El incendio sacó a la luz una alvariza desconocida… incluso para sus propietarios

El incendio sacó a la luz una alvariza desconocida… incluso para sus propietarios
Los ocho herederos ignoraban que entre las fincas de su familia se escondía una alvariza centenaria. Las llamas la dejaron al descubierto y desencadenaron una sucesión de casualidades que culminará con su restauración y con la vuelta de las abejas gracias a otra rama de la misma familia, dedicada a la apicultura desde hace cinco generaciones

Cuando el incendio arrasó el monte de Oulego (Rubiá) el pasado verano, nadie imaginaba que, entre las consecuencias de las llamas, aparecería una historia difícil de creer. Bajo la vegetación permanecía oculta desde hacía décadas una antigua alvariza que ni siquiera sus propietarios sabían que existía.

El fuego la dejó al descubierto y abrió el camino para recuperar un elemento del patrimonio tradicional que volverá a albergar abejas más de dos siglos después. «Estamos viviendo un sueño», resume Marían Conde, una de las ocho herederas de la finca.

La historia comienza años antes. La construcción pertenecía a Leoncio Sarria Conde, fallecido en 2020, quien decidió legar sus propiedades a los hijos de sus primos. Ninguno de los ocho herederos conocía la existencia de aquella alvariza escondida entre el monte.

Todo cambió tras el incendio. Elisa Gago, técnica de la Dirección Xeral de Patrimonio Natural y con raíces familiares en Oulego, distinguió desde la distancia un extraño amurallamiento de piedra. Preguntó a los vecinos y descubrió que se trataba de una antigua alvariza. Comenzó entonces una labor casi detectivesca para localizar a sus propietarios, ya que el antiguo dueño no tenía descendencia directa y la finca seguía figurando catastralmente a su nombre.  

Cuando los herederos pudieron ser localizados, la Xunta eligió la alvariza para uno de los proyectos de restauración ambiental financiados por la Fundación Reina Sofía en espacios afectados por los incendios. La actuación permitirá rehabilitar la construcción, acondicionar el acceso y devolverle su función original como colmenar, un proyecto que la propia Reina Sofía conoció esta semana durante su visita a Oulego.  

Una carrera contrarreloj

Aquello era solo el principio. Para que la restauración pudiera ejecutarse era necesario reunir en muy pocos días la autorización de los ocho propietarios y, además, encontrar a alguien dispuesto a asumir la explotación de la alvariza durante, al menos, quince años, una de las condiciones imprescindibles del proyecto.

Comenzó entonces una carrera contrarreloj para localizar a todos los herederos y conseguir las firmas necesarias. Mientras avanzaba ese proceso apareció otra de las casualidades que terminarían dando forma a esta historia.

Marían Conde recordó que por otra rama de la familia estaban Antonia Martínez y su marido Jens Kleinwächter, responsables de O Marquesado, una empresa familiar dedicada a la apicultura desde hace cinco generaciones y pionera en actividades de apiturismo en Valdeorras.

Ese parentesco permitió resolver de una sola vez la última pieza del puzle: además de reunir el consentimiento de todos los propietarios, el proyecto ya tenía quien asumiría el compromiso de devolver la vida a la alvariza cuando finalizaran las obras. Todo quedó resuelto en apenas una semana.  

«Ha sido una cadena de casualidades. Nosotros no sabíamos que existía la alvariza. Después apareció gracias al incendio, localizaron a la familia y, además, resultó que dentro de la propia familia había quien podía hacerse cargo de ella y volver a ponerla en funcionamiento», explica Marían Conde.  

Un colmenar vivo

Cuando concluyan las obras, previsiblemente la próxima primavera, Antonia Martínez y Jens Kleinwächter instalarán alrededor de cincuenta colmenas y devolverán la actividad a una construcción que llevaba décadas sin uso. Además, la incorporarán a las rutas de apiturismo que O Marquesado desarrolla en la Serra da Enciña da Lastra para acercar a los visitantes la historia de estas construcciones tradicionales y de la producción de miel ligada al territorio.  

Con motivo de la visita de la Reina Sofía, los propietarios quisieron agradecer el apoyo al proyecto entregándole una caja con miel de O Marquesado acompañada de una carta manuscrita en la que relataban la extraordinaria sucesión de casualidades que hizo posible recuperar la alvariza.

«Le contamos toda la historia y que ni siquiera sabíamos que existía. También le regalamos una caja con nuestra miel. Nos dijo que le gustaba mucho y ojalá ahora en la Casa Real consuman miel de O Marquesado», comentan.  

Si todo transcurre según lo previsto, la próxima primavera volverán a entrar abejas en una alvariza que permaneció escondida durante décadas. Una construcción que el incendio sacó a la luz y que una misma familia, unida por la sangre y por la apicultura, se encargará ahora de devolver a la vida.

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