúa hacia Montefurado, ya en el municipio lucense de Quiroga. Este pequeño núcleo es uno de los enclaves más singulares de la Ribeira Sacra, donde la huella romana, la arquitectura barroca y la memoria minera se entrelazan de forma inseparable. El nombre del pueblo procede directamente de su mayor tesoro histórico: el túnel romano excavado en la roca para desviar el curso del río Sil.

Vista de Montefurado

En el siglo II d.C., en plena explotación aurífera de la antigua Gallaecia, los ingenieros romanos acometieron una obra de enorme complejidad técnica. Excavaron un túnel de más de un centenar de metros para forzar al Sil a abandonar un gran meandro alrededor de la Pena do Corvo. Al hacerlo, dejaban al descubierto los sedimentos del antiguo cauce, ricos en oro, que podían ser extraídos con mayor facilidad. Esta intervención permitió controlar el río a voluntad, canalizando el agua según las necesidades de la explotación minera y renovando los depósitos auríferos de forma periódica.

Túnel realizado por los romanos para desviar el río y obtener el oro

El túnel de Montefurado es mucho más que una singularidad del paisaje. Se trata de una de las obras de ingeniería más impresionantes heredadas de la presencia romana en Galicia, fruto de una decisión estratégica tomada hace casi dos mil años para explotar las riquezas auríferas del río Sil. En este punto del curso medio del río, en pleno corazón de la actual Ribeira Sacra, Roma alteró de forma deliberada el territorio para poner la naturaleza al servicio de la minería.

Estos dos bloques permiten saber por donde iba la montaña antes de que los romanos la destruyeran 

El túnel, que superaba el centenar de metros de longitud, no era una simple galería minera, sino una compleja infraestructura hidráulica diseñada para modificar el paisaje de forma permanente. El propio topónimo Montefurado, “monte horadado”, es testimonio directo de aquella intervención.

Entrada del Río Sil en el túnel

A diferencia de otros yacimientos donde se empleó el sistema de ruina montium, en Montefurado además de este sistema los romanos optaron por gobernar el río, regulando su caudal según las necesidades de la explotación. Esta capacidad de control permitió renovar los sedimentos auríferos y maximizar el rendimiento del yacimiento durante generaciones.

Pozo de más de 10 metros que facilitaba a los romanos la modificación del cauce natural del meandro

Siglos después del abandono de las minas, el túnel sigue marcando el territorio. El contraste entre el meandro antiguo y el paso rectilíneo excavado en la roca recuerda que este paisaje es también una creación humana.

Última casa de Montefurado en el Camiño de Inverno

Hoy, Montefurado continúa asombrando como símbolo del poder técnico de Roma y como uno de los grandes hitos históricos del valle del Sil, visible para quienes llegan siguiendo el río… o el Camiño de Inverno.

Casa construida en la pared que dejo la montaña tras el ruina montium

Montefurado conserva también otros testimonios de este pasado. Muchas de las antiguas galerías mineras fueron reutilizadas durante siglos como bodegas naturales, aprovechando su temperatura constante para la conservación del vino. Hoy, algunas permanecen en pie, mientras otras se han visto afectadas por el abandono y la despoblación, un fenómeno que marca profundamente el paisaje humano de la Ribeira Sacra.

Bodegas y cuevas en la explotación aurífera romana

El patrimonio arquitectónico del pueblo se completa con la iglesia de San Miguel, un imponente templo barroco construido en el siglo XVIII, y con varias casas que conservan esgrafiados tradicionales, una técnica decorativa de gran valor artístico y antropológico recientemente reconocida como Patrimonio Cultural de Galicia.

Iglesia de San Miguel de Montefurado

Para comprender la magnitud del enclave, resulta imprescindible acercarse al mirador de Anguieiros, desde donde se obtiene una vista privilegiada del meandro del Sil y del túnel excavado por los romanos. Desde este punto, el visitante puede despedirse del recorrido entendiendo cómo paisaje, historia y camino se funden en un mismo relato.

Detalle del esgrafiado en una de las casas de Montefurado

Así, el tramo del Camiño de Inverno entre As Pedreiras y Montefurado no es solo una vía de paso hacia Santiago, sino una experiencia completa que conecta pasado y presente, naturaleza y cultura, y que revela el enorme potencial del interior gallego como territorio vivo, creativo y lleno de memoria.