domingo. 08.02.2026

El dolor de oído no siempre lo causa una infección

La otorrinolaringóloga Xenia Mota nos da las claves sobre cómo diferenciar si el dolor viene del oído o tiene el origen en la articulación temporomandibular que, cuando se altera, provoca síntomas como zumbidos, cefaleas o molestias cervicales
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El dolor de oído no siempre lo causa una infección

No todo dolor de oído es una infección. De hecho, en muchos casos el origen no está en el oído, sino en la mandíbula. Así lo explica la doctora Xenia Mota, otorrinolaringóloga en la Clínica Ponferrada, que asegura que este tipo de consultas son ya una constante en su día a día.

«Lo veo prácticamente todos los días en consulta», señala. Pacientes que acuden preocupados por un dolor persistente en el oído y que, tras la exploración, descubren que el oído está sano y que el problema se encuentra en otro punto clave del cuerpo: la articulación temporomandibular, conocida como ATM.

La articulación temporomandibular es la que une la mandíbula con el hueso temporal del cráneo y está situada justo delante del oído. Esa cercanía explica por qué una alteración en su funcionamiento puede manifestarse como dolor ótico.

«Compartimos nervios y músculos en esa zona», explica la doctora. Por eso, el dolor puede “referirse” al oído aunque su origen esté en la mandíbula. Y no solo eso: los síntomas pueden ir mucho más allá.

Entre los más habituales, la especialista menciona zumbidos, sensación de pérdida auditiva, dolor de cabeza, migrañas, dolor cervical o molestias en la nuca. Un conjunto de señales que a menudo desconcierta a los pacientes.

Bruxismo, estrés y hábitos que pasan factura

Uno de los factores más frecuentes detrás de estas alteraciones es el bruxismo, el hábito inconsciente de apretar o rechinar los dientes. «No es algo que se pueda controlar del todo», apunta Mota, y su impacto no se limita a la boca.

El estrés y el ritmo de vida actual están detrás del aumento de estos casos. Incluso durante la pandemia, señala, muchas personas apretaban los dientes de forma involuntaria durante el día, favorecido por el uso prolongado de mascarillas.

A ello se suman otros factores como contracturas en la musculatura masticatoria, mala alineación dental o hábitos poco recomendables en estos casos, como masticar chicle, que fuerza una musculatura diseñada para trabajar solo con alimentos.

La buena noticia es que este problema tiene tratamiento. Uno de los más efectivos, según explica la otorrinolaringóloga, es la toxina botulínica, conocida popularmente como botox.

«Relaja los músculos de la masticación», detalla, permitiendo funciones normales como comer o hablar, pero evitando la contracción intensa que genera dolor. Eso sí, su efecto no es inmediato, por lo que suele combinarse con fisioterapia especializada, especialmente cuando existe una alteración en la posición de la mandíbula.

En algunos casos, también puede ser necesaria una férula de descarga para dormir, destinada a reducir el impacto del bruxismo nocturno.

Todo ello requiere un abordaje multidisciplinar, en el que pueden intervenir otorrinos, rehabilitadores, cirujanos maxilofaciales, fisioterapeutas especializados, dentistas o incluso unidades del dolor.

Aun así, la doctora insiste en un mensaje clave: ante un dolor de oído, el primer paso debe ser acudir al otorrino. «Hay que comprobar que todo esté bien anatómica y funcionalmente», explica.

La exploración incluye revisar el oído, realizar pruebas como audiometrías si es necesario y evaluar la mandíbula, los músculos y la apertura bucal. Solo así se puede llegar a un diagnóstico certero.

«Es un problema mucho más común de lo que parece», concluye Mota, y conocer su origen es fundamental para evitar tratamientos innecesarios y aliviar un dolor que, en muchos casos, no está donde creemos.

Puedes escuchar aquí la entrevista completa:

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