Una vieja bicicleta y once años de encuentros, los Corrolos vuelven a sus raíces

Cada primer sábado de marzo la familia mantiene su reunión anual en A Rúa para celebrar sus orígenes y fortalecer los lazos entre generaciones

 

Como cada primer sábado de marzo, la familia de los Corrolos vuelve a cumplir con una cita muy especial, regresar al pueblo de sus antepasados para reencontrarse y celebrar sus raíces. Como cada año la reunión familiar se celebró en la bodega Alan de Val, donde dieciocho miembros de la familia compartieron una jornada marcada por los recuerdos, la tradición y la convivencia.

La iniciativa comenzó hace once años con un objetivo muy claro, que la familia no perdiera el vínculo con su origen ni entre sus propios miembros, muchos de los cuales viven fuera de Galicia.

Uno de los participantes recuerda cómo nació la idea: «Vengo por la parte de Neno, uno de los hijos de Corrolos, que se fue a Barcelona y allí formó su familia. Hace unos once años, con otros primos, decidimos comprometernos a venir aquí cada año, a nuestras raíces, para juntarnos y que esto no se pierda».

Anabel —a la derecha de la imagen— y su hermano son los únicos que viven en A Rúa

Aquella decisión surgió también como una forma de dejar atrás antiguas diferencias familiares y reforzar la unión entre todos. «Sabíamos que había habido ciertas diferencias familiares, pero queríamos juntarnos y que esto no se perdiera», explican.

Con el paso del tiempo, la reunión se ha consolidado y ha ido incorporando a las nuevas generaciones. «Ahora ya empiezan a venir los hijos», comentan entre risas, conscientes de que la tradición ya forma parte de la historia familiar.

En esta edición, además, un objeto muy especial ha cobrado protagonismo: una bicicleta antigua que perteneció a Manuel, uno de los miembros más recordados de la familia. La bicicleta, que durante años utilizó para desplazarse por el pueblo, se ha convertido en un símbolo que conecta pasado y presente.


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«Es la última bicicleta con la que andaba mi padre. La utilizaba para todo, para ir a la bodega, a comprar o a cualquier sitio», explica Alfonso, su hijo. «Muchos de los nietos y descendientes la hemos utilizado cuando veníamos al pueblo en verano o en vacaciones, así que se ha convertido en un icono para la familia».

Ese símbolo ha quedado reflejado incluso en la camiseta de este año del encuentro familiar, donde aparece representada la bicicleta que tantas historias ha acompañado.

La reunión de este año congregó a dieciocho familiares alrededor de la mesa, aunque los encuentros comenzaron días antes con diferentes cenas en establecimientos de la comarca. El sábado fue el día central, con el tradicional vermú y la comida conjunta que cada año marca el momento más esperado del encuentro.

Durante la conversación también hubo tiempo para recordar los incendios que afectaron a la zona el pasado verano. «Lo vivimos y lo sufrimos todos los que estamos aquí, pero seguimos adelante. Esta es una tierra muy generosa», señalan.

Después de once años manteniendo viva esta tradición, la familia no descarta ampliar los encuentros a otras fechas. Entre las propuestas está reunirse también durante algunas fiestas importantes de A Rúa, como el Codillo o el Carnavrao.

Lo que sí tienen claro es que la cita anual seguirá marcada en el calendario. Porque, como demuestra la vieja bicicleta de Manuel, a veces los objetos más sencillos son capaces de mantener viva la memoria y traer a toda una familia de vuelta a casa.

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