Valdeorras no tiene hoy un problema de escasez como el que ha afectado a algunos sistemas de Galicia-Costa —la comarca pertenece a la demarcación Miño-Sil—, pero tener agua y garantizar que llegue al grifo en cantidad y condiciones adecuadas no siempre son la misma cosa.
Entre medias quedan captaciones, depósitos, potabilizadoras y kilómetros de tuberías que mantener en un territorio disperso y formado mayoritariamente por pequeños municipios. Los incendios y los arrastres posteriores han mostrado en los últimos tiempos la vulnerabilidad de algunas captaciones y han provocado episodios de turbidez incluso cuando agua no falta. Bajo tierra discurre otro problema menos visible: las pérdidas en las redes de abastecimiento.
La Xunta acaba de poner una cifra al objetivo: reducirlas por debajo del 20 %. Es una de las líneas que incorporará el Plan estratégico para reforzar la eficiencia y la garantía del abastecimiento de agua en Galicia (PEREGA), actualmente en elaboración y con el que la Administración autonómica pretende anticiparse a un escenario marcado por una mayor irregularidad de las precipitaciones.
Saber qué se pierde
Valdeorras lleva tiempo apareciendo en las políticas destinadas a conocer y reducir esas pérdidas. En 2022, A Rúa, Petín, Vilamartín de Valdeorras y O Bolo recibieron ayudas de Augas de Galicia para realizar auditorías de sus sistemas de abastecimiento y elaborar planes para minimizar pérdidas. A Rúa obtuvo 7.450,40 euros y los otros tres concellos, 5.186,59 euros cada uno.
En 2025, O Barco, Larouco y A Veiga fueron beneficiarios de otra convocatoria, destinada a ejecutar actuaciones para minimizar las pérdidas de agua en los sistemas municipales de abastecimiento. Las ayudas ascendieron a 36.967,55 euros para O Barco, 37.167,21 para Larouco y 37.175,58 para A Veiga: algo más de 111.000 euros entre los tres.
Son dos líneas de ayudas diferentes, pero los datos permiten dibujar una fotografía comarcal: siete concellos de Valdeorras han recibido en los últimos años financiación autonómica vinculada a las pérdidas de agua, bien para auditar sus sistemas y elaborar planes, bien para ejecutar actuaciones destinadas a reducirlas.
El problema trasciende a la comarca. Según los últimos datos ofrecidos en el Parlamento gallego por la conselleira de Medio Ambiente e Cambio Climático, Ángeles Vázquez, 244 municipios han realizado ya auditorías de sus redes gracias a las aportaciones de la Xunta. La Administración autonómica moviliza además cerca de 70 millones de euros en medidas que incluyen mejoras en la eficiencia de las redes municipales, acondicionamiento de potabilizadoras y depósitos y digitalización de los sistemas para mejorar su control.
En municipios pequeños, renovar conducciones, mejorar una captación o adaptar los sistemas de tratamiento puede convertirse en una inversión difícil de asumir únicamente con recursos propios. No es una preocupación nueva en Valdeorras. Vicente Solarat, al despedirse recientemente de la política municipal después de 44 años, colocaba precisamente el agua entre los grandes asuntos que tendrán que afrontar los concellos durante los próximos años.
Aprovechar mejor el agua que hay
Ese es el escenario en el que la Xunta prepara ahora el PEREGA, un instrumento de análisis y planificación que servirá de base técnica para el futuro Plan xeral galego de abastecemento.
El planteamiento parte de aprovechar mejor los recursos y las infraestructuras existentes. Además de reducir las pérdidas por debajo del 20 %, la Xunta contempla fórmulas supramunicipales, como las mancomunidades, para optimizar la gestión conjunta del agua allí donde resulte conveniente.
La hoja de ruta expuesta por Augas de Galicia amplía las posibilidades a la reutilización del agua, el aprovechamiento de recursos subterráneos y una mayor capacidad de almacenamiento. Las nuevas infraestructuras de regulación quedarían para aquellos casos en los que las alternativas anteriores no fueran suficientes.
Detrás de esa estrategia aparece también una realidad menos vistosa que cualquier nueva obra. El director de Augas de Galicia, Roi Fernández, reconocía recientemente en el Parlamento que muchos sistemas municipales cuentan con poco mantenimiento o infraestructuras obsoletas y defendía mejorar la eficiencia, reducir pérdidas y controlar las captaciones.
Valdeorras no parte hoy de una situación de escasez. Pero las auditorías realizadas, las actuaciones financiadas para reducir pérdidas y la vulnerabilidad que han mostrado algunas captaciones apuntan hacia un reto que no depende únicamente de cuánta agua haya disponible.
Porque el desafío de los próximos años no será solo tener agua. Será conseguir que llegue donde tiene que llegar, en condiciones adecuadas y perdiendo cada vez menos por el camino.



