Celavente rendirá homenaje en la Ruta dos Fornos a los voluntarios que lucharon contra los incendios
Celavente (O Bolo) tiene aún muy presente el recuerdo del olor a fuego y humo de los incendios que casi arrasan el pueblo este verano y este sábado quiere cambiarlo por el del pan recién hecho, acompñado de chorizo, empanada y crema de castañas. Y lo hará en su ya tradicional Ruta dos Fornos, que este año celebra su decimosexta edición.
La Ruta vuelve con un recorrido que mezcla tradición, gastronomía y orgullo comunitario. Una propuesta que, según explica Alberto Vázquez, miembro de la Asociación Centro de Animación Rural de Celavente, invita a descubrir el alma del pueblo a través de sus hornos comunales y de los sabores de siempre.
El plan es tan sencillo como irresistible: caminar apenas cuatro kilómetros y dejarse llevar. A lo largo del recorrido, los participantes visitarán seis hornos tradicionales y un antiguo secadero de castañas, convertidos en paradas gastronómicas donde cada bocado recuerda un pasado de vecinos unidos por el bien común.
Chorizos asados, empanada, oreja y morro cocidos, crema de castaña, jamón al horno… y, para cerrar, dulces típicos como la torta de roxós o el roscón. Todo elaborado con productos locales y, en muchos casos, cocinado como se hacía hace décadas: en hornos que aún conservan el calor de otra época, una manera de volver a entender cómo vivía un pueblo.
Donde el horno era el centro del mundo
Los hornos de Celavente no son un decorado, son el reflejo de la historia del pueblo, de su historia. Construidos en los años 50, eran espacios comunales donde las familias —muchas de ellas numerosas— compartían pan, trabajo y conversaciones. Allí se cocinaba, sí. Pero también se hablaba, se ayudaban unos a otros y se consturía comunidad. «Era la televisión de antes», explica, Vázquez.
Con el paso de los años, muchos de estos espacios quedaron abandonados. Los vecinos se fueron ante la falta de trabajo y recursos en el pueblo y no fue hasta mediados de los 2000, cuando los vecinos decidieron recuperarlos. Los restauraron y, casi sin buscarlo, crearon una de las citas más queridas de la comarca.
Por eso, esta edición tiene, además, un significado especial. Durante los incendios de agosto, Celavente vivió uno de los momentos más duros de su historia reciente. El fuego que arrasó más de 30.000 hectáreas en Valdeorras cercó el pueblo, avanzando con rapidez entre sus barrios y llegando a calcinar algunas viviendas.
Fueron horas de angustia, de evacuaciones y de lucha contra las llamas en distintos puntos al mismo tiempo. Pero también de algo que ahora quieren poner en valor: la solidaridad. Vecinos, ganaderos, brigadas forestales, Protección Civil, miembros de la UME… decenas de personas llegaron desde distintos puntos para ayudar. Gracias a ese esfuerzo colectivo, la mayoría de las casas se salvaron y no hubo que lamentar víctimas.
Por eso, este sábado, Celavente quiere devolver ese gesto. Al finalizar la ruta, en el barrio de O Cima, el pueblo rendirá un homenaje a todos los que ayudaron durante aquellos días. Será un acto sencillo, pero cargado de significado, en el que también habrá espacio para la emoción: un poema del pregonero local pondrá palabras a lo vivido.
La invitación está abierta no solo a quienes participen en la ruta, sino también a todos los voluntarios que formaron parte de aquella lucha contra el fuego.
La Ruta dos Fornos comenzará a la una de la tarde y está abierta a todo el que quiera acercarse. Las entradas —20 euros para adultos y 10 para niños— incluyen todo el recorrido gastronómico y la experiencia completa. Y aunque el cielo pueda amenazar lluvia, la organización lo tiene previsto: habrá carpas para que nada empañe la jornada.
Porque aquí no se trata solo de comer bien o pasear. Se trata de entender un lugar, de recorrerlo despacio, de escuchar lo que cuentan sus hornos y sus vecinos. Celavente no es solo una ruta. Es un pueblo que abre sus puertas… y su memoria.